13 octubre 2014

Cuatro gotas.



Siete de la mañana, suena el despertador, hay un ruido de fondo contra la persiana que me confunde y digo... "Me da que está lloviendo" a lo que la "listuca" que me largaba de la cama estirantándose por el catre me suelta alegremente... "Anda, anda, tira que son cuatro gotas".Nada, ...pues lo serán.
Me ducho, me afeito, me perfumo (por si acaso y tal...), desayuno rápido, me visto y a la calle. La madre que la parió, asomo el morro a la fresca y... la virgen!!!! llovía... como tiene que llover, como ha llovido toda la vida y parece que se nos había olvidado, llovía haciendo ruido, botando en el suelo con mala baba, alevosía y ensañamiento, vamos, salpicando con dos cojones y como diciéndome... sal si tienes huevos!.
El tomatito aparcado a unos veinte metros del portal y el pobre Pin desarmado y en manga corta. Jamás pensé que veinte metros eran tantos metros, el coche estaba como en las Azores o más allá pero no quedaba otra, hay que ir a currar osea que, ¡¡vamos legionario!! a arrastrar la rodilla, vamos, lo que para otros es correr.
Lo primero que haces al salir pitando bajo la lluvia es esconder el cuello alzando los hombros, que gilipollez, como si el agua dijera... "Nooo, a ese nooooo, que va encogido el pobre..." miras para el suelo como si fueras a ver algo, te va a dar igual, si lo sé me hago el chulito y voy paseando hasta el coche... me hubiera dado igual.
En veinte metros ni el Ben Jhonson ese de los tripis me pilla, en veinte metros hice dieciséis regates, catorce saltos de longitud, los veinte metros obstáculos y además..., sin cuello, con dos cojones, pero dio igual, en ese espacio cogí todos los charcos del mundo, pisé sobre toooodas las baldosas flojas y cuando llegué al tomatito... el muy cabrón se alinea con la lluvia y se divierte moviendo su cerradura para joder y no dejarme abrirle la puerta. Porque me cae bien y lleva conmigo muchos años que si no..., cuando me dejó entrar... lo de mis pantalones era de chiste y la camisa pesaba tres arrobas así que empapé el asiento, ¡que se joda! solo me faltaba el gorro de baño, las chanclas y la toalla.
Lo suyo entonces era subir a casa a cambiarse y de hecho se me ocurrió, lo suyo era subir y meterme en la cama así como iba con la de las cuatro gotas... pero mi otro yo, el bueno, me dijo... déjala, o la dejas o la matas.
La muy cabrona, cuatro gotas...

Buenos días.

03 agosto 2014

La ducha del Hotel.


