22 enero 2026

El viejo cartero.



Hace unos años, cuando se escribían cartas, tú mandabas una a "El hijo de la Sra Andrea, que vive payá pa la mitá del Segundo Valle" y la carta llegaba. Correos era una Institución de la que presumir, pocas cosas en España funcionaban como Correos.

Nos han cambiado el nombre de la calle y hoy me he encontrado con éste cartel en mi portal en el que no me había fijado. En el mismo nos da un plazo de tres meses para notificar el cambio de nombre de la calle a todo Dios y que en caso de que a partir de tres meses nos llegue un a carta o envío con la antigua dirección se devolverá al destinatario. Cómo han cambiado las cosas...

Mi calle toda la vida de nuestro Señor de los Calcetines Blancos se llamó como se llamaba, ninguno teníamos ni puta idea que quien era el pavo ese ni nos importaba,  ahora resulta que era un militar super fascista de la muerte y nosotros sin saberlo y con estos pelos, menos mal que la rencorosa Ley de Memoria Histórica nos ha cambiado su nombre, ahora tenemos nombre de poeta. Qué peso nos han  quitado de encima, aquello era un sinvivir...

Pues vale, pues muy bien, pero resulta que hay que hacer un montón de trámites ante las entidades para notificar la nueva denominación y siempre se te puede escapar algún Organismo, entidad o qué sé yo y gran parte de mis vecinos son muy mayores, da igual, el caso es que dentro de tres meses a Correos se le olvidará que ésta calle se llamaba como se llamaba y como no sabrán cuál es pues devolverán las cartas y santas pascuas, lo mismo da que sea una cita médica para por ejemplo Cristina, una vecina mía de 90 años, como su marido Marcial o cualquier otro, que no hubiera notificado el nombre de la calle al Servicio Cántabro de Salud...

España está empezado a dar un poquitín de asco de cojones, se lo han cargado todo, Correos, Televisión Española, Renfe, Red Eléctrica de España, Aena, Indra, la Fiscalía... todo está podrido y huele a mierda desde lejos...

Al final vamos a echar de menos otros tiempos, aquellos donde todo era más humano y menos absurdo, los del viejo cartero.

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