23 enero 2026

Lucía


No teníamos libro de instrucciones, jugábamos a princesas y princesos, me contaba sus "sucretos", nos pintábamos la cara de payaso, cantábamos y bailábamos la canción del cocodrilo, la vaca Lola y el anuncio de "flag golosina mi rico helado", veíamos una vez tras otra el vídeo de las "sigüeñas", la serie de Dora la Exploradora y los dibujos animados de Peppa Pig.

Poco después practicábamos la estatua subiendo por las escaleras mágicas, bailábamos por la calle la Fuente de Cacho, de repente nos enteramos que yo hacía magia así que le sacaba monedas de la barriga, aprendimos que los domingos por la tarde había en el campo vacas vestidas de vaca, que con katiuskas podías saltar sobre los charcos, que en río había cocodrilos rosas escondidos y ciempiés con calcetines de colores, que los cangrejos bailaban sevillanas cuando intentabas cogerlos y que los caracoles nos daban miedo. Que las nubes esconden ositos en el cielo, que en Mercadona venden nietas que se portan bien y que los helados se comen en cualquier época del año. Fueron cosas sorprendentes que descubrimos juntos.

Hacíamos zumo de vida con el tiempo, siempre nos gustó estar juntos,  disfrutarnos, hemos jugado a ser moderadamente felices y ganamos, hemos intentado entendernos y lo hemos conseguido, intentamos querernos mucho y en eso estamos, aún no hemos acabado.

Ya es mayorcita, ha crecido pero seguimos en la línea, soldados por el hilo natural de la querencia y la complicidad, lo nuestro es de difícil amnistía, nos practicamos casi a diario el mutuo chantaje del querer y con el tiempo hemos adquirido una destreza de doctorado, aunque de nada nos vale a estas alturas en las que ya nos tenemos pillado el paso.

Sólo con mirarnos nos entendemos, incluso a veces nos aguantamos la mirada a modo de duelo a muerte, jugando a quién aguanta más sin sonreír o pestañear, nunca gana ninguno porque nos gusta mirarnos. Es una forma de leernos, una forma de querernos hasta el infinito y más allá..

Es Lucía. Mi nieta.


22 enero 2026

El viejo cartero.



Hace unos años, cuando se escribían cartas, tú mandabas una a "El hijo de la Sra Andrea, que vive payá pa la mitá del Segundo Valle" y la carta llegaba. Correos era una Institución de la que presumir, pocas cosas en España funcionaban como Correos.

Nos han cambiado el nombre de la calle y hoy me he encontrado con éste cartel en mi portal en el que no me había fijado. En el mismo nos da un plazo de tres meses para notificar el cambio de nombre de la calle a todo Dios y que en caso de que a partir de tres meses nos llegue un a carta o envío con la antigua dirección se devolverá al destinatario. Cómo han cambiado las cosas...

Mi calle toda la vida de nuestro Señor de los Calcetines Blancos se llamó como se llamaba, ninguno teníamos ni puta idea que quien era el pavo ese ni nos importaba,  ahora resulta que era un militar super fascista de la muerte y nosotros sin saberlo y con estos pelos, menos mal que la rencorosa Ley de Memoria Histórica nos ha cambiado su nombre, ahora tenemos nombre de poeta. Qué peso nos han  quitado de encima, aquello era un sinvivir...

Pues vale, pues muy bien, pero resulta que hay que hacer un montón de trámites ante las entidades para notificar la nueva denominación y siempre se te puede escapar algún Organismo, entidad o qué sé yo y gran parte de mis vecinos son muy mayores, da igual, el caso es que dentro de tres meses a Correos se le olvidará que ésta calle se llamaba como se llamaba y como no sabrán cuál es pues devolverán las cartas y santas pascuas, lo mismo da que sea una cita médica para por ejemplo Cristina, una vecina mía de 90 años, como su marido Marcial o cualquier otro, que no hubiera notificado el nombre de la calle al Servicio Cántabro de Salud...

España está empezado a dar un poquitín de asco de cojones, se lo han cargado todo, Correos, Televisión Española, Renfe, Red Eléctrica de España, Aena, Indra, la Fiscalía... todo está podrido y huele a mierda desde lejos...

Al final vamos a echar de menos otros tiempos, aquellos donde todo era más humano y menos absurdo, los del viejo cartero.

16 enero 2026

Cosas de antes.



Cuando los hoy jubilados éramos pequeños se hacían cosas digamos que peculiares, es que no se me ocurre otra forma de llamarlas, por ejemplo, si te operaban de las anginas, que por cierto te las arrancaban a pelo, nada más salir te compraban un polo de hielo ¿?, si tenías que ir al médico te tenías que cambiar de calzoncillos si o si (aunque fueras al dentista), en los cumpleaños todos merendábamos lo mismo, la tarta de galletas con chocolate, hoy la llaman tarta "de la abuela" como si fuera un postre michelín tres estrellas. El día en cuestión llevabas caramelos para repartir en clase, eran de café con leche o como se conocían por entonces "toffe con leche de burra", pero caramelos de los de entonces, de aquellos que venían envueltos con lacito a cada lado y se pegaban a los dientes que no había forma de arrancarlos sino con el tiempo de disolución marcado por el fabricante. También había otros que eran muy duros, casi imposible de partir con los dientes y rellenos de piñones. Por cierto los primeros se derretían con el calor y entonces ya era imposible comértelos sin papel.