Ya lo sé, acabo de descubrirlo. Este fin de semana se han confirmado todas mis sospechas y por fin, tras alcanzar la sabiduría de motu y carne propia, ya sé como aprendió Michael Jackson a bailar de esa forma tan espectacular, ya lo sé, aprendió en la ducha de un hotel, fijo!!.
Lo de las duchas de los hoteles es de traca, ya son muchos los casos sufridos en la tierna, suave y nada trabajada piel de quien aquí se asoma, hemos sufrido lo nuestro y tras largas y diversas experiencias, tras éste fin de semana estamos en condición de asegurar sin ningún género de dudas sobre el método de aprendizaje para bailar como bailaba el gran Michael, no el del coche fantástico no, el otro, el jackson ese de las pastis y tal.
Llegas al hotel, generalmente cansado y como casi siempre viajamos en moto, pues lo primero que haces es pegarte una ducha, o intentarlo. Llegas con ansia, entras a la habitación sudoroso y en un pestañeo ya estás despelotado frente a la ducha. La miras con deseo, con pretensión, con pasión. La cosa no debería ser muy complicada, solo es entrar, cerrar, abrir el grifo, tantear la temperatura y relajarte bajo el agua, yatá, así de fácil. Error, craso error. La maléfica te espera...
Entras y cierras la mampara, de repente tienes frente a ti un aparato que no sabes si es una ducha o el mazinger zeta ese, solo ves algo extraño, enorme y por supuesto sin manual de instrucciones. Atónito buscas algo que cuando menos te resulte familiar, aquello tiene tres mandos, cuatro botones, dos palancas oscilantes y nada de color azul ni rojo para probar.
Temeroso y esperando no sé qué abres uno al azar, cualquiera, ese mismo. Error, craso error, de repente sale del suelo un chorro de la virgen, frío como un témpano y colisiona directamente en la zona supra-almorranal con desplazamiento por simpatía e invasión húmeda hacia la subtesticular. Cara de susto y primer movimiento extraño a lo Jackson, en un pis pas, cierras las piernas, las cruzas y a la vez te echas de espaldas contra la pared mientras giras 180 grados. O más. Ya sabemos un mando que no hay que tocar ni pa Dios.
Lo intentamos con el del al lado pero un poquito nada más, la viiiirgen!!!!, ahora te ataca por detrás con cuarenta mil chorros que brotan por doscientos agujeros diseminados y estratégicamente ocultos por toda la pared, de la cabeza al talón y por supuesto fríos de cojones. Movimiento sexy, cuerpo estirado, encorvado hasta lo insospechado para atrás con súbita inclinación hacia la derecha y giro hasta alcanzar el perfil del agua. Magia.
Ahora es cuando te das cuenta que no vales pa ná, de repente lo miras y... te ha desaparecido "eso" y en los pezones puedes hasta colgar toallas. Que pena...
Empiezas a jurar y optas por probar otra técnica que consiste en salir de la ducha y abrir los mandos desde fuera, osea, a lo cobardica y desde la retaguardia. Error craso error. Te posicionas fuera de la zona de influencia y vas a por el tercer mando, el que falta, de las palancas y botones pasamos, eso ya es demasiado complicado. Te apoyas en la puerta-mampara, inclinas hacia tu cuerpo hacia el interior y lo giras. Oleeeee. Se abrió el pantano y todo para ti. Sale agua por todos los lados menos por uno. Te empapa de arriba abajo y tras cerrar la puerta en defensa propia te das cuenta que veinte mil chorros colisionan directamente desde dentro contra la puerta, de frente y desde arriba. La jodímos. Dilema, hay que entrar como sea porque tarde o temprano habrá que cerrar los grifos....
Juras, perjuras y la otra..., si, esa, la que nos acompaña, la lista esa que todo lo sabe, la tocacojones de siempre se está partiendo en dos. se descojona de risa con la escena mientras pretendía fotografiar el momento con el móvil... no te jode...
Nuestra única esperanza era el que por lo menos el agua "templara"... joder que si templó... aquello empezaba a nublarse a cuenta del vapor... no se junaba nada, veía menos que un muerto boca abajo.
Hay que hacerlo, hay que echarle cojones, yo solo me animaba..., ¡¡¡vamos legionario!!! solo hay que entrar, cerrar la mampara para no inundar el baño y girar el grifo. Solo eso. Podéis imaginaros el resto, Impresionante coreografía. Ahí y en ese mismo momento es donde nos hemos dado cuenta que no era tan difícil, que no tiene mérito la cosa, que el truco de Michael era ese, que ya sabemos como lo hacía y donde había aprendido..., así cualquiera no te jode... en la ducha de un hotel. 

05 julio 2014

Diario de una mente demente.


