30 octubre 2025
Los tobillos de la Cerda.
02 octubre 2025
TDLC.
14 agosto 2025
¿Dios?
05 agosto 2025
Blanco o negro.
27 julio 2025
Inteligencia natural.
19 julio 2025
Veo veo...
18 julio 2025
La navajilla.
08 febrero 2025
Mi héroe.
03 febrero 2025
Nada nos pasó.
28 noviembre 2024
El cuenco blanco.
21 septiembre 2024
Qué jodido es...
22 mayo 2024
El mechero de mi abuelo.
En el patio, junto a la pila y la tabla de lavar recuerdo en el suelo un capazo negro de goma, con restos de cemento seco y en su interior puntas oxidadas, una cuerda enrollada en un palo, una llana, alguna paleta, una gran brocha, un cincel que pesaba mucho y una vieja madera para rasear. Toda la herramienta bastante vieja, oxidada y con las empuñaduras muy rugosas, salpicadas de humildad a borbotones. Mi abuelo Domingo era albañil.
Recuerdo que tenía un mechero de los de verdad, de los de mecha anaranjada, algo fascinante para mí, un invento que me llamaba muchísimo la atención y con el que nunca me dejó enredar. Verle liar un cigarrillo era toda una ceremonia que me embelesaba y él lo sabía. El tabaco lo contenía una petaca de cuero muy usada y casi negra que agitaba suavemente para depositar con sumo cuidado las hebras sobre la preparada concavidad de la palma de su mano mientras entre los dedos mantenía el papel de fumar. Maravilloso.
Normalmente lo hacía en la mesa camilla del zaguán, en camisa de tirantes blancas de las de toda la vida, recién afeitado y lavado al regreso a casa después de todo el día trabajando. Los que le conocieron me hablan de lo buena gente que era, de los favores que hizo a pesar de la necesidad y de su habilidad como albañil. Yo le recuerdo como abuelo al que adoraba y admiraba, pasando el cigarrillo recién liado por la punta de la lengua, sentado en una silla de mimbre, en la camilla del zagúan, con camiseta blanca de tirantes y sacando chispas de aquel fascinante artilugio de mecha anaranjada, algo para mi tan hermoso como prohibido.
En eso estaba pensando, en el mechero de mi abuelo.
21 mayo 2024
Terapia del vivir.
Lo de las noticias de la tele no tiene nombre, los titulares de los informativos es a cada cual peor, llaman la atención del espectador con la trampa de la guerra, los asesinatos, las muertes de inocentes, la normalidad de la tragedia ajena y la basura entre políticos de mierda. Hasta la previsión del tiempo da asco.
El ansioso tono del periodista que lo narra busca la inquietud, la congoja de una situación que generaliza en busca de mantener la atención de los espectadores. Todo sea por mantener la audiencia.
Apagamos la tele y en un involuntario gesto miramos la agenda del móvil y vemos todo lo que tenemos por delante esta semana, consultas médicas, fisio, llamar a, reservar en, consultar con… todo por hacer y mucho en lo que pensar. Demasiado. Dan ganas de volver a encender la tele.
Nada nos separa de la realidad, piensas en lo que te gustaría poder hacer, esperas ansioso ese momento, ya sea tu partida semanal de padel, tute o petanca, o como en mi caso coger la moto y escapar, poner en fuga la mente, ir a cualquier lugar que me llene de paz hasta hacerme parecer un auténtico gilipollas ante el mundo.
Eso que separa cuerpo y alma, que nos protege de la realidad y los presentadores de los informativos, que nos borra las obligaciones de la agenda, inyecta pasión y ralentiza la vida se llama terapia del vivir, un lugar que seguro que existe donde no pensar y no escuchar ni al hombre del tiempo.
20 abril 2024
De milagro.
Viendo el percal y mirando atrás no parece que fueran otros tiempos, más bien otra era. Éramos pequeños hasta que dejábamos los pantalones cortos, poco antes del primer afeitado y nos enseñaban que la razón del profesor era incuestionable, que el asiento del autobús se cedía a los mayores, que si se te caía un trozo de pan al suelo había que besarlo antes de meterlo en la boca, que si tocabas un cuchillo te salían cuernos, que sólo podías pegar para defenderte, que el bocadillo de fuagrás te ponía más fuerte y la verdura te ayudaba a crecer.
Que si una persona mayor te reñía algo habrías hecho, que había que dar siempre los buenos días al levantarte, que había que santiguarte al salir a la calle, que al zumo de naranja se le escapaban las vitaminas, que si sudabas tenías que abrigarte para no coger frío y si veías la tele de cerca te quedabas ciego.
