25 marzo 2026

Una bonita historia.



Tengo una historia muy bonita que contar, una señal de esperanza que me hace pensar que en la vida aún queda gente con un corazón que no les cabe dentro, personas especiales.

En los años 70 vivíamos en San Sebastián, en un Cuartel de la Guardia Civil que se radicaba en el Barrio del Antiguo, en el Paseo de Hériz núm 17. Nuestro pabellón era el número 15 y justo en la puerta de al lado, en el 14, como vecinos teníamos a Isidoro, Carmen y sus dos hijos, Mari y Ricardo. Mari y yo somos de la misma edad, nos llevamos meses, como Ricardo con mi hermana.

Éramos unos vecinos con una relación normal dentro de la normalidad que la situación ambiental por no llamarlo odio que recibíamos sin saber aún el porqué, la antipatía social vasca hacia nosotros y el terrorismo de ETA nos marcaba pero que a la vez, motivaba una unión entre las familias del cuartel fuera de lo común. Algo extraordinario de disfrutar.

En Octubre de 1972 falleció Carmen por un derrame cerebral tras una operación, Mari entonces tenía 10 años y Ricardo 8. Mis padres lógicamente ayudaron a Isidoro haciéndose cargo en la medida de sus posibilidades, digamos que los adoptaron, en mi casa estaban, si había merienda para uno la había para los cuatro si no, para ninguno, mi madre enseñó a Mari a hacer la cama. limpiar o lo que fuere, se convirtieron en hermanos huérfanos de madre.

En el año 77 tuvimos que salir pitando de allí, y desde entonces, desde hace 49 años creo que nos hemos visto dos veces y escasas de horas en cada ocasión pero ayer, entre la marabunta de gente que se acercó a acompañarnos y despedir a mi padre, mientras conversaba con unos compañeros tuve una alucinación, vi a  mis "hermanos" Mari y Ricardo subiendo la escalera frente a la sala del velatorio.

No me lo podía creer, salieron pronto de su localidad de residencia, recorrieron 560 kilómetros para estar con  nosotros, despedirse de mi padre, asistir a su entierro y otros 560 para al terminar regresar a sus casas.

No pudimos aguantar la emoción, las lágrimas nos bañaron, mi madre no se lo podía creer, se le salía el corazón entre sollozos, mi hermana se partía en dos al verlos, era una situación que a todos nos pareció irreal, estaban allí. Frente a nosotros estaban Maricarmen y Ricardito, los niños a los que tanto quiso mi madre, los de Carmen e Isidoro. Mis hermanos postizos. ¡No era posible!

En la tragedia de perder a nuestro padre aparecieron los dos para darnos fe de que transcurridos tantísimos años aún se recuerdan a mis a mis padres de una forma muy especial, como sólo sabe hacerlo la auténtica familia, incluso más.
Lo que siento por ellos debe estar muy cerca del más puro amor y agradecimiento.

Tenia que contarlo porque es una bonita historia, algo que jamás podremos olvidar, en la vida.

La mujer de Rebollo.



Con 14 añitos se conocieron en la finca de Covacha y poco después ya eran novios, pero novios de los entonces, de aquellos en los que las abuelas acompañaban a las hijas al baile y de hecho mi madre le compró una toquilla para no quedarse fría en el "Reverte".  Eran novios sin roce "público".

En el 60 se casaron y de noche, por entonces el luto capaba de forma cruel el derecho a ser feliz y mutaba el horario de las bodas a la celebración nocturna, Ese año había fallecido mi abuela Rosario. Tenían 24 años, aquello no llegó a estar bien visto por algunos familiares lo que costó a mi padre un cisma por amor.

Han estado casados 66 años, toda la vida juntitos, en el barrio llamaban la atención y eran conocidos  porque nunca se les veía por separado, siempre juntos, salían a pasear a diario después de comer y siempre cogidos de la mano.

Hace dos días él, después de sufrir lo inhumano se fue pero acompañado por ella hasta el último suspiro. Ahora empieza otro tramo vital, el del frío de la interior y la pena inagotable, ese gélido sentir que nada lo minimiza, que ninguno podemos mitigar pero no tampoco se ha agotado el amor y de hecho, mi madre  me decía anoche dice ella no es viuda, que siempre será la mujer de Rebollo.

Pues así será, como ella diga.

Foto, mis padres en Reverte, años 50.

