Es un buen tío y lo que es mejor, una muy buena persona, es una de esas de las que te alegras de corazón cuando las cosas le salen bien y disfrutas cuando las ves sonreír, aunque más que sonreír él ríe, siempre ríe, es una gozada.
Creo que no ha tenido la suerte que una persona como él se merece en la vida aunque tampoco quiero profundizar en ello, nos vemos muy poco y el escaso contacto que mantenemos es a través de las RRSS y el WhatsApp. Ayer fue así como lo hicimos por una tontería y me ha hecho pensar.
Nosotros vinimos a vivir a esta ciudad en agosto de 1977. Mi padre tuvo que salir por pies de las Vascongadas al aparecer como objetivo en una lista intervenida a un comando de la cobarde izquierda asesina vasca que hoy son socios de gobierno de España. Yo aquí no conocía aquí ni al Tato y él fue una de las primeras personas con las que contacté al poco de llegar y gracias al equipo de balonmano en el que entré a jugar y al que él pertenecía.
Por entonces éramos dos chavales de 15-16 años y hoy 50 años después me sigue alegrando el corazón cada vez que me encuentro con él, me alegran sus alegrías y me preocupan las cosas malas que le pasan, es una persona muy especial. Un ejemplo…
En el año 85 nació mi hija mayor y él ya trabajaba en la Residencia Cantabria, creo que por aquella época el único hospital donde daban a luz las mujeres de la región, pues bien, la habitación de mi mujer parecía la urna de un difunto, el muy cabrón iba recogiendo los ramos de flores de las altas hospitalarias y se las llevaba a ella, aquello apestaba a muerto, un puntazo inolvidable de un tío con un humor muy especial.
Ese es mi amigo Monchi, un tío puro y transparente, auténtico y veraz, un ancla donde fondear la la amistad para siempre.
GR Monchi, te quiero amigo..









