07 septiembre 2023

No sabe quién soy.


Que nadie le pregunte quién soy, no hace falta, lo sé y lo vivo cada día, me lo dice con el triste silencio de su lenta mirada, con la profundidad de una cruel ausencia. Ya no conversa, le cuesta mucho levantarse y caminar, tiene pánico al viento y a la lluvia, tarda en pensar, habla para sí de cosas que sólo él sabe y no entiende.

Manosea cromos de animales buscando la pareja, coloca a su manera las fichas de dominó y aplasta una y mil veces las burbujas de su juguete preferido. Mira la tele sin parpadear, ya no lee los rótulos y sólo le entretiene la vacía oscuridad de su memoria. Nada pide y nada da, sencillamente no está, come y bebe cuando se lo das. Se pone perdido con el cucurucho de helado, le embelesan las palomas y le encanta hablar a los niños.

Para el reloj de su olvidada vida cerrando los ojos mientras su familia, impotentes, luchamos con besos, caricias y abrazos contra la maldita tristeza de su enfermedad pero que nadie le pregunte quien soy, no hace falta, la silenciosa mirada de su respuesta se clava cada día en mi alma, no hace falta, él no sabe quién soy pero yo si. 

Es mi padre.

19 marzo 2023

Una vida sin dinamo.


Aquellas bicicletas pesaban más que un cochino. En casa teníamos una de color indefinido entre óxido, marrón y rojo viejo. La usaba mi abuelo para ir a trabajar, pesaba tanto que cualquiera diría que la había parido la forja de mi tío Esteban.

Yo no llegaba del sillín al recorrido bajo de los pedales lo que me obligaba a meter medio cuerpo bajo la barra del cuadro y recuerdo que le soltaba la dinamo para que corriera más, aún no me explico como no nos partimos la crisma bajando medio torcidos a lo que daba la gravedad por el empedrado de Las Cabeceras al Cristo, nada nos pasó nunca, algún que otro porrazo de vez en cuando y a bajar otra vez. Lo de subir era ya otra historia, la perspectiva era diferente y la pendiente mucho mayor.

La vida era entrañable, la señora Ana nos nacía el avituallamiento, su puerta siempre estaba abierta, allí entrábamos y salíamos como si fuera nuestra casa, de hecho, en su poyo de los asaos, entre sudores y carreras saciábamos la sed y la buena mujer, a sabiendas de ello nos dejaba sobre la corcha de la tina el cazo dispuesto, uno para todos y todos a beber de uno, nada pasó nunca, nada nos pasaba más allá que alguna que otra cagalera.

Cuando no nos jugábamos el pellejo nos apostábamos un chicle a ver quién escupía más lejos, jugando a los boliches o haciendo mandaos a dos pesetas buscando poleo o pillando higos. Creo que a la vida le gustábamos, de hecho, jugaba alegre con nosotros a vivir.

Peletes en la pila nos frotaban las rodillas con estropajo de esparto, o quedabas limpito o mudabas la piel y nada nos pasaba. Hacíamos guerras con tirachinas y nada nos pasaba, alguna que otra pitera y poco más.

Creo que vivíamos otra vida, aquella vida era diferente y nunca pasó nada, nada nos pasaba y eso que vivíamos sin dinamo.

18 marzo 2023

Palabras vivas.


Entre papeles hoy he leído unas letras de un ser muy querido. La palabra escrita es el terror del olvido, una faena de rencor para el viento que no tiene nada que llevarse. Lo plasmado refresca la verdad en un caño de vida, en un paño húmedo de sentimiento, en una profusión de vivencias, sensaciones y olores rescatados de entre las nubes de la indiferencia. 
Te permiten ir por el mundo vestido de presente en el futuro, sin dolor o con las heridas abiertas, al descubierto o tapado con letra a modo de venda futura, dar vida a quien quieras cuando quieras, sin cuidado ni permiso para sanar. 
Que todo lo que en ese momento quieras quepa en la mochila de unas estrofas, sin más candado que un basto nudo correrizo, que sólo tengas que pulsar teclas para echártelo al hombro y caminar entre las voces del silencio, sin mirar atrás.
Olvidar o recordar, caminar o detenerte, nombrar o callar, ser libre sin conciencia, sin más ataduras que tu propia libertad.
La palabra escrita siempre estará ahí, recordando a quién sin quererlo será siempre recordado, flotando en la vida, en la eternidad.

09 marzo 2023

Cosas chulas.


Recuerdo que en casa de mi abuela había muchas cosas chulas, era un auténtico castillo. Recuerdo un botijo de barro sobre un platillo de esos en los que ponía "Recuerdo de no sé dónde", una mesa camilla con tapa de ganchillo y por abajo un brasero de picón con dos asas y una paleta de hierro para "revolver".

Había un calienta-camas de goma de color azul, una virgen dentro de una bola de cristal que si le dabas la vuelta veías nevar, una radio con botones y una rueda a cada lado, una plancha de hierro, una sartén grande y con el mango muy largo donde mi padre preparaba las migas, un candil de aceite con mecha de "palomilla" y un cajón con velas usadas.

En un trastero del patio al que se accedía por unas estrechas escaleras había un baúl de madera que nunca abrí, muchas revistas viejas, una bicicleta muy grande y pesada, una romana, una cesta de goma de mi abuelo con un martillo sin palo, un hacha oxidada, una paleta, varias cajas con clavos y un par de llanas viejas. En lo alto de un armario recuerdo mucha herramienta que no sé para qué valdría y un viejo balón de reglamento desinflado.

En el patio, sobre una balda a la altura de la pila de piedra había una palancana blanca descascarillada con una pastilla de jabón "Lagarto" en su interior, una cuchilla de afeitar de color bronce que se abría y cerraba con un mango a rosca y una brocha de pelo con mango de nácar blanco. Muy chula. Había también una muy usada tabla de madera para lavar y un cepillo para blanquear atado a un palo con restos de cal blanca que a mí me parecía muy largo.

Había muchas cosas chulas en casa de mi abuela.

27 febrero 2023

De paseo con mi niño.