24 marzo 2026

Amor a esgalla.

 20-04-1936 / 23-03-2026

Tranquilo, en paz y rodeado de su familia, así se ha ido, como se merecía por el amor que en vida se ganó con su ejemplo como marido y padre. Se ha ido un hombre bueno, dechado de honor y honrado en su máxima expresión, de palabra, de firmes valores, disciplinado y leal a sus principios.

El último año especialmente, la enfermedad nos robó aquella ternura que al principio inspiraba como un niño de poca memoria y mucha edad para mostrarnos la más cruel de sus caras, la de la total dependencia, la de los atragantamientos, la inmovilidad absoluta, la silla horizontal, el silencio, la mirada perdida cuando no los ojos cerrados, la no respuesta a ningún estímulo, las escaras, las llagas, las heridas por mala coagulación, las infecciones de orina semanales, el bruxismo, las flemas y un sin fin de complicaciones que martirizaban con ensañamiento su tormentoso día a día.

Se ha ido pero ahora, entre la humedad de mi emoción siento su marcha en paz, con la tranquilidad de conciencia porque no le hemos podido querer más, no le han faltado ni un sólo día los besos, las caricias y las palabras de amor, ni un sólo día ha estado sólo, ni un sólo día le ha faltado la visita, ni uno.

Mi padre se ha ido para siempre cargado a más no poder de cariño a manta y amor a esgalla.

Descansa en paz Papá.



19 marzo 2026

Manual de vida



La vida no te enseña, las cosas son como vienen y unas se solucionan, otras no. Cuando tus hijos vienen al mundo te ves invadido por su vulnerabilidad, esa indefensión tan bella que te monta en una montaña rusa de emociones a cada cual más contraria a la vez que hermosa. Los miras con orgullo por haber sido capaz de traer al mundo algo tan bonito, ilusamente hasta consideras tuyo el mérito. De la alegría al miedo, del mirar enamorado al temor nocturno de tener que comprobar si respira e incluso a despertarle cuando duerme para tranquilizar tu prioridad, es una rutina vital por las que pasamos todos y que el tiempo jamás borrará por lo bello de esos momentos.

Pasan los años y tus preocupaciones son las suyas y tuyos sus problemas, el alivio de sus inquietudes no vienen con el manual de instrucciones, pero se solucionan, simplemente se solucionan. Vienen los conflictos de la adolescencia, la frustración escolar, el desencanto de sus expectativas y tú como padre poco puedes hacer, sólo estar, pero se solucionan, no sé cómo, no aparece en el manual pero se solucionan. Las cosas tienen su curso natural y los padres no podemos cambiarlo, son como vienen, no tenemos varitas mágicas, no somos supernada, sólo padres. Nada de poderes sobrenaturales. 

La vida va corriendo y las cosas van viniendo. Anoche estuve con mi padre en un box de Urgencias del Hospital, ese hombre que yo veía como supermán, que lo arreglaba todo, que incluso una vez le vi solucionar un problema mecánico del seiscientos con un trozo de papel de plata de un paquete de Ducados, ese hombre del que todos me dicen que tanto me parezco, ayer casi no podía respirar, estuvo todo el día enchufado a un nebulizador, con unos esfuerzos ímprobos en cada bocanada. Un hombre con miedo en su expresión, sin voz y sin mirada.

Las cosas van viniendo solas y decía que no hay manual de instrucciones para ser padre, pero tampoco para ser hijo, es muy difícil digerir que tu padre no te conozca, no reconozca tu voz, no te mire, que ese Superman que todo lo arreglaba hoy apenas tenga masa muscular, ese ser corpulento, decidido y de carácter al que tanto dicen que me parezco hoy no pesa más de 45 kilos, pasa sus horas rumbado enchufado a un nebulizador e inhalando corticoides para poder respirar a duras penas. Es muy difícil, muy duro.

Nadie te enseña a superar la vida, mi padre de eso no debía de saber tampoco  porque me lo habría enseñado, como hizo para otras tantas cosas pero, las cosas son como vienen, no todas se solucionan y encima vienen sin manual de vida.



14 marzo 2026

Hoy es sábado.