Es sábado y me lo merezco, esta semana ha sido más dura que la picha de Robocop, amanece, es pronto y ​sábado, que le vamos a hacer, estoy hasta la breva del puto reloj biológico ese, a estas horas, ya estoy meado, aseado, desayunado y silbado en la terraza mirando a la nada.
Es pronto para desayunar por segunda vez, tomaré solo un café. Con la taza en la mano no pienso, mi divagar daría positivo por cafeína y tal como está la cosa casi que no, por si acaso lo han prohibido también, nunca se sabe si te van a tocar al timbre dos tablillas cafetómetro en mano.
Escribo dejándome llevar por mi paseo por las nubes, pijadas desde el limbo y pienso... en la vida hay cosas tan baratas​ y banales que no tienen precio​, nadie podría hacer negocio con ellas, ni los chinos siquiera, quizás por eso son tan valiosas, porque que no se venden, esas son las cosas que me gustan, cositas como el honor, la amistad, la lealtad, efectos que nunca copiarán los chinos, que no se venden por ahí aunque para algunos les dé igual ya que lealtad solo les suena al nombre de una calle de la capital...
Pero vamos a lo que vamos, a lo importante, a disfrutar de las cosas bonitas, de lo que me ​gusta, me hace feliz, lo que me llena, vamos a mis chorradas baratas como que Lucía me llame abuelito y no abuelo, a mantener "sucretos" que a la primera larga, a no mentir jamás, a mirar al cielo y buscar con ella ositos entre las nubes, a comprar los frigopiés en las Vegas, a andar con cuidado entre la hierba por si despertamos al cocodrilo, a acojonarnos con los canrrrrejos del río, a subir las escaleras mágicas tocándonos la nariz para no tener miedo, a caminar por la calle Burgos sin pisar las rayas y a notar, sentirla feliz, ver como disfruta sintiéndose importante, valiente y toda una heroína ante mis ojos, eso es lo que me gusta, lo que me importa y eso... eso no lo venden en los chinos, no tiene precio.
Son mis pijadas, mis cosas, igual que tú tendrás las tuyas supongo, son chorradas, mis chorradas, tonterías tan tontas que por lelas dibujan en mi cara una sonrisa de lado a lado, son cosas que me llenan, me hacen feliz, como gustar a quien me gusta, importar a quien me importa y querer a quien me quiere aunque... te confieso y quizás por eso sé que soy mayor y diferente a Lucía, que me encanta y me chifla pasar de quien que de mí pasa pero además ignorando con alevosía, prepotente vehemencia y omisión activa su pasiva  y absurda ignorancia​. Mmmmmmmmmmmmmmm… me chifla.
Me gusta que las cosas salgan bien porque si, me gusta ver la sonrisa en los míos, me gusta el feeling natural, el poder de la humildad, la sencillez, lo intangible y sensorial y sobre todo, ​me gusta, me encanta, me chifla, me ​vuelve loco… la cerveza en lata barata del Lidl, ​muy fría, ​helada y con Fito de fondo insistiéndome una y otra vez en hacer la casa por el tejado y asumiendo que como yo, ... se equivocaría otra vez.
Esto es ser rico sin un clavel, es la vida, mi vida a veces, cuando me deja la muy hija de puta. Buenos días.

20 enero 2014

Ppsssss...