Hoy hacía frío, bastante frío, así que el paseo con mi niño ha sido en coche. Le encanta. Él me enseña cada día que las cosas no son como todo el mundo cree que son así que tampoco hay que discutirlas, que la Isla del Camello antes no estaba ahí, que el edificio de Feygón ha crecido mucho, que nunca había pasado por aquí, que anda que no ha pasado él veces por ahí…

Que las cosas se dicen mil veces porque cada vez es su primera vez, que no ha merendado aunque haga diez minutos se haya puesto tibio, que él no ha dejado la luz encendida, qué el nunca ha sido.

Que hay que mirar sin ver, que no hay que tener malicia, que sólo hay que quedarse con lo bueno, que hay que vivir sin filtros ni caretas, ser cariñoso con todo el mundo y decir cosas que nunca me ha dicho, a dirigirse a mi como "cariño".

Hay veces que pienso que mi padre es un niño feliz, muy feliz,  y eso es lo único que me importa.

Hoy hacía frío, bastante frío. 

17 enero 2023

Vivimos.


Únicamente había dos canales de televisión, por supuesto en blanco y negro y la emisión empezaba a las seis de la tarde. La luz era de 125 voltios, los interruptores se accionaban girándolos hacia la derecha siempre 180 grados y los cables se enrollaban sobre sí mismos como una soga.

Antes de salir a la calle había que rellenar una hoja de Cuadernos Rubio al son del consultorio de Elena Francis, en la mesa camilla de la cocina, sobre un tapete de ganchillo que se retiraba para comer. Merendábamos bocadillos de salchichón, "fuagrás" o chorizo de Pamplona y el papel higiénico era "El Elefante", una verdadera lija del doce.

Todos los primos tenían su foto de la primera comunión en el salón, entre recuerdos-regalo de los vecinos de sus viajes a Zaragoza, Salamanca, Cáceres o poco más. Jugábamos y vivíamos en la calle, a las chapas o el gua, al fútbol o al escondite y nuestros juguetes eran un balón o una espada de madera, una "rana" metálica, una especie de soplador que mantenía flotando en el aire una pelotita de ping pon o los patines de cuatro kilos que se ataban a los pies con dos trinchas de cuero. La bici siempre era de otro.

Llevábamos pantalones cortos hasta los once o doce, casi casi hasta el primer afeitado, había dos reales, pesetas, duros y cinco duros y nadie tenía teléfono, así era la cosa, la Lechera, Cola Cao, chicle Cheiw y la gaseosa "Pitusa" o "Revoltosa".

Mi nieta mayor me pregunta si tenía móvil y flipa. Seguimos viviendo.

06 enero 2023

La REALidad.

Hace más o menos 25 años, no lo sé con exactitud cuantos hará, por petición expresa del cura de la Residencia de Mayores de Cueto, un 5 de Enero, noche de Reyes,  mis amigos José Zamanillo (q.e.p.d.), Alfredo Gutiérrez y yo nos disfrazamos de Reyes Magos para la ocasión y fuimos allí de "Visita Real". Siempre, cada día de Reyes me acuerdo de aquella fecha.

Desde casi un mes antes, la dirección de la Residencia había contactado con los familiares solicitándoles que depositaran allí cualquier regalito porque se lo iban a entregar los Reyes Magos ese día…

Llegada la fecha y a la hora concretada, tras vestirnos, pintarlos la cara y con la curradísima pompa que habían preparado el personal de la Residencia, hicimos entrega por el pasillo central de aquel gran salón… Nunca podré olvidarlo y me juré que jamás me ofrecería para repetirlo.

A los mayores se les saltaban las lágrimas, nos extendían la mano y miraban con injusta esperanza reclamando no sé qué. Tras el boato y saludos nos sentaron en una especie de tronos. Una de las chicas iba llamando uno por uno a los mayores y nosotros les hacíamos entrega del regado que previamente habían depositado sus familiares. Uno de aquellos mayores, al recibir de mi mano su regalito me dijo… "Majestad, yo no quiero nada, sólo quiero ver a mis hijos."

A aquel hombre y ese instante jamás lo olvidaré, pero cuando acabamos y nos reunimos en una habitación de aquel lugar para desvestirnos, Alfredo y Jose tenían los ojos inundados de lágrimas, a ellos también les habían dicho cosas parecidas. Estábamos jodidísimos los tres.

Termino, de 200 personas que podía haber allí sentadas sólo repartimos regalos para 20 o 30.

Esa es la puta REALidad.

20 enero 2022

El sabor de la vida.



En el hierro de la cocina siembre había un viejo pucherino de lata descascarillada, de color parecido al marrón, con una sola asa y tapa redonda con visagra. Dentro, un colador de trapo que algún día debió de ser blanco y tres dedos de posos empapados en su jugo de café.

En el zaguán y la mesa camilla, un matamoscas rectangular, de plástico de colores y con un largo mango de alambre retorcido. Un brasero de picón sin tapa, una pala para revolverlo y un botijo de barro sudoroso.

El tapete era de ganchillo y posaba sobre otro más grande de cuadraditos de lana. Todo hecho a mano.

La puerta de casa era de madera, muy pesada, pintada de marrón y dividida en dos cuerpos por su mitad, con pasador de hierro en el interior de la parte de abajo que se abría simplemente metiendo el brazo por arriba. Abajo, una gatera con cortina de “escay” para el paso libre de los michinos. Nunca conoció llave que la cerrara. Por fuera, un escalón donde sentarse, ver pasar la vida y charlar con quien terciara.

La salida al corral la marcaba una cortina anti-moscas, hecha de boliches de alargados de plástico, de muchos colores y atravesados por el alambre que los unía.

La vida olía diferente, era calor de pan caliente, olor a porras y fragancia a café del pucherino, un viejo pucherino de lata descascarillada de color parecido al marrón…

La vida sabía diferente.

30 julio 2021

El pincho.



Va a haber que empezar a regular de una vez por todas un tema muy importante, los pinchos de tortilla. ¡En esta tierra la tortilla española es religión y por lo tanto merece un respeto!!!!

