31 marzo 2026

La vida en una rotonda.


Me acaba de llamar mi pariente Agustín y en la charla me ha dicho cosas que me han hecho pensar. Nunca quieres que llegue el momento, nunca te lo imaginas, nunca piensas o por lo menos yo nunca me lo planteé, el caso es que llega y la vida sigue, no pasa nada.

El momento es muy duro, durísimo, pero miras por la ventana de la habitación y siguen pasando mil coches a la hora por la rotonda, la gente cruza por el paso de cebra hablando por el móvil y la vida sólo se ha parado para mi.

Días después tu tragedia se vuelve un recuerdo cercano y extrañamente o ves como el mejor de los males, te quedas con la tranquilidad de conciencia y sobre todos con una expresión de paz que hace mucho que no tenía, que merecía, pero nada llena su hueco, las tardes hasta ahora eran una involuntaria necesidad que ahora vacían mi tiempo, él no lo sabía pero ocupaba una parte importante de mi día a día.

La extraña normalidad de la ausencia es la norma que marca la vida y así debe de ser porque no puede ser de otra manera,  porque siguen pasando mil coches a la hora por la rotonda y las personas cruzan mirando el móvil, como siempre, como no puede ser de otra manera.

Es la vida explicada en una rotonda.


  

2 comentarios:

BAEZANO dijo...

El paso inexorable de la vida

MANEL dijo...

Te lo auguré que así sería. Tal y como lo relatas, en eso...en el tiempo, en perder al padre, te había ganado por la mano y... la experiencia siempre será un grado.