Tengo que confesarlo, si, no me queda otra, tras horas de recogimiento conmigo mismo, retromirando y viéndome una y otra vez, tengo que confesarlo, el sábado pasado día dieciocho de enero hice el ridículo pero no un ridículo cualquiera no, hice un ridículo espantoso, el mayor de los ridículos, un ridículo que pasará a la historia de los ridículos precisamente por eso, por ridículo ridiculísimo de la muerte.
Cinco de la tarde más o menos, hora de los toros, el Pobre Pin, solo y aburrido en casa toma la decisión de salir a dar una vuelta y si eso..., quizás ir a comprarse unos vaqueros. Error craso error.
Hasta llegar a la tienda cuyo nombre y ubicación para nada estamos dispuestos a confesar, todo era un paseo de rosas, el aparcamiento fácil, a la primera y en pleno centro, cafetito en el sitio de siempre y paseo hasta la tienda.
Al llegar, dos empleadas, una jovencita que podría ser mi hija y otra no tanto que me reciben con sonrisa profidén, evidentemente, yo no podía ser menos y les contestas con un hoolaaaaa que encamine y proyecte lo que debe ser una aunque breve, cordial, cómoda y agradable relación vendedora-cliente, soy de los que pienso que al que trabaja cuando menos hay que intentar hacerle su labor lo más agradable posible y además, poco cuesta y mucho se gana con la simpatía por delante.
La obstrucción mental post-ridícular me impide calcular la gente que podía encontrarse en aquella pequeña tienda de escasos treinta metros cuadrados, poca, a tenor de la sensación vivida habría no más de ocho o diez mil...
Pues bien, lo dicho, nada más entrar, a la menos joven de aquellas chicas, con toda la amabilidad del mundo le pido un pantalón vaquero, Levis modelo 501 de la talla 36-32, no hay dudas, mi talla siempre ha sido la 34-32 pero como últimamente la ropa encoge cuando me la pongo pues pido esa. Voy a lo fácil, yo solo uso ese pantalón, osea, que no tengo que dar muchas vueltas ni andar probándome nada, tarea que me desespera, precisamente por eso uso ese pantalón.
La chica, encantadora por cierto, me lo da pero yo, como a cuenta del no fumar digamos que he sufrido cierta expansión corporal, pues no se me ocurre otra que querer probármelo antes de salir de allí, hay que tener en cuenta que en ese momento llevaba puesto uno de la talla 34-32 y cuando menos... me costaba abrocharlo la de Dios.
Entro en aquel diminuto probador, de espaldas al mostrador donde se encontraba la otra chica doblando ropa como una loca, hacía calor, me desprendo de la cazadora y la cuelgo allí dentro, una vez descalzo me quito el que llevaba puesto, y al levantar la pierna izquierda para probarme el nuevo... me echo hacia atrás para apoyarme en la pared y.... la viiiirgen!!! No había pared donde apoyar el culo!!, no, no la había, me apoyé en una triste cortina marrón no apta para respaldo alguno y mucho menos el del culo. 
Evidentemente, mis ciento seis kilos cayeron desplomados hacia atrás, justo justo hasta la mitad de la tienda y a escaso medio metro de la dobladora de ropa que se quedó estupefacta al verme allí tirado. Había que verme en el suelo, en calzoncillos, con los calcetines ejecutivos hasta más allá de lo decoroso que limitan los gemelos, con el vaquero sin estrenar en la mano izquierda y la cortina arrancada en la derecha, había que verme...
Las chicas en primera instancia con una cara de susto impresionante, toda su preocupación era el saber si me encontraba bien, si me había pasado algo. Evidentemente, después su única preocupación era el que yo no les notara como se partían el culo de risa, no sabían dónde meterse pero yo que soy un caballero se lo puse fácil, no les miré a la cara. 
En aquel momento, por alguna extraña razón debió de haber una alineación planetaria o algo parecido que motivara que la tienda se petara de gente justo en el momento en el que me encontraba en cazoncillos allí en medio pero, no me quedaba otra, me había cargado el probador, había que volver a enganchar la cortina pero ese ya no era mi problema, osea que tenía que probármelo a culo descubierto y así lo hice mientras me entraba la prisa, notaba calor en las mejillas y solo pensaba en salir de allí. Veinte segundos bastaron para probármelo, quitármelo, ponerme el viejo, calzarme y sacar la tarjeta para pagar.  De Guinness.
El murmullo de la tienda delataba lo que tenía que haber sido una imagen tan cómica como patética, a todo Dios le costaba aguantar el tipo, toda la gente me daba la espalda, el caso es que... yo, para facilitar el que se pudieran descojonar con total tranquilidad, mirando hacia las cámaras de seguridad solo se me ocurrió decir..." por favor, espero que ésto no salga en Youtube...", ya está, se lo puse fácil, nunca una parida tan tonta podía haber hecho tanta gracia, allí se descojonaban hasta las perchas.... 
Salí de allí a toda leche, sin levantar la mirada, y buscando chusma entre la que mezclarme, notaba las miradas en la nuca, como si toda la tienda hubiera salido a la calle y dijera... "mira, allá va el del piñazo", que vergüenza por Dios pero el caso que si, lo confieso, era yo si, pero todo tiene que tener una lectura positiva, estoy pensando que he debido de adelgazar la de dios puesto que me echo hacia atrás, no encuentro apoyo, doy dos pasos, trinco y arranco la cortina, me pego una culada de impresión, rozo con la cabeza el suelo y..., ¡¡¡no salí rodando!!!
Son cosas que pasan pero aún así, ésta es una ciudad pequeña osea que va a ser cuestión de dejarme barba y a correr, vamos, lo que se dice actualizar mi perfil y... a callar Maricarmen que aquí no ha pasado nada... 
Psssss

11 diciembre 2013

Hablando con mi hamburguesa.



