No sé si es que es antisemita y se piensa que llevo kipá en mis horas libres, que tengo patillas de esas largas y rizadas de quita y pon o que soy seguidor del tonto de los cojones ese de Trump, el caso es que mi endocrina por lo que sea me odia y se quiere vengar de mi por algo. Ayer tuve consulta con ella.
Mi endocrina, a la que yo me refiero siempre como "mi ginecóloga" por aquello de que es mucho más fácil, menos pijoreto y cuesta menos pronunciarlo, pues eso, que no es que se ría mucho precisamente, digamos que es más seria que un perro cagando y no se anda con rodeos, Me mira por encima de las gafas inclinando la cabeza para abajo y te busca restos en sangre entre las uñas, como si por cojones hubieras tenido que matar a alguien, si o si, pues espera que me suba a la báscula y le muestre la analítica... me empala seguro.
Me voy haciendo el remolón, ella mira mi historia en su portátil mientras yo, bajito para que no se mosquee le voy informando de mis dosis actuales de Novorapid y Tresiba, de lo buen día que parece que está quedando y de lo espectacular que debe ser Vietnam por estas fechas si hace falta. Ni se inmuta.
De repente se levanta, aparta la silla y apuntando a la báscula me dice: ¡"Vamos"! Llegó el momento. Me subo a la plataforma y a aquello sólo le faltaba una sirena luminosa con alarma acústica, empiezan a salir números y letras por todas las pantallas y me acojono vivo. Ni al clan de los Txepare les tuve tanto miedo.
Que si mi IMC es de no sé qué, que he engordado no sé cuanto, que si tengo que cuidarme, que si no sé qué para acabar diciéndome que soy obeso, vamos no me jodas, ¡¡¡yo obeso!!!. No me dice que estoy gordito, que tengo barriguita, que presento ligero sobrepeso o que me sobran unos kilitos, no, ha entrado a matar para decirme que soy obeso y tengo que perder peso si o si. Ahí murió mi orgullo, obeso yo.... el Adonis de los asilos!
Me ha despedido desafiándome a volver (si tengo cojones) dentro de cuatro meses con otra analítica y "recomendándome" que pierda peso incidiendo en el "si o si" que con ganas me quedé de preguntarle si eso era el título de un concurso de televisión pero enseguida me di cuenta que no era lo más oportuno la broma.
He salido de allí con un papeluco en el que se detallan las cinco comidas que tengo que hacer y entre todas no suman el plato de postre de un gorrión capado, dan ganas de llorar sólo con mirarlo. Llego a casa, comparo el resultado del pesaje en mi báscula y me doy cuenta de un pequeño detalle que quizás ratifique y sólo quizás que pudieran sobrarme un par de kilitos, que para ver cuanto peso tengo dos opciones, o meto barriga o saco el culo.