Sólo a partir del día que te afeitabas por primera vez dejabas de usar pantalones cortos, ese día salías a la calle mirando por encima del hombro con la piel irritada y apestando al Varón Dandy de tu padre. Se nos obligaba a ir a misa los domingos y al regreso a casa tu padre te hacía preguntas trampa para saber si habías estado. Si se te caía un trozo de pan al suelo tenías que persignarte y besarlo antes de comértelo, de no hacerlo te infectabas. Si comías más de tres dulces te salían lombrices por el culo y no podías engañarte contándolos porque luego te picaba el orto...

Todos éramos amigos del que tenía bici y siempre había alguno al que hacías un favor y le cambiabas tu bocadillo de salchichón por el suyo de chocolate, éste también tenía muchos amigos hasta después de merendar. Los chavales jugábamos al fútbol en cualquier lado, sólo hacía falta un balón, a las canicas, las chapas, las tabas, la peonza o al frontón con la pelota más codiciada que había, la verde de zapatos "El Gorila", aquella duraba toda la vida, mientras que ellas jugaban a la goma, la rayuela o la comba. Nos mezclábamos en el juego del pañuelo y por supuesto... en el escondite. Ahí, ya hacía yo lo posible para esconderme con Maricarmen. Y no me encontraba ni Dios.

Se jugaba y vivía en la calle y lo que no me acabo de explicar es como sobrevivimos a aquello y no nos partimos la crisma saltando el churro o en las batallas a pedradas en las guerras con tirachinas.

Pa habernos matao. 

07 enero 2026

La vida de un barrio.



Los que vivimos en un barrio y como es mi caso, en el mismo durante casi cuarenta años, nos conocemos todos de vista, igual no hemos tenido nunca una conversación pero nos reconocemos y de hecho, llegamos incluso a saludarnos al paso. Pues bien, hoy me he cruzado con una de esas personas a las que sólo conozco de vista y me ha llamado la atención la marca que va dejando el paso del tiempo, su declive y por lo tanto, el mío. No cabe otra.

Las que como nosotros llegamos al barrio siendo un matrimonio joven y con la ilusión de una vivienda recién comprada y hasta los ojos hipotecada, hoy están casi todos jubilados y son abuelos, las niñas que de pequeñas iban al colegio enfrente de casa o jugaban en la calle con las mías hoy son madres y algunas de chicos adolescentes, es el ciclo natural de la vida. Ahí sigue Carmen, la  que durante muchos años fue la directora del cole, Azu la de la farmacia, la que nos vendía el Aerored para los gases de la pequeña de mis hijas, Loli, la viuda de Tino de la que mis hijas dicen que no debe de tener piernas porque sólo la reconocen medio cuerpo al verla siempre asomada a la ventana, la viuda de Jimeno a la que desde hace muchísimo no vemos ni comprando el pan, el  bueno de  Manolo el Chileno al que durante años y años he machacado llamándole indio y maldiciendo a Don Diego de Almagro por descubrirle, mi vecino cocacolo al que ya se le va mucho la cabeza, Carmen la de Paco o Covadonga la del estanco. Todos forman parte del relato de mi vida.

Ya no están los columpios donde se criaron nuestros hijos, no está la tienda de Luis, quien mientras tu cogías la fruta o lo que fuera, desaparecía y tenías que ir al Ironside y traerlo por la oreja para que te cobrara, en su lugar hay una inmobiliaria, ya no está  el usurero que te la clavaba en el peso en cuanto te dabas la vuelta, hoy hay dos sosos a los que nunca he visto sonreír, quizás por eso no entro, la pelu de Luzma, centro neurálgico del barrio por donde pasábamos todos los días, para nada pero pasábamos, el gordo del Rama que quitaba los balones a los niños, ese local hoy se llama Marta ´s y nada tiene que ver, el bar de Pin que ponía una tortilla de diploma de honor, hoy en su lugar van apartamentos turísticos en proyecto, el Liverpool que lleva años cerrado hoy es un almacén, ya no está el "amargao" del Bejarano que estaba siempre enfadado por algo, tampoco Fernando el cura, el que dio la comunión a mis hijas y bautizó a mis nietas, mi amigo Ramón está muy mal y Enrique, el que llevaba a mi hija a ver los partidos del Racing de pequeñita apenas puede salir de casa.

Todo es diferente, durante muchos años todos formábamos parte del día a día de todos, de nuestras vivencias y relatos, ahora nada es igual, todo ha cambiado, todos formamos parte de la historia de todos, de las crónicas del barrio, del recuerdo de los belenes vivientes que hacíamos cada año, de las fiestas que organizábamos los vecinos por San Juan, de las tracas, las verbenas y romerías, de todo eso que ya no existe, ya no se hace y sólo es historia de un barrio..

Ahora, te cruzas con esas personas, con las que has compartido tu vida y la de tu barrio y la imagen del paso del tiempo te hace pensar y ni tan mal porque con con los que no coincides, es porque ya no están.

No pienso pensar.