Debe ser que es miércoles, daños colaterales o secuelas del padel, quién sabe, el caso es que hoy me he levantado blandito, románticón y observador. Os recomiendo que ni lo intentéis, soy la única persona, hombre, bicho raro, especimen o pirao de la vida capaz de hablar con una hamburguesa, si, así, como suena, pero cuidado... no es un simple trozo de carne entre pan y pan, es mi hamburguesa!!
Es bella, tierna, cariñosa, blanda y suave, es la única que me entiende, la miro, me mira, la leo y me lee, tengo muy claro que me la voy a trincar, de hecho está para comérsela ya mismo pero quiero verla bien, detenerme en ella... es que disfruto tanto mirándola...
Mi hamburguesa es sabia, me dice lo que debo de pensar, lo que tengo que olvidar, lo que es importante, lo que es baladí, me lleva la conversación, me cambia de tema cuando le interesa, me interesa o cuando se entretiene contando azulejos, es especial y completa, sin queso, lechuga, tomate ni vainas que la acompañen, es mi hamburguesa.
Me atrae, me absorbe, me obnubila, me atonta, que bonita es..., si es que es preciosa, no es una vulgar hamburguesa, es la pana, tiene un color único, tamaño ideal y aroma especial, la quiero, me vuelve loco, acabo de desayunar y ya la necesito, me muero por ella, no es un trozo de carne, es mi hamburguesa...
Ayer nos vimos, tuvimos un fugaz encuentro, estuvimos juntos, un visto y no visto, un te comería ya mismo, un te voy a comer, un te voy a hacer mía, un ¿yatá?.
No nos vemos lo que quisiéramos, a veces hasta a escondidas, el puto colesterol, los triglicéridos, la censura de quien yo me sé y el que dirán tiene la culpa, lo nuestro es un amor prohibido y secreto, nos amamos y es inevitable, nos atraemos sin remedio, la quiero, la deseo, es mi hamburguesa...
Que bonito es el amor, me vuelve loco la hamburguesa.
Pin.