Vamos a ver, no nos hagamos los estirados ahora que como nosotros había casos a porrillo,  mi familia era gente humilde y sin más posibilidades que las de sobrevivir que ya costaba... En los 60,  partiendo de la base que incluso en un principio hasta tuvimos que vivir un tiempo en una habitación de un piso compartido, nos duchábamos los sábados y sólo los sábados, era el periodo espacio-tiempo perfectamente calculado por la experiencia en el que las bolitas negras esas que crecían entre los dedos de los pies alcanzaban el tamaño máximo reglamentariamente permitido.

Lo de la ducha semanal no era una ceremonia tan fácil de realizar por una sencilla razón, porque en casa no teníamos ducha. Para ducharnos teníamos que usar la comunitaria, todos para una y una para todos. La deseada alcachofa en cuestión estaba en la planta de abajo, hasta donde había que bajar con la botella de butano al hombro si querías hacerlo con agua caliente, cosas de entonces, aunque también existía otra opción que era la de ir caminando hasta las duchas públicas que estaban en la calle Escolta Real cargado con la toalla, la muda, los calcetines y ropa limpia para volver a casa una vez aseado como dios mandaba. O mi madre en su defecto.

En mi pueblo ya era otra historia muy diferente, en casa de mis abuelos aún era peor, por no tener no teníamos ducha ni inodoro ni nada parecido, había que hacerlo en el corral, en la esquina del fondo a la izquierda teníamos una letrina, un agujero en el suelo vamos y nos bañábamos en un balde. Y ahora que lo pienso, por allí entraban y salían las gallinas como Pedro por su casa, mejor no pensar en ello. Son cosas de entonces y no me vengan ahora de estiraos que por entonces todos estábamos igual.

Y aquí estamos hoy, entras en el baño y con tres tipos de champús, dos de gel de baño y uno de ellos íntimo (será para contarle sus penas mi mujer), esponja exfoliante, otra de guante, jabón de manos, jabón para el bidé, papel higiénico de no se cuantas hojas, toallas de ducha, toallas de mano, toallas de bidé, toallitas húmedas, cepillos de dientes, cepillos interdentales, un bote de colutorio rojo, otro azul, 1 corta callos Beter, desodorante de spray, otro de bola, cuatro colonias... y la madre que me parió. Cosas de hoy, que por cierto es sábado. 

07 marzo 2026

La tragedia de El Bocal.



Cuando ocurre una tragedia como la vivida estos días en Santander con la muerte de seis jóvenes al caer despeñados en la pasarela de El Bocal se nos acongoja el alma y lo primero que instintivamente hacemos es ponernos en la piel de los padres, de los abuelos y no te digo nada si además eres y ejerces de padre y abuelo, no  me imagino dolor más inhumano que pasar por ello. No puedo.

A mí, durante mi carrera profesional me tocó pasar muchas veces, muchísimas, por el trago de comunicar a los familiares el hallazgo y posterior recuperación en la mar del cuerpo del que pudiera ser su familiar y no es fácil, no es algo a lo que te puedes acostumbrar, te llevas ese momento en el corazón y no es uno más aunque dentro de un mes venga otro, cada caso es un drama que no sustituye a otro, es un momento que marcará la vida de esa familia para siempre. Y a eso no se acostumbra nadie, yo tengo escenas de esas grabadas en mí para siempre y confieso haber derramado más de una lágrima a solas poco después.
 
Cuando pasan estas cosas piensas que no vivimos a conciencia, que no disfrutamos de la vida debidamente, que hay que saber vivir y te dices una y otra vez que tenemos que disfrutar de cada instante como si fuera el último porque cualquiera de ellos puede serlo, pero no es tan fácil, la vida es una puta mierda que a ratos puede ser maravillosa, pero sólo a ratos, la vida no te permite vivirla como quisieras y como se debería, primero porque el día a día del vivir no es fácil independientemente de que cada momento puede pasar lo nunca esperado y lo maravilloso del instante al segundo siguiente puede ser la más cruel de las vivencias. Así es de puta la vida.

No me gusta la expresión que "descansen en paz", nadie con veinte años está cansado de vivir, nadie con esa edad merece morir y nadie merece sufrir una pérdida tan horrible. Descanse en paz quién viva sufriendo, quien desearía dejar de vivir, quien su doloroso día a día no merezca ser vivido pero unos chicos de 20 años... 

Alguien muy querido para mí me dijo algo que ya la primera vez se me quedó grabado para siempre... "No pienso pensar" pero, es inevitable.