Hay pinchos y pinchos, pinchos que sangran huevo crudo, pinchos secos como la mojama, pinchos en los que comen dos, pinchos de nunca acabar, pinchos que son postre para solo gorrión, pinchos de vergüenza y vergüenza debería darte ponerme éste pincho...

Vamos a ver si nos aclaramos de una vez y ponemos orden que esto es un sinvivir.

18 marzo 2021

El trapo amarillo


El trapo amarillo lo inventaron nuestras abuelas, la mía tenía uno que no era exactamente un trapo ni tampoco era amarillo, era una especie de pañuelo-balleta-paño que vivía en el bolsillo central de su mandil.

Era un trapo público y multiusos que lo mismo te lavaba la cara y limpiaba los mocos (aunque más que limpiarlos te los arrancaba) que curaba heridas de las rodillas o lamía del suelo el agua que lloraba el barro del botijo. Era un trapo para todo…

Su textura era variada pero nunca suave, podía ser de tejido telgal, tela, o lienzo, cualquier retal valía mientras arañara la piel, lo que venía a ser suave lija del doce. Se usaba seco o empapado dependiendo de su primer uso, que por cierto condicionaba sensaciones al que viniera detrás.

Lo del color era otra historia, digamos que era de tono mutante dependiendo del día, el uso y sus circunstancias, alternaba verde de flemas con negro de la pala del brasero o rojo oxidante sanguíneo, depende de la ocasión.

El caso es que recuerdo aquel trapo como un entrañable harapo amarillo, arrugado, rugoso y siempre mojado que secaba sus ojos y recogía emociones de risa y pena, de alegría y dolor, recuerdo un trapo bendito en unas manos rotas de trabajo, paz y amor.


03 noviembre 2020

Bingo!!



1.     Si respetas las tradiciones y símbolos de España, eres un facha.

2.    Si te gusta la historia y su épica militar, eres un facha.

3.    Si aun no siendo taurino no estás en contra de la prohibición de los toros, eres un facha.

4.    Si tampoco estás en contra de la caza, eres un facha.

5.    Si respetas los símbolos religiosos, eres un facha.

6.    Si crees en el mérito del esfuerzo y el trabajo, eres un facha.

7.    Si crees en el respeto y el principio de autoridad, eres un facha.

8.    Si estás en contra de la igualdad de derechos entre vagos y currantes, eres un facha.

9.    Si estás por el control de fronteras y contra la inmigración irregular, eres un facha.

10. Si no usas por considerar hortera a más no poder el idioma de género, eres un facha.

11.  Si consideras a los niñatos enajenados por el odio al sistema como potencialmente peligrosos, eres un facha.

12. Si valoras la cultura de la edad, la experiencia y la educación aun sin estudios, eres un facha.

13. Si tienes memoria para todo y no sólo la manipulada "histórica" ahora mal llamada  "democrática" que nos divide y enfrenta, eres un facha.

 

Trece de trece, bingo!!!. Soy facha.

05 octubre 2020

Luchar juntos.

No pensaba pensar... Me siento en la porción más endeble de su memoria, el espejo retrovisor es intocable, los asientos a su medida, todo está bien, regulado a la altura de sus vivencias. El trayecto se acompasa por etapas con el pulso de la edad, intento estampas sin criptografía, puras, fáciles, claras para ganar la espalda al tenebroso vacío del olvido.
Los recuerdos son golosinas de amor que no se dejan a medias, antes me las contaba él, hoy soy yo quien se los recuerda, se trata de untar su mente en la memoria. El paso del tiempo es despiadado con los recuerdos, con pedazos de su vida hoy más ligeros que el aire, con más recovecos y sombras cada día.
Es una batalla para lucharla juntos. Joder y no pensaba pensar...

01 octubre 2020

Somos una mierda.


Y no nos da vergüenza...

Uno. Hace una temporada, a mi padre, que tiene 84 años le vino una factura desorbitada de móvil al parecer por "jugar" por internet con el teléfono móvil cuando apenas sabe llamar. Tuvimos que lucharlo hasta que se demostró la falsedad y le devolvieron el importe. Rabia.

Dos. Hace menos de un año y por casualidad, descubrimos que tanto a mis padres como a un familiar incapacitado de cuya tutela jurídica mi madre es responsable, una entidad bancaria había contratado sin su permiso y en su nombre Fondos de Inversión. Una vez en el follón y examinado el contrato de subscripción, no figuraban sus firmas, falsamente les constaba el haber sido informados y encima les adjudicaban la tenencia de estudios medios para justificarse… Asco.

Tres. Ayer llamaron por teléfono desde "su" compañía de suministro eléctrico informándoles que su contrato había caducado y que tenían que realizar uno nuevo, ofreciéndose para para formalizárselo por teléfono tras facilitarle una serie de datos personales… inmediatamente me llama mi madre muy asustada por que les iban a cortar la luz. Repugnancia.

Hoy he ido a hacer gestiones con mi padre y entre otras acompañarle al banco a sacar dinero. Pues bien, tras esperar la inevitable cola la de la "ventanilla" como él dice, le informa que para sacar menos de 600 euros tiene que hacerlo a través del cajero… Buuuuuffffffff que impotencia…

No sigo pero podría, el caso es que tienen que vivir el día a día en defensa propia, con miedo a que les peguen el palo al salir del banco a que les estafen por teléfono ¿En qué nos estamos convirtiendo? ¿De verdad que tienen que pasar por esto? ¿cómo lo hará quien no sepa hacer usar un cajero o tenga que le acompañe?

Asco, mucho asco, vivimos en una mierda de sociedad.

30 abril 2020

Puto Alzheimer


Las palabras perdidas no llevan letra, se pierden en la impotencia de una mirada inundada por el miedo. Sus palabras flotan entre parones de angustia que interrumpo diciéndole que está demasiado guapa para no poder salir de casa, que como entre y pille a ese novio que tiene escondido se va a enterar... una risa ilumina su cara. 
De ventana a ventana, con el precipicio de la realidad entre ambos he hablado con Antonia, no ha sido fácil para ella. 
Puto Alzheimer de mierda. 

27 octubre 2019

Tips para ser moderadamente feliz y no morir en el intento.