18 abril 2012

El gimnasio



Ahora nos ha dado por ir al gimnasio, no nos ha quedado otra, si, ya lo ven, treinta años después volvemos a ponernos unas zapatillas de deporte, nosotros solo, sin ayuda de nadie, sin paracaídas, sin manual de instrucciones, a lo loco. Señor, señor...
Nobleza obliga. Hace como tres semanas que abandonamos el tabaco, dejamos de fumar, fuimos a una de esas brujas que te toca la cabeza, una oreja, la punta del pie y ya está, formateado el disco duro, olvidada la nicotina, sesenta pavos y arreando. No sabemos que es lo que hizo pero el caso es que no fumamos desde entonces pero... semanas después pasó lo que irremediablemente tenía que pasar.
Últimamente notábamos cierto crecimiento de la graciosa prominencia que desde años nos acompañaba, una súbita desproporción dimensional en la apariencia de nuestra barriguita hacia que por momentos mutara hacia lo mondongo, lo barrigón, lo ciertamente antiestético.
No era para menos, evidentemente se dispararon todas las alarmas y tras un puntual momento de reflexión nos decidimos a ello, nos pesamos. Error, craso error, cinco kilos en tres semanas nos obligaban a tomar drásticas y silenciosas medidas de disimulo cuando no erradicación de tan descomunal bulto, decimos lo de silencioso por que de enterarse la que vive aquí, volverían los candados a las alacenas, las campanillas en la despensa, las trampas en la nevera y demás métodos de tortura.
Hoy era el día, apadrinado por nuestro querido chugggi entramos en un gimnasio, hemos pecado, si, lo reconocemos, hemos faltado a nuestra palabra, a nuestro hasta ahora precepto sagrado de cruzar de acera antes de pasar por la puerta de alguno de estos antros del culto al cuerpo,  verdaderas mazmorras del dolor.
Allí dentro todo es diferente, es muy raro, no es tan fácil situarse, la verdad es que no nos enteramos de momento de que va esta película y les explico, lo que antes era boxeo con música ahora se llama bodycombat,  lo que antes podría considerarse una auténtica gilipollez por bailar cargado con pesas en los brazos ahora es una parece ser que gozada que se llama bodybump, lo que antes era pegarse una paliza en bici estática ahora es cicloindor pero hay más cosas, muchas más, verán, todavía no le he cogido el paso pero entre otras que no recuerdo también hay fitness acuático, streching, bodystep, aquagym, fitness y la de Dios. La viiiirgen, y nosotros que solo queríamos bajar barriga!!
El caso es que nos, todo modosito estábamos allí como un pulpo en un garaje, entre tíos como armarios empotrados, con musculitos hasta en las uñas, todos en una estética un tanto peculiar, cuidadosamente depilados, marcando paquete y metidos en unas mallas más apretadas que los tornillos de un submarino. Aquello era un pase de modelos, a cada cual más hinchado y extrañamente concentrados en lo que hacían, serios, muy serios, allí no se ríe ni el tato, joder, que daba hasta miedo sonreir! Nos recordaban a nuestro querido amigo y compañero Oscar,  armario de tres puertas al que cariñosamente llamamos "soplaportales", son tíos que seguro seguro que en Ryanair pagarían por tres.
Pero a lo que vamos, hoy hemos empezado y ya estamos muerto, muerto y matao, cuarenta minutos de "cicloindor" de ese y otros diez más o menos de cinta asesina nos han dejado para el arrastre, casi que nos estamos pensado que al fin y al cabo, a nuestra edad casi que la barriguita no nos queda ni tan mal... ¿o no?
Y mañana más musculitos, Dios proveerá.
Pin

