01 octubre 2026

El día a día.



Hace un par de días en la terraza de la cafetería frente al colegio donde estudian mis nietas. A cuenta del perro que le acompañaba me fijé en ella. El animal era un precioso Golden Retriever que caminaba muy lentamente, muy mayor al que su mirada marcaba la edad, quince años. El animal tampoco veía muy bien, se acercó a mi mesa y no pude menos que acariciarle.

Ella acomodó su silla de ruedas a la mesa de al lado, a mi izquierda, y yo le ayudé retirando la silla de mi mesa que le impedía hacerlo. Su silla es eléctrica y la manejaba con la mano izquierda agarrando cómo podía una especie de pequeña palanca de mando, como las de las videoconsolas. No le resultaba nada fácil pues tiene la mano casi cerrada por sus propios dedos, vueltos hacia los adentros de la palma.

Al poco se acercaron a ella dos chicos jóvenes con los que tras los saludos iniciales charlaba sobre elegir FP o Bachillerato, me hizo pensar que quizás pudiera haberse dedicado a la enseñanza. El perro, tumbado en el suelo, la miraba, lo hacía continuamente.

Se fueron los chicos. Ya le sirvieron el café en la mesa, abrir el sobre del azúcar se presentaba cuando menos difícil, yo no sabía qué hacer, quizás involuntariamente podría dejarla en evidencia pero no pude evitarlo, estaba al lado. Le ofrecí mi ayuda, Me respondió con una sonrisa que me iluminó. Nada más, así que lo hice.

Llegó un amigo suyo, un señor de edad parecida y se sienta con ella, charlan y ella más que hablar escucha con interés mientras sonríe, lo hace continuamente.

A los diez minutos más o menos se van juntos, el perro amarrado a la silla lo hace muy lentamente y en eso que llega Jose, un vecino del barrio al que pregunto si la conoce y me dice que si, se llama Mercedes, no tiene más de 45 años y padece ELA.

Yo estaba preocupado esa mañana porque no me acababan de devolver un dinero que me habían cobrado de forma indebida al comprar por Internet unos billetes de avión y eso, después, hizo que me sintiera mal, quizás hasta un poco ruín aunque pensándolo bien, ruín por rutinario es el día a día de quien no valora lo que tiene hasta que lo pierde,pero la vida es así.

No sé qué pensará Mercedes, yo, avergonzado, no pienso pensar.