1.- No discutas. Di a todo que si y luego haz lo que te salga del higo. No merece la pena tener razón.
2.- Cuidado al desayunar, no confundas el brik de la leche con el del caldo, te quedará un café asqueroso.
3.- No des más de lo que debas. Se acostumbran y no lo valoran.
4.- Valora tu tiempo, no es ilimitado, es tuyo y no lo venden en los chinos.
5.- Sal de vez en cuando a la calle sin móvil. Es una pasada y enseguida le cogerás el gustillo.
6.- No ensalces ni sobrevalores a nadie. Cuanto más alto mayor será la hostia.
7.- Cambia más frecuentemente la cuchilla de afeitar. Es otro mundo el afeitado suave.
8.- Si tienes miedo a perder algo... piérdelo y tendrás un miedo menos.
9.- No escuches las noticias, la verdad no cuela.
10.- Ni Mahoma, ni montaña ni pollas.

16 septiembre 2019

Aprender a ser feliz.


Dos amigos míos acaban de ser abuelos, eso es lo que te matricula en la facultad de la alegría, evidentemente, no tienen ni idea de cosas importantísimas que si o si tienen que saber, veamos….
Los frigodedos son helados no fríos ideales para cuando están malitos de la garganta, no les compréis chakys que se atragantan, son mejores los Jumpers pero ojito!!! Los que tienen sabor a kétchup pican!!, la plastilina esa que no mancha es una porquería porque no se queda dura,.
Cuando vayáis al McDonald no elijáis la muñeca del Happy Meal, os va a dar igual, siempre hay una que no tienen.
Para encontrar las vacas con faldas que haciendo ganchillo o los caracoles bailando un tango entre las nubes la mejor hora es la de la comida porque nadie está mirando al cielo mientras come.
Para buscar cocodrilos rosas, ciempiés con calcetines o delfines en el río hay que llevar botas mágicas para no mojarnos los pies.
Tenéis que aprender a andar patrás y sin pisar la raya, hacer la estatua hasta que te den un beso, comprar helados en "sucreto", bajar antes que ellos por el tobogán para secar el agua de la lluvia, no hablar sin gesticular y no perderte ni un solo instante de sus vidas.
Tenéis que aprender a ser felices!!!! La vida no te deja repetir.

06 agosto 2019

El pollo del Carrefour.


Para nada se presentaba la mañana como tendente a la investigación en la teoría evolutiva de la especie ni mucho menos, además… soy de letras. El caso es que nada más salir de la ducha, al enfrentarme al mirror no vi sino una masa por la que por todos los lados  (y por alguno más que por otro) brotaban verdaderas matas de vello que incluso por determinados lugares conformaban lo que pudieran considerarse auténticas boninas de lana.
Miotroyo no dijo nada y simplemente calló, por lo que en un momento me vi con la segadora al cero desfilando por esa superpoblada parte…, cuando me quise dar cuenta ya era tarde así que… “of lost to river”. Paso a la Gillete Venus.
Una vez recolectados sobre la bañera los 57 años de crecimiento ininterrumpido de vello a lo largo y redondo de mis 92 kilos fue cuando miotroyo, descojonándose al oído me dice…”date crema gilipollas que te está picando todo el cuerpo”, y así era.
Una vez reduchado, secado y cremado frente al espejo de nuevo hice el descubrimiento que cambiará el curso de la historia y el devenir del futuro… Darwin no tenía ni puta idea!!! Una vez eliminada la blanquecina y vintage por peluda apariencia del cuerpo humano se puede apreciar sin ningún género de dudas que…, el hombre desciende del pollo del Carrefour, o al revés, que da lo mismo.
Darwin no se depiló nunca, seguro.

25 septiembre 2018

El paticorto.


Yo vivía en una calle en cuesta y a mitad de ella, en la otra acera y frente al colegio había una panadería en la que cuando me daba mi tío Domingo la propinilla me compraba "Xuxos", unos donuts alargados, sin agujero ni leches, con azúcar acristalado por encima y relleno de una crema que me volvía loco.
En la puerta de la panadería estaba casi siempre el perro de la panadera atado a una argolla. Era un perro pequeñajo, paticorto, negro y feo de cojones al que me encantaba putear, al pasar por allí le sacaba la lengua y me burlaba de él intentando asustarle con cualquier cosa que llevara en la mano. Ni se inmutaba el cabrón.
Unos pocos metros más abajo estaba la tienda de electricidad "Petman" y un día en el que mi madre me mandó hasta allí a comprar algo, al volver hacia casa y pasar por delante de la panadería, el cabrón del perro, que estaba suelto, salió hacia mí como un obús, eché a correr lo que pude pero… el en aquel momento nada paticorto me trincó por la nalga derecha y recorrí unos cuantos metros con él de ahí colgado, se vengó con ensañamiento el muy cabrón.
Acabé en la clínica de la Cruz Roja con un banderillazo del tétanos y la firme promesa de no volver a pasar por allí hasta que aquel perrucho cascara el huevo. Y así fue.
El paticorto aquél me recuerda a Villarejo. La venganza es hija del tiempo y nieta de la oportunidad.

01 diciembre 2017

A tomar por culo!

Dentro de nada llega la Navidad y toca ser bueno así que hay que darse prisa que se nos hace tarde... Yo acabo de hacerlo.
Es fácil y lo puedes hacer de palabra, por guasap o simplemente pensarlo mientras  cierras el puño y estiras a la vez que levantas el dedo corazón, es una cuestión de higiene mental que convalida tercero de taichí, de hecho, donde esté el mandar a tomar por culo que se quite el yoga y la meditación, el mandar a tomar por culo es como recibir un tratamiento termal sin quitarte los gallumbos. Relaja.
Lo puedes acompañar (antes mejor que después) con un "Hasta los huevos", "Le manda cojones" o "Que te jodan, imbécil", el caso es hacerlo bien, aunque no lo digas, hazlo para ti, mayusculado, con guiones y acentuando monosílabos… "VÉ-TE-A-TO-MÁR-POR-CÚ-LO…"
El hecho en cuestión es un gesto patriota, algo tradicional y muy español y encima no tiene contraindicaciones ni efectos colaterales, no hay posología ni peligro de sobredosis y lo mejor de todo, ...te quedas como Dios.
Estos de los cansinos catalibanes hasta el higo así que... A tomar por culo!

