04 diciembre 2025

Un sindiós.



No sé ni cómo estamos vivos, no sé ni cómo estamos, no ya vivos, sino simplemente estamos. Esto es un "sindiós". El mes pasado falleció un hermano de mi madre, tenía 85 años de edad y estaba soltero. Total, que como el fallecimiento se produjo aquí y aquí es donde estaba empadronado pues nada,  que me tocó la pocha. Aquí era donde había que tramitar el asunto hereditario y tal y en eso estamos. Qué suerte la mía.

En un principio pues lo normal, que si el Padrón, que si Certificado de defunción, últimas voluntades y rollo de esos para la Declaración de Herederos, deeneis de los cinco hermanos, partidas de nacimiento de cada uno, el de defunción de una de ellos y certificados bancarios. Sólo faltaba que me pidieran la alineación del Alcoyano CF en la quinta jornada de la liga 1090-91.  Ahora es cuando viene el tema.

Ayer a mediodía me llaman de la notaría y me dicen que al estar soltero el fallecido sus herederos directos son sus padres y por lo tanto debería  de presentar el Certificado de Defunción de los mismos, yo alucinando ante la petición le digo que mi tío ha muerto con 85 años y era el segundo de los cinco hermanos por lo que sus padres en la actualidad de estar vivos deberían de tener como unos 120 años. Da igual, lo dice la ley. Pues vale, con la iglesia hemos topado amigo Sancho.

Para solicitar el certificado de defunción por Internet hay que hacer constar la fecha de nacimiento de cada uno, todos sabíamos el día pero ninguno el año. Fácil, en la lápida de cada uno pone la edad con la que fallecieron. Pues no puede ser, no coincide con la presunta diferencia de edad que mantenía con mi abuela.

En mi papel de Anacleto Agente Secreto me pongo a analizar la partida de nacimiento de cada uno de los hermanos y ¡Ohh sorpresa!! empieza el espectáculo. En 1936 cuando nació la mayor de sus hijos mi abuelo era tres años mayor que mi abuela, en 1940 cuando nació el segundo, precisamente el fallecido, mis abuelos habían empatado en su edad. En 1944 mi abuela era más joven que cuando nació la primera y en 1950 cuando nació el tercero, mi abuelo ya no se llamaba igual, le habían cambiado el nombre. Sólo en el certificado del último de mis tíos, el que nació en el 53, había vuelto la normalidad, aunque seguía sin saber el año de nacimiento de cada uno. Y en eso estamos, al final el episodio lo solucioné por la puerta de atrás y ahora estoy con el segundo acto que se presenta aún más emocionante porque el registro civil es de otra provincia y no puedo personarme.

Al final, por aquella época queda claro que nacíamos  y moríamos cuando al Secretario del pueblo le parecía y vete a saber si del número de chupitos ingeridos dependía.

Por cierto el tan deseado certificado ya en mi poder también está mal, no coincide el nombre de su madre pero no pasa nada, da igual, como si nació de una cochina...

Un Sindiós.




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