Que si te tragabas el chicle se te pegaba en las tripas y te podías morir, que la digestión duraba tres horas, que si no te secabas el pelo te ponías malo, que si comías muchos polos te salían anginas, que si te rapaban el pelo te salía con más fuerza, que si no bebías leche se te partían los huesos y cosas de esas.
No existían los cinturones de seguridad, se iba en bici sin casco, perdíamos los dientes en las carreras de sacos, declarábamos la guerra a pedradas, te sentabas delante en el coche con tu padre, salíamos solos a la calle, se fumaba en los hospitales, ibas a comprar vino y tabaco para el abuelo, en la playa no usábamos crema solar y jugábamos disparando balines de plomo del cuatro y medio con la carabina de aire comprimido…
En fin, lo dicho, que viendo el percal y mirando atrás, no sé cómo estamos vivos, o si, de milagro.
15 marzo 2024
A veces.
11 marzo 2024
Me da igual
07 marzo 2024
Chalecos acolchados.
24 febrero 2024
Cosas que no son cosas.
Tiene miedo a ponerse de pie, al ruido de los coches al pasar, a las tapas de alcantarillado que suenan al pisarlas y pánico a salir del ascensor. No le gusta que le enreden en la ropa, que le toquen las orejas ni le quiten la gorra. Se quiere cargar al pianista cada vez que le escucha, le aburre caminar entre pasillos, se cabrea y sólo busca un lugar donde sentarse.
Le encantan las mandarinas, las galletitas y las pastas de té. Cada día disfruta del primer chocolate de su vida, los bombones son tornillos, persigue con la vista lo que quiere, cualquier cosa le encanta, a nada hace ascos y todo lo saborea en su máxima intensidad.
Siempre está tranquilo, siempre a gusto y "feliz", se frota en círculo las manos antes de aplaudir cinco veces en vertical mientras silba. No tiene filtro y de vez en cuando suelta por su boca alguna barbaridad que a los diez segundos ha olvidado, que niega haber pronunciado mientras arranca sonrisas a su alrededor.
Nunca fue tan cándido y entrañable, algo bueno tenía que tener esta hija de puta de enfermedad, a aquel hombre de carácter, recio y recto hoy le encantan los niños a los que en su vida se fijó, trata a todo el mundo con una mirada tan cariñosa que inspira ternura y hace de su dependencia un arma de devoción ajena. Su presencia proyecta un sentimiento de amor auténtico, puro y verdadero, de cosas que no son cosas.
22 enero 2024
La caja de Julián.
20 enero 2024
Malos sueños
Hay días que me levanto muy cansado, cansadísimo. Me agotan, no llegan a ser pesadillas pero si sueños muy desagradables que se repiten con demasiada frecuencia.
Me despiertan alertado, con una sensación de sobresalto, vértigo y lágrimas en los ojos, entonces, bebo agua e ilusamente intento de reprogramarme diciéndome a mí mismo que tengo que soñar con otra cosa, que tengo que cambiar de tercio y seguir durmiendo, pero es que no es un sueño, es una vivencia que llevo pegada a mí desde hace muchísimos años y de vez en cuando, me da la noche para restarme paz.
Una mañana de hace mucho tiempo, nos avisaron de que mi abuela ya estaba muy mal y deberíamos ir para allá cuanto antes. Doscientos kilómetros no separaban de su casa.
Salimos en el Ford Fiesta de mi padre inmediatamente los cuatro. Era verano pero no hacía calor, era un trece de Agosto, un día silenciado, separado de los demás, raro, un día hecho a la medida para morir. No nos dio tiempo a llegar, entrando por la puerta de casa falleció, aún estaba calentita aunque yo no quise verla, no me atreví, mi tía Victoria me dijo que se había muerto con mi nombre en la boca, llamándome.
Tenía dieciocho años, era el mayor con diferencia de sus nietos y mi unión con ella era muy especial, única. Aquello no fue un mal sueño, fue verdad. Ha pasado mucho tiempo pero las repeticiones de aquello en mis malos sueños son demasiado frecuentes, aquella experiencia está adherida al alma, no se va, está ahí para putear entre mis recuerdos de ella, de su mandil a cuadros, pañuelo en la manga de su jersey, sus besos de metralleta y su risa contagiosa, ahí está el puto sueño, fiel al sufrimiento casi olvidado y que de vez en cuando se empeña en joderme la noche y robarme el día.