02 noviembre 2017

Una patadita.


Aquello más que frigorífico era una nevera de hielo que ya cuando entró en casa era antigua de cojones. No tenía esquinas, sus bordes estaban redondeadas, era de tamaño medio y no sé de dónde habría salido, lo que sé es que compartimos muchos años juntos, toda mi infancia.
Aquello no enfriaba, aquello era un glaciar encerrado, enfriaba sin media, tanto que el hielo se escapaba por sus juntas hasta lograr abrir las puertas por lo que cada poco había de desenchufarla y dejarla abierta toda una noche para temperatura ambiente deshiciera  el iceberg.
Aquella nevera era muy graciosamente peculiar. Cuando teníamos visita en casa, sobre todo cuando venían a merendar mis tías que ya por entonces eran muy mayores, mi madre la desenchufaba no sin antes calcular de forma exacta el tiempo para evitar el desparrame de agua por el suelo… Aquella maniobra no era baladí, para nada, aquello estaba más que justificado en defensa de la integridad de las pobres tías, tenían perras pero tampoco era para cargárselas de un infarto…
De vez en cuando, cuando le venía bien, la nevera en cuestión que tenía vida propia, no es que vibrara, no, es que saltaba mientras emitía unas extrañas ventosidades  balanceándose sobre su posición hasta tal punto de temer que cualquier día tomara la puerta y se pirara… pero lo más curioso era el método para pararla… el gesto se familiarizó tanto que lo veíamos de lo más normal, le soltabas una patada y se estaba quietecita, y eso me ha hecho pensar, una patadita y a correr.
Cosas de mi dispersidad.

14 abril 2017

El tocinetas.


Ya lo decía Sir Francis Bacon, aquel canciller inglés con nombre de tocineta, "Nada se sabe bien sino por medio de la experiencia", que listo era el jodío... seguro que lo había probado.
Hoy quiero hablar del Bisolvón, ese rojizo mejunje mágico que por valer para todo, todo lo cura. Ya por el año 83, durante mi estancia como diácono en el convento de Úbeda pude apreciar las mil y un aplicaciones curativas del Bisolvon. Según entrabas en aquella habitación de clausura, sea cual fuere la sintomatología, el tratamiento siempre era el mismo, Bisolvon.
Que te dolía la cabeza... Bisolvon, que no te dolía, Bisolvon, que tenías tos..., Bisolvon, que no tosías, pues Bisolvon, el Bisolvon valía para todo, de ahí que no hiciera falta médico en aquel vetusto cenovio, allí hacía de sanitario cualquiera que hubiera aprobado con nota primero de cocción de huevos y corte de perejil.
Ni los aviones, ni la telefonía ni ná de ná, el Bisolvon es uno de los inventos de la historia. Hoy, treinta y cuatro años después de nuestra ordenación en el sacerdocio, la cosa no ha cambiado demasiado, la propedéutica y posología sigue siendo la misma, ni cucharilla ni hostias, el buche, la única variante es el nivel de resistencia del paciente y por ende el resultado.
Hoy, sea cuales fueren los síntomas, el resultado siempre el mismo, somnolencia y cagalera o lo que es lo mismo, ni tos ni leches, sólo hay que tomarlo para ir al baño y a la cama, defecar y dormir, por este orden, y así cada vez que te tomes Bisolvón te irás de varilla como un mirlo y acabarás más grogui que un argentino mudo.
Avisados quedáis que la experiencia es la madre de la ciencia, y eso no lo dijo el tocinetas ese.

30 enero 2017

Cosa de niños.


Hoy le toca al día escolar por la no violencia, día de lucha contra el acoso escolar, un día que como todos los días de algo debiera de ser objeto de lucha de todos los días, un día cualquiera, como tantos otros días como contra tantas cosas.
El acoso escolar es esa terrible crueldad sin importancia que te amarga la vida y marca la adolescencia, ese diario y gratuito sometimiento a la humillación porque si, ese pavoroso miedo que te llega a provocar síndrome de Estocolmo, esa cobarde y alevosa presión que te lleva a la sumisión, que te hace ver responsable y culpable por llevar gafas, tener sobrepeso, portar audífonos, vivir con cualquier minusvalía o simplemente ser hijo de picoleto donde ser hijo de picoleto está socialmente penado.
El acoso escolar es eso que se viene a llamar "Cosa de niños", un prepotente y cobarde ataque a más no poder contra el indefenso, un problema de todos y que empieza por todos y sobre todo por los padres de la chulería y la prepotencia. 
El acoso es lo que puede provocar que pase lo que lo que tiene que pasar y eso que... pocas cosas pasan.
Y no es cosa de niños.


19 noviembre 2016

El carril rosabici.


No sé con quién habrá que hablar pero hay que modificar el santoral pero ya!, ya mismo! no sé a qué estamos esperando, hay que crear el día del San Peatón de los Urbanitas, San Sufrido Caminante Hasta la Playa de Peligros o como se llame, un icono de deidad al que rendir culto y solicitar amparo ante la tiranía de San Bicicleto Urbano, alguien que te proteja de las miradas asesinas de quienes reglamentaria y ajustadamente amparados a su derecho haga lo que le salga de los huevos por el mero hecho de ir montado en bici por donde le salga de ahí mismo, alguien que nos proteja de los vergonzosos riesgos físicos en caso de pisar la linea que delimita el carril rosabici de uso privativo y exclusivo por parte de los comoloinvadastepartolaboca, que nos aclare si tiene que parar en los semáforos o no como todo hijo de vecino, si debe o no bajarse del artefacto en los pasos de cebra y nos aclare de una putísima vez si es usuario de vehículo a tracción animal de dos patas o peatón para ir por la acera haya o no carril rosabici cuando le salga de los cojones.
Yo creía que lo de los carriles rosabici estaba muy bien para disfrutarlo con los más pequeños pero no, es para matones con pelos en las bolitas paseando sobre dos ruedas y deseando que alguien se les cruce para volcar su amargura vital. 

