21 febrero 2026

Como cabras.


Evidentemente todo bicho viviente puede tener sus rarezas, aunque unos más que otros, hasta ahí todo normal pero es que cuando no nos habíamos repuesto del descubrimiento de que no sólo hay dos sexos si no que hay binarios, no binarios, cisgéneros, agéneros, bigéneros, de género fluido, pansexuales y la Virgen santa hasta setenta y cinco, pues ahora resulta que hay gente que camina por la calle a cuatro patas, llevan careta y cola de perro, cabra o guacamayo porque se sienten perro, cabra o guacamayo, identidad "Therian" creo que se llaman... la madre que me parió... no sé quién estará al volante de este mundo pero pa mi que se está pasando con la maríjuana. 

No basta con que haya gente "objetofílica" que se enamora y casa con una fregona, un botijo de barro, un volante de tractor o consigo mismo por el rito maorí en Palencia, otros que queden en un parque para pasear muñecos de goma en carritos de bebé y darles el biberón con masaje estomacal para los gases, que haya quien duerma y se excite sexualmente con las cenizas de su paisano muerto o ve tú a saber qué cosas a cada cual más rara.
 
Tanto desapego de la normalidad y tanta excentricidad no sabemos si será por afán de notoriedad o porque nos falta un hervor pero el caso es que los psiquiatras se van a forrar, siempre y cuando no sean de los que se sientan perro, cabra o guacamayo, se casen por el rito maorí consigo mismo, paseen bebés de goma en sillita por la calle o tengan dudas de pertenencia a cualquiera de los sesenta y cinco tipos de sexos existentes. Que tampoco me extrañaría.

Estamos como cabras.



03 febrero 2026

Tinta y calenturas..



Acabo de escuchar en el mentidero una crónica sobre los enseñantes y la enseñanza, las diferente dedicación de estudio a cada asignatura por países, los niveles entre Comunidades y tonterías estadísticas de esas que se inventan por rellenar los informativos.

Yo estudié el bachiller en el Instituto de la Albericia, era del año 77 al 80. Tiempos mágicos. Una de las asignaturas se llamaba dibujo lineal y geometría, para que luego digan que las manchas de tinta no se quitan... Usábamos una especie de grifos a modo de rotulador que se llamaban "Rotring" e iban del 0´1 al 0´5 de grosor, su usaban a pelo con regla, trasbordador, escuadra y cartabón o amarrados a un compás con un soporte específico para los trazos circulares. Pintábamos en un cuaderno espiral de hojas blancas, se llamaba "Cuaderno de Bocetos" y la mitad de las hojas al final del curso estaban lijadas con cuchilla de afeitar, única forma de borrar los manchones. Cuando se gastaba la tinta de los "rotrings" había que recargarlos y ahí es donde estaba el espectáculo, aquello era la escena de un crimen. Aprobaba pero nunca se me dio bien, es que no me gustaba ponerme pingando de tinta cada día.

Luego estaban los problemas de matemáticas de los malditos trenes de los cojones. El profesor era Coterillo y le debían de poner cachondo los putos problemas del tren que sale a las no sé qué hora de no sé dónde a 47 kms/hora y otro de otro lado a tomar por culo a las no sé qué y circula a no sé cuanto por hora, con un conductor zurdo y el otro con diarrea y había que averiguar en qué punto y a que hora se cruzarían. Que asco le cogí a Renfe, y cuando no, las sumas de equis, íes, pis y erres cuando la equis tiene al infinito. No sé cómo sobreviví a aquello.

Francés nos lo daba Carmen. Muy joven, estaba como un tren y lo sabía, lo que a nosotros y en aquella edad nos dificultaba enormemente la concentración. Cuando nos mostraba la debida colocación labial para la pronunciación del "bilou" o se colocaba de espaldas para escribir en la pizarra... a mi se me iba la olla. Sobresaliente, pero ella estaba de matrícula.

Ya en segundo, la cosa cambió, elegí letras puras. El primer año, en lengua y literatura me comí el sumo e insoportable petardo de "La Regenta" que nos impartía un bohemio de pacotilla, un tal Ventura. Todo un curso con la puta Regenta, un tocho infumable que te tenías que meter entre pecho y espalda si o si. Toda una prueba de supervivencia de tropecientas mil hojas, sin interlineado apreciable, sin un puto dibujito y letra pequeñísima. Yo impondría su lectura y análisis como pena accesoria para delitos graves.

Latín nos la daba un pirao, pero pirao declarado vamos, que no supuesto. Se llamaba Cueto, normalmente llevaba un calcetín de cada color, los pantalones por encima de los tobillos, gafas de cuilo-botella, andaba siempre con un portafolios bajo la axila y caminaba como Groucho Marx. Sólo uno aprobó el curso. Y no fui yo. En tercer curso me volvió a tocar y me volvió a suspender, tuve que cambiar de centro y tirarme un año sólo con latín de 2º y 3º por aquel pirao de los cojones. Aprobé sin problema.

Ya por entonces existían las horteras de la kufiya palestina, se llamaba Paloma y nos daba griego e historia del arte, un chollo, nos ponía el examen y se ponía a meditar mirando por la ventana. Como hay Dios. Todos de notable para arriba.

Y así entre manchas de tinta y calenturas a la francesa pasé el bachillerato y COU. Pa ná, pero lo pasé a pesar del dibujo lineal.


01 febrero 2026

La mirada del invidente.


Hoy hemos vuelto a practicar la mirada del invidente, había mucho material alrededor. Hoy me he levantado con ganas de cocido montañés así que...  no te olvides de vivir antes de morir. 

Mesa para dos. En frente tres personas comiendo, un padre separado con un niño de unos 9 años de edad, debe ser que le toca el fin de semana alterno, frente a ellos la abuela paterna, viuda puesto que lleva dos alianzas en el mismo dedo, por cierto la abuela tiene muy buen comer, se ha metido entre pecho y espalda dos platos de cocido de la virgen, un entrecot de reglamento con patatas fritas, la tarta de queso suya y la mitad de la del nieto.

A la izquierda, junto al mirador, un tipo mayorcete, soltero y por la pinta entero, probablemente funcionario jubilado, está y come sólo, lleva pantalón de tergal marrón, camisa azul bajo jersey de cuello pico rojo chillón y zapatos mocasines, vamos, lo que viene a ser un estilazo. Lo dicho, entero.

Por la derecha una pareja tipo "First Date" que bordea los 70, vestidos de los domingos, ninguno de los dos lleva alianza y ella va emperifollada para la ocasión. Habla, habla mucho, vamos que no se calla ni debajo del agua y el pobre sufridor ya no sabe para dónde mirar, estos son los que quedan para el fin de semana y luego cada uno pa su casa. Ella se cuida, ensalada de primero, merluza con más ensalada de segundo y no quiere postre. Si yo soy el camarero la echo del restaurante...

Los dos camareros del salón son sudamericano y la chica de la terraza también, las dos de la barra rusas, ucranianas o de por allí y la cocinera no sé, es que me daba palo asomarme... pero a tenor de lo comido, prefiero no saberlo, el cocido malo de cojones.

Ojos que no ven... ojos de invidente.