El urólogo


Hoy es uno de esos días en los que todo se ve diferente, no sé, raro, será porque hace frío,  el ambiente está triste o porque tengo el ojo dilatado,  no sé... pero vamos a lo que vamos.
No es que nos guste demasiado ir de médicos, no les vamos a engañar,  no nos gusta nada, si quieren, si se ponen, seguro que te encuentran algo y si buscan lo que imaginas, seguro que encuentras lo que no quieres, el caso es que el Pobre Pin hace unos días empezó a sentir una molestia en el testículo por no decir huevo izquierdo, y ahí empezó todo.
Tras los pertinentes y obligatorios días de acojono no nos quedó mas remedio que ir al médico de cabecera, aquello fue lo que en castizo castellano se denomina "tocarnos los cojones" pero no tuvo bastante con eso sino que encima, y abusando de la buena relación que entre ambos mantenemos, nos remitió al urólogo para un estudio más especializado y "profundo". Y tanto que fue profundo...
Hoy era el día, esta tarde, a las cinco menos cuarto era la cita, vamos, casi a la hora de los toros. Llegamos a las instalaciones, era la primera vez que visitamos a un "urólogo" y viendo la sala de espera entendemos ahora aquello de que se trata de un profesional que te la mira con desprecio, te la coge con asco y te cobra como si te la hubiera ...
Había dos personas más, uno ya mayor que rozaba los setenta y otro más o menos de nuestra quinta. Parece que nos leían en la cara que era la primera vez que estábamos allí, nos sentíamos observado de reojo, hasta nos parecía que sonreían disimuladamente. estábamos incómodo y porqué no decirlo... acojonado, empezábamos a dudar entre quedarnos o salir por pies de allí... Al rato estábamos solo en la sala de espera, un lugar muy luminoso y con excelentes vistas a la Bahía pero no estábamos para deleitarnos con el paisaje, solo pensábamos en nuestro culo, en lo que podría pasar...
No había revistas de motos o viajes, ni tan siquiera el Interviu que nos distrajera un poco, solo Pronto, Hola, Belenes y Jesulines, no había nada que leer, nada que hacer, solo esperar. Estábamos más acojonado que un pavo en navidad.
Cinco y cuarto, abra la puerta la recepcionista y con una para nos tan irónica como cáustica vocecilla pronuncia nuestro nombre, no nos salía la palabra, ya no había marcha atrás, no quedaba otro remedio por lo que desde lo más profundo de nuestro ser surgió un ¿si? para enseñándonos hasta las muelas del juicio mientras nos espetaba un... "Pase por favor".
Iniciamos el camino hacia la consulta, el pasillo era angosto pero puedo jurarles que la pava esa iba partiéndose de risa a cuenta nuestra, y si no es así, lo disimulaba de pena. Entramos en aquella habitación, allí estaba él, sentado frente a un portátil, mediana edad, algunos pocos más que el menda quizás, bata blanca y muy bien planchadita. Aquello era muy austero, muy frío, vamos un lugar para todo menos para que nos tocara el huevo, o eso nos parecía pero... lo del huevo ya no importaba,  eso no tenía importancia alguna, una simple varicocele o resquicio de una operación de hace muchos muchos años, ahora interesaban "otras cosas". 
Intentamos caerle simpático, le preguntamos por si conocía a nuestro amigo de la adolescencia Miguel Rado, urólogo también, pero ni por esas. Si. Le conocía, es más, le caía muy bien y nos mandó recuerdos para él. No nos valió para nada ¡¡¡Que te den por el culo Miguel!!!!
Que tiempos los que corren, ya nada es como era, todo ha cambiado, nada de eso del típico "estudias o trabajas", sin precalentamiento previo, sin unas copitas, casi sin presentarnos, nada de nada, se limitó a preguntarnos la edad y nada más informarse de los trienios que acumulamos pilló un guante transparente del armario y tras especular con la presunta necesidad para nos desconocida de hacernos una revisión de la próstata, nos largó un grosero... "Bájate los pantalones, te voy a hacer un tacto rectal". Lo sabíamos, sabíamos que iba a pasar, lo sabíamos!!!!!!
Nos embargó la vergüenza, no nos dio tiempo a mucho más, lo suficiente para mirar su mano y ver que era enorme. Dios que mano!!! era como la de un pelotari vasco y los dedos gordos como morcillas. Nos puso a cuatro patas, así, como lo oyen, en pelotas de la mitad para abajo, con los calcetines puestos y a cuatro patas encima de una especie de camilla sin ruedas, imagínense la escena. propia de José Luis López Vázquez...
Horroroso,  espeluznante, aterrador, indecoroso, aquello nos marcará para siempre, de repente los ojos se nos salían,  una cosa extraña y de la que queremos pensar que era un dedo invadió nuestros adentros, no solo nos perforó sino que encima se deleitaba enredando en nuestro interior. Aquello nos resultó eterno, allí dejamos nuestra virilidad, hombría y si nos apuran, hasta la dignidad. Vamos a dejarlo correr, dejémoslo, no pienso pensar.
Tras invitarnos con una sonrisa a volver cada año para repetir, salimos de allí que no sabíamos a donde mirar. El esfínter nos patinaba, teníamos allí abajo una especie de asquerosa vaselina que resbalaba con nuestro andar, habíamos perdido la decencia, estábamos aturdido, es como si por el hasta hoy virgen y ahora dilatado agujero fuéramos a perder las alubias del almuerzo.
Todo el mundo debería leer nuestro apesadumbrado rostro, para nos que toda la gente lo sabía, no nos atrevíamos a cruzar la mirada con nadie, estábamos humillado, avergonzado, derrotado, todo el mundo parecía saber que al Pobre Pin le habían dilatado el agujero. Pobre Pin.
Algo podemos asegurarles, no se rían puesto que... a todo chon le llega su san Martín.
Saludos, Pin.