La behache.


En mi época había dos clases de niños. los que tenían bici y los que no, que pena de los segundos, nos moríamos de envidia.
Creo que entre nosotros el único que la tenía era José Manuel y de casta le viene al galgo, hoy es uno de esos banqueros que no bancarios asquerosamente montados en pasta y del que curiosamente he vuelto a saber por la prensa más de cuarenta años después.
Era una behache blanca con el manillar y guardabarros cromados, toda una behache y de las buenas. El tener una bici de esas era todo un lujo, si tenías una bici y encima era behache tenías un montón de amigos y si además merendabas bollos de aquellos que venían en una bolsa de plástico transparente tipo perrito caliente rellenos de nocilla... entonces ya eras Dios.
Nos poníamos en fila para que nos dejara dar una vuelta alrededor de Itxas Mendi que venían a ser algo así como trescientos metros a mayores, unos trescientos metros para lucirse a tope, trescientos metros de los de mentiras, pero qué trescientos metros...
Hoy la cosa ha cambiado, hoy hay dos clases de niños, los que tienen móvil y los que no. Que pena de los primeros, y encima merendarán veneno mimetizado en asquerosos bollos de esos rellenos de nocilla...

08 abril 2016

Cochinadas.

Hace años, muchos años, allá por los ochenta a.c. vivíamos en Polio, una zona de la ciudad en medio de cuestas donde fueras por donde fueras tenías que subir una rampa de tres pares de cojones, pero no una rampa cualquiera no, una rampa de las de piolet y pies de gato.
Vivíamos en un piso de dos habitaciones con poco más de cuarenta metros cuadrados y de los que una muy sustancial parte los ocupaba un aparato de aquellos de vídeo uvehacheese que todavía debe de estar hibernando por el trastero.

Las tardes de aquellos lluviosos e invernales domingos en los que el curro lo permitía eran tardes de sofá con peli, y mi mujer que a base de duro entrenamiento aún hoy y desde entonces ostenta el récord de Campeona del Mundo de I.G.M. (Ingestión de Gominolas por Minuto) lógicamente necesitaba de un periódico e intensivo entrenamiento que normalmente realizaba mientras se tragaba  la película y así...
- Anda cuqui, "porfa"...  (ya estás jodido Pin, cuando te llama cuqui ya estás jodido).
- Que no joder, no me hagas salir de casa, mira la que está cayendo...
- Joooo, anda, "porfa" (y dále con el "porfa"), que es un minuto, anda... que no tardas nada...
- Que no coño, que no me apetece salir.
- Venga! si me traes cochinadas te hago... patatas con bacalao.
Buuuuaaaahhhhhh, paraaa, paraaaaaaaaa que eso ya es otra historia. Cuando mi mujer me dice "te hago" no se refiere a lo que estáis pensando, no, no habla de cualquier chorrada o caprichito puntual sin importancia ... no, estamos hablando de "patatas con bacalao", osea, de lo empíreo, el manjar de los manjares, la delicia gastronómica nacional, el orgasmo del paladar, lo que se come cada día en el paraíso, el premio a toda una vida sin pecar, patatas con bacalao!!!! sólo con pensar en las patatas con bacalao aparecen en mi rostro los primeros síntomas de una horrible mutación en la Esteban esa de la tele, por las patatas con bacalao... maaaaaato.
Ahí veías al pobre Pin, escalando bajo la lluvia hasta General Dávila para llegar al videoclub y regresar con una peli y una bolsa enorme de cochinadas para su entrenamiento. La causa lo merecía.
No era raro que por el camino me encontrara con algún que otro pringao que como yo saliera a comprar cochinadas, unos por una íntima promesa con final feliz y otros como yo por lo verdaderamente importante, por lo etéreo y celestial, por una cazuela de patatas con bacalao pero eso si, en cuanto a lo de cochinadas todos sabíamos lo que eran, eran gominolas y punto... pero es que hoy... no sé no sé...
Esta mañana al venir a trabajar me ha coincidido parar delante de una tienda de esas de autoservicio veinticuatro horas de las que venden de todo, patatas fritas, café, chuches, recargas de móvil, bocadillos calientes y... ¡¡¡productos eróticos!!!
Bufffff, eso me ha hecho pensar e inmediatamente me he acordado de aquellas tardes de domingo de peli con cochinadas y es que, por más que lo intente no me imagino yo encontrándome con algún conocido en la puerta de un establecimiento anaranjado de esos y decirle que venía a alquilar una peli y comprar cochinadas... no, va a ser que no, que ni por las patatas con bacalao.

05 abril 2016

Mi momento zen.

Hoy tocaba analítica, ya sabes, pinchazo en ayunas. Yo me las hago en un laboratorio de Calderón de la Barca, cerca la Plaza de las Estaciones, es el que más cerca me pilla del curro.

Cuando llevas a dieta cierto tiempo como es mi caso, cualquier cosa tiene su queseyó y nada más pincharte se te pasan por la cabeza cosas de lo más pueril a la vez que divertidas pero que sería de la vida sin esos momentos...

Nada más salir de tan sangriento antro lo primero que piensas es en desayunar, pero no desayunar como en casa cuatro galletitas sin azúcar y un café endulzado con stelvia, ni de coña vamos... y además, como no te ve ningún familiar...

A menos de diez metros según sales está el Bar Español, un bar con un nombre con dos cojones y un par de camareras simpatiquísimas de la muerte pero no estamos ahora para deteitarnos en sus agradables dotes comunicativas...

- Pin no mires.
- Calla coño, tú no te metas, vete a cascarla por ahí.
- No me jodas Pin, no mires.
- Como que no mire, no mires tú so gilipollas, déjame en paz.
- Pero si te acabas de pinchar!!!
- Pues por eso mismo capullo!!! ésto ya no cuenta!!

Paso de mi conciencia, busco el pincho más grande, una taza-piscina con café donde poder hacer tres triples tirabuzones y un mortal de espaldas desde un trampolín de cuatro metros y no tocar fondo, un vaso de tubo a reventar de zumo de naranja y azúcar, mucho azúcar, muchísisisisimo azúcar.

