07 enero 2026

La vida de un barrio.



Los que vivimos en un barrio y como es mi caso, en el mismo durante casi cuarenta años, nos conocemos todos de vista, igual no hemos tenido nunca una conversación pero nos reconocemos y de hecho, llegamos incluso a saludarnos al paso. Pues bien, hoy me he cruzado con una de esas personas a las que sólo conozco de vista y me ha llamado la atención la marca que va dejando el paso del tiempo, su declive y por lo tanto, el mío. No cabe otra.

Las que como nosotros llegamos al barrio siendo un matrimonio joven y con la ilusión de una vivienda recién comprada y hasta los ojos hipotecada, hoy están casi todos jubilados y son abuelos, las niñas que de pequeñas iban al colegio enfrente de casa o jugaban en la calle con las mías hoy son madres y algunas de chicos adolescentes, es el ciclo natural de la vida. Ahí sigue Carmen, la  que durante muchos años fue la directora del cole, Azu la de la farmacia, la que nos vendía el Aerored para los gases de la pequeña de mis hijas, Loli, la viuda de Tino de la que mis hijas dicen que no debe de tener piernas porque sólo la reconocen medio cuerpo al verla siempre asomada a la ventana, la viuda de Jimeno a la que desde hace muchísimo no vemos ni comprando el pan, el  bueno de  Manolo el Chileno al que durante años y años he machacado llamándole indio y maldiciendo a Don Diego de Almagro por descubrirle, mi vecino cocacolo al que ya se le va mucho la cabeza, Carmen la de Paco o Covadonga la del estanco. Todos forman parte del relato de mi vida.

Ya no están los columpios donde se criaron nuestros hijos, no está la tienda de Luis, quien mientras tu cogías la fruta o lo que fuera, desaparecía y tenías que ir al Ironside y traerlo por la oreja para que te cobrara, en su lugar hay una inmobiliaria, ya no está  el usurero que te la clavaba en el peso en cuanto te dabas la vuelta, hoy hay dos sosos a los que nunca he visto sonreír, quizás por eso no entro, la pelu de Luzma, centro neurálgico del barrio por donde pasábamos todos los días, para nada pero pasábamos, el gordo del Rama que quitaba los balones a los niños, ese local hoy se llama Marta ´s y nada tiene que ver, el bar de Pin que ponía una tortilla de diploma de honor, hoy en su lugar van apartamentos turísticos en proyecto, el Liverpool que lleva años cerrado hoy es un almacén, ya no está el "amargao" del Bejarano que estaba siempre enfadado por algo, tampoco Fernando el cura, el que dio la comunión a mis hijas y bautizó a mis nietas, mi amigo Ramón está muy mal y Enrique, el que llevaba a mi hija a ver los partidos del Racing de pequeñita apenas puede salir de casa.

Todo es diferente, durante muchos años todos formábamos parte del día a día de todos, de nuestras vivencias y relatos, ahora nada es igual, todo ha cambiado, todos formamos parte de la historia de todos, de las crónicas del barrio, del recuerdo de los belenes vivientes que hacíamos cada año, de las fiestas que organizábamos los vecinos por San Juan, de las tracas, las verbenas y romerías, de todo eso que ya no existe, ya no se hace y sólo es historia de un barrio..

Ahora, te cruzas con esas personas, con las que has compartido tu vida y la de tu barrio y la imagen del paso del tiempo te hace pensar y ni tan mal porque con con los que no coincides, es porque ya no están.

No pienso pensar.