Acabo de escuchar en el mentidero una crónica sobre los enseñantes y la enseñanza, las diferente dedicación de estudio a cada asignatura por países, los niveles entre Comunidades y tonterías estadísticas de esas que se inventan por rellenar los informativos.
Yo estudié el bachiller en el Instituto de la Albericia, era del año 77 al 80. Tiempos mágicos. Una de las asignaturas se llamaba dibujo lineal y geometría, para que luego digan que las manchas de tinta no se quitan... Usábamos una especie de grifos a modo de rotulador que se llamaban "Rotring" e iban del 0´1 al 0´5 de grosor, su usaban a pelo con regla, trasbordador, escuadra y cartabón o amarrados a un compás con un soporte específico para los trazos circulares. Pintábamos en un cuaderno espiral de hojas blancas, se llamaba "Cuaderno de Bocetos" y la mitad de las hojas al final del curso estaban lijadas con cuchilla de afeitar, única forma de borrar los manchones. Cuando se gastaba la tinta de los "rotrings" había que recargarlos y ahí es donde estaba el espectáculo, aquello era la escena de un crimen. Aprobaba pero nunca se me dio bien, es que no me gustaba ponerme pingando de tinta cada día.
Luego estaban los problemas de matemáticas de los malditos trenes de los cojones. El profesor era Coterillo y le debían de poner cachondo los putos problemas del tren que sale a las no sé qué hora de no sé dónde a 47 kms/hora y otro de otro lado a tomar por culo a las no sé qué y circula a no sé cuanto por hora, con un conductor zurdo y el otro con diarrea y había que averiguar en qué punto y a que hora se cruzarían. Que asco le cogí a Renfe, y cuando no, las sumas de equis, íes, pis y erres cuando la equis tiene al infinito. No sé cómo sobreviví a aquello.
Francés nos lo daba Carmen. Muy joven, estaba como un tren y lo sabía, lo que a nosotros y en aquella edad nos dificultaba enormemente la concentración. Cuando nos mostraba la debida colocación labial para la pronunciación del "bilou" o se colocaba de espaldas para escribir en la pizarra... a mi se me iba la olla. Sobresaliente, pero ella estaba de matrícula.
Ya en segundo, la cosa cambió, elegí letras puras. El primer año, en lengua y literatura me comí el sumo e insoportable petardo de "La Regenta" que nos impartía un bohemio de pacotilla, un tal Ventura. Todo un curso con la puta Regenta, un tocho infumable que te tenías que meter entre pecho y espalda si o si. Toda una prueba de supervivencia de tropecientas mil hojas, sin interlineado apreciable, sin un puto dibujito y letra pequeñísima. Yo impondría su lectura y análisis como pena accesoria para delitos graves.
Latín nos la daba un pirao, pero pirao declarado vamos, que no supuesto. Se llamaba Cueto, normalmente llevaba un calcetín de cada color, los pantalones por encima de los tobillos, gafas de cuilo-botella, andaba siempre con un portafolios bajo la axila y caminaba como Groucho Marx. Sólo uno aprobó el curso. Y no fui yo. En tercer curso me volvió a tocar y me volvió a suspender, tuve que cambiar de centro y tirarme un año sólo con latín de 2º y 3º por aquel pirao de los cojones. Aprobé sin problema.
Ya por entonces existían las horteras de la kufiya palestina, se llamaba Paloma y nos daba griego e historia del arte, un chollo, nos ponía el examen y se ponía a meditar mirando por la ventana. Como hay Dios. Todos de notable para arriba.
Y así entre manchas de tinta y calenturas a la francesa pasé el bachillerato y COU. Pa ná, pero lo pasé a pesar del dibujo lineal.