La decisión está tomada, quiero ese! el más grande y asqueroso, un sangüich con huevo frito entre grasientos filetacos de beicon a la plancha, media hojita de lechuga por el que dirán y mayonesa, mucha mayonesa. Veneno del bueno, del que mejor mata, del que sólo te mata una vez. Como hay que matar.

La simpática niña que me atiende me lo sirve en plato con cuchillo y tenedor, si, ya... para mariconadas estamos... Lo cojo con las manos, con ganas de guarrear y lo muerdo con ansia, con pasión y observando de forma placentera como se me escapa la mayonesa por todos los lados para después pasar la lengua por donde haga falta, paso de connotaciones sexuales en cuanto al uso de la lengua, yo solo quiero disfrutar de mi momento y chupar mayonesa...

Ya pasó, ya estoy bien, ni arrepentido ni leches, esta tarde una hora de espining y a cascarla a Ampuero, a Pancho (mi médico) no le engaño y se va a enterar pero... hay momentos para disfrutar de la vida y éste era uno de ellos, era mi momento, mi momento zen.

03 febrero 2016

Aroma de sábado.

La nevera era una nevera de las de antes, nada de mariconadas frigoríficas de las de hoy, era un aparato constructor de neveros de hielo de tres pares de huevos, de aquellos que crecían como posesos y se salían por todos los lados. Tenía baja estatura y las  esquinas redondeadas, era una máquina de las que andaban solas, si y me explico, cada vez que se alcanzaba temperatura y se paraba el refrigerador pegaba unos saltos que al menor descuido salía por la puerta, tanto era que para evitar posibles infartos a las visitas, había que desenchufarla hasta que se iban y luego secar el charco de se formaba en el suelo por supuesto.
En el centro de la cocina una mesa camilla redonda de las de agujero para el brasero, con tapete de puntilla sobre la falda verde hasta el suelo, donde hacía los deberes cada sábado frente a la tele, un aparato enorme de la marca Kempler en blanco y negro que a mis padres debió costarles un riñon, era una de esas que fabricaba la "Francis" y pesaba más que un muerto. 
A resguardo de la fregona, entre mis pies y oculto bajo la falda de la camilla, "Chispas" mi perro, listo como el hambre que de allí no se movía hasta que no se secara lo fregao por si las moscas...
Mi madre siempre me mandaba hacer los deberes a la misma hora, justo justo cuando empezaba en la tele "Cesta y Puntos", no sé que coño pretendería con eso, hoy veo en Youtube algún vídeo y lo tengo muy claro..., aquellos tíos o no eran normales o estaba todo amañado, era imposible contestar correctamente aquellas preguntas. Amos no me jodas... que se sabían hasta el número del deenei del abuelo de Heidi...
A mi espalda... la innombrable, la ínclita y asquerosa olla a presión con los garbanzos dentro... yo no sé lo que tardarán en guisarse unos garbanzos pero por poco que sea, para mi es una eternidad. Aquel pitorrito dando vueltas y vueltas silbándome la oreja mientras expulsaba aquel abominable aroma de garbanzos cada sábado marcó mi grima gastrointentinal para siempre.
Todo tiene un porqué, nada es por casualidad. No fue un sábado ni dos, fueron muchos sábados, todos los sábados de todas las semanas de muchos años haciendo los deberes entre la espada y la pared, entre la Kempler con los listos dentro y el pitorrito  de la olla soplándome la oreja con vapor de sus garbanzos, con aroma de sábado.
Hasta hoy.

17 octubre 2015

Escuchando a Fito.

Cuando yo era pequeño, mi maestros (que entonces eran maestros), a mis padres les comieron la cabeza pero bien, le repitieron hasta la saciedad que yo era muy inteligente, que sacaba los exámenes con la gorra mientras me tocaba el entonces incipiente y apenas velloso apéndice e incluso en un alarde de temeridad impropio de un mentor, hasta se atrevieron a asegurar que yo tenía un gran futuro por delante..., menudos adivinos.
A mi padres les engañaron como a chinos. Nadie les avisó que a mi las matemáticas comunes me daban el lógico repelús por inutilidad que aún hoy hacia ellas conservo, de hecho, tengo cincuenta y tantos y a la espera estoy de tener que utilizar una sola vez algún logaritmo neperiano o una triste integral de esas. 
Nadie les avisó que con la física y química me salían zarpullidos que la pobre de mi madre pensaba que eran granos por la aversión que tenía al olor a garbanzos de cada sábado y que aún hoy por cierto conservo en lo más íntimo de mis gustos gastronómicos, tampoco les advirtieron de mi congénita repulsión a lo fútil de lo inútil como por ejemplo la geografía económica o la estadística, asignaturas que provocaban en mi una extraña y diabólica posesión que se manifestaba con súbita somnolencia y hasta narcolepsia infantil, nadie les informó que yo era un chaval raro por entonces al que le gustaba la literatura, el latín y el griego, nadie les informó de que no por mucho estudiar se va a ser más feliz y que lo mejor es que cada uno elija su destino con arreglo a su gusto o vocación así que, pasó lo que tenía que pasar... que una vez mal acabado el asqueroso COU salí corriendo a tal ritmo que... me río yo de Forrest Gump.
Creo que allí mismo, junto al arbolito del Insitituto Santa Clara al que de forma habitual hacía compañía cada día un diferente, seco y solitario excremento canino, quedaron para siempre abandonadas las esperanzas de mis queridos padres. Menos mal que por detrás venía mi hermana para enmendarme la plana con creces, pero creces además... lo que por un lado sirvió para la inevitable, lógica y evidente comparación y por otro para orgullo mío por supuesto. No podía ser de otro modo.
Hay que educar a los padres con aspiraciones, hay que decirles que la cultura se adquiere leyendo y no estudiando, escribiendo y no dictando, viajando, viendo mundo y conociendo gentes, que hay que estudiar menos y aprender más, que hay licenciados con menos cultura que un tapacubos por no distinguir el correcto uso de la uve y la be, que desconocen la diferencia entre ahí, ay y hay, que se pierden entre haber a ver, echar y hechar y ni puta idea tienen de por dónde coño desemboca el Miño, que hay listillos con diplomaturas  a patadas con menos vida que un lagarto en la M-30, que la mitad de ellos no conocen las Rimas, no saben quienes son los Rinconete y Cortadillo, El Buscón, el Lazarillo, Fuenteovejuna o Trafalgar de Pérez Galdós y mariconadas de esas a las que mira por dónde a mí me dio por interesarme, eso si, a tiempo parcial, por gusto y sin obligaciones, exámenes ni requerimiento alguno. De otra forma igual no lo hubiera hecho, bueno es más, seguro que no lo hubiera hecho.
Pasaron los años, muchos años y hoy, casi o sin casi resulta que debo ser el más tontuco de mi cuadrilla, de mis amigos de siempre, de los de verdad, grupo donde el que no se hizo médico acabó como ingeniero y el caso es que... oye,  pues mira, resulta que yo también soy... moderadamente feliz, quizás sea por lo mismo que ellos, por ser lo que quería ser y no hacer lo que querían que hiciera, por lo que sea que no es, no lo sé, no entiendo de verdades a medias, lo que sé es que como dice Fito, "el colegio nunca me enseñó..." y además en la vida la historia se repite y mira por dónde a mí me toca de cerca, muy de cerca.
Ahora pienso en Don Domingo, Don Pantaleón o Don Carlos, les recuerdo con una sonrisa, con cariño, pobrecillos, eran muy buena gente, muy buenos, buenísimos maestros que no acertaron conmigo y que yo... me equivocaría otra vez.
Se me acabó el café, se me ha echado la mañana encima, el tiempo pasa volando y más aún escuchando a Fito. 

08 octubre 2015

Dos alianzas.

Hoy no pensaba pensar, el pensar no es bueno, es más, a veces es tóxico y hasta puede llegar a doler pero, ya de madrugada sentí que hoy algo no estaba en su sitio, algo fallaba,... yo.
Hoy era una mañana de compras, lo de ir de tiendas es una pena accesoria a la condena del matrimonio, yo tengo una especial habilidad para esquivar las tentativas pero hoy no hubo manera, me cortaron la retirada dejándome sin escapatoria y eso que tenía un plan infinitamente más relajado, confortable y placentero pero... Mañana de compras.
Después del mercadeo, sobre las dos y media, tras el vermú y tal... entramos a comer en un conocido restaurante de la capital, un sitio al que solemos ir con cierta asiduidad. 
No había nadie, el comedor estaba vacío, nos sentamos al fondo y al poco de ser atendidos vemos entrar a un  señor mayor al que nada más divisar, por algo que no sé que coño pudo ser me llamó poderosa y extrañamente la atención. Andaba con dificultad, se apoyaba en una muleta y se dirigió directamente a la única mesa del comedor que tenía preparado servicio para un solo comensal, detalle éste que me hizo pensar que esa era su mesa diaria, la mesa del hombre solo.
Le costó Dios y ayuda el poder sentarse, sus maniobras y sobre todo su gesto de dolor evidenciaba problemas de cadera y rodillas. No tuvo que pedir el menú, el propietario del restaurante le trajo comida aparte de la anunciada para hoy, nada más sentarse, con voz cansada por el esfuerzo se dirigió a nosotros con un "muy buenas tardes señores, que les aproveche."
Sabía que no había fallado, lo sabía, sabía que ese hombre de unos 80 años era una persona muy especial al que de forma instintiva y sin poder evitarlo desviaba yo permanentemente mi atención. No apoyaba los brazos en la mesa, se agarraba a ella por ambos costados, en el dedo anular de su mano derecha llevaba dos alianzas, la suya y la de la soledad, la mirada perdida al frente y su gesto, aunque placentero por fuera, terriblemente triste por dentro.
Le trajeron el primer plato, cargaba la cuchara con sumo cuidado, sin prisa, comía despacito, con todo el tiempo del mundo y entre cucharada y cucharada abrazaba de nuevo la mesa, manteniendo la mirada perdida en su mente, en limbo de la nada, mirando a ningún sitio, a la inmensidad de su vacío interior, del comer solo cada día.
Pasa el responsable y le pregunta si le gusta lo que le había puesto para comer y él responde afirmativamente expresando su gratitud de forma tan educada como efusiva y con especial hincapié en su calidad y exquisitez a lo que aquél, con sumo respeto y cariño le responde, "da lo mismo lo que le ponga, a usted siempre le gustará".
Ese señor es un hombre solo, con rictus de disimulada tristeza, deseando poder hablar con alguien, muy educado y muy solo, tremenda y terriblemente solo. Lo canta su indisimulable mirada.
Me imaginaba por un momento su cruel rutina. Comida siempre a las dos y media en la mesa de siempre del restaurante de siempre, a las cuatro café en el lugar de siempre con el camarero de siempre, paseo hasta las seis por el ruta de siempre, a las siete y media en casa porque en la tele ponen lo de siempre, a las ocho y media la cena de siempre, dos piezas de fruta, yogur y a las nueve en la cama, solo, como siempre, con la soledad, los recuerdos, la ausencia y la frialdad de unas blancas sábanas como única compañía. Como siempre.
No me equivocaba, sabía que no me equivocaba, hasta mi mujer me dio la razón. Al levantarnos pasé junto a él... "Que aproveche Señor y muy buenas tardes", sin dejar de abrazar la mesa levantó la cabeza, fijó en mi cara su triste mirada y agradeció mis deseos de una forma única, sincera, pura y entrañable diciéndonos... "Muchísimas gracias parejuca, feliz tarde". Mi alma se tambaleó.
Sabía que no me equivocaba, lo sabía, me hubiera encantado poder haber compartido mesa y mantel, estar, charlar con él, con ese hombre con aura, un ser entrañable y especial, muy especial, un hombre solo, tremendamente solo. Sabía que no me equivocaba con aquel señor, con el hombre que abrazaba la mesa, el de las dos alianzas.