01 febrero 2026

La mirada del invidente.


Hoy hemos vuelto a practicar la mirada del invidente, había mucho material alrededor. Hoy me he levantado con ganas de cocido montañés así que...  no te olvides de vivir antes de morir. 

Mesa para dos. En frente tres personas comiendo, un padre separado con un niño de unos 9 años de edad, debe ser que le toca el fin de semana alterno, frente a ellos la abuela paterna, viuda puesto que lleva dos alianzas en el mismo dedo, por cierto la abuela tiene muy buen comer, se ha metido entre pecho y espalda dos platos de cocido de la virgen, un entrecot de reglamento con patatas fritas, la tarta de queso suya y la mitad de la del nieto.

A la izquierda, junto al mirador, un tipo mayorcete, soltero y por la pinta entero, probablemente funcionario jubilado, está y come sólo, lleva pantalón de tergal marrón, camisa azul bajo jersey de cuello pico rojo chillón y zapatos mocasines, vamos, lo que viene a ser un estilazo. Lo dicho, entero.

Por la derecha una pareja tipo "First Date" que bordea los 70, vestidos de los domingos, ninguno de los dos lleva alianza y ella va emperifollada para la ocasión. Habla, habla mucho, vamos que no se calla ni debajo del agua y el pobre sufridor ya no sabe para dónde mirar, estos son los que quedan para el fin de semana y luego cada uno pa su casa. Ella se cuida, ensalada de primero, merluza con más ensalada de segundo y no quiere postre. Si yo soy el camarero la echo del restaurante...

Los dos camareros del salón son sudamericano y la chica de la terraza también, las dos de la barra rusas, ucranianas o de por allí y la cocinera no sé, es que me daba palo asomarme... pero a tenor de lo comido, prefiero no saberlo, el cocido malo de cojones.

Ojos que no ven... ojos de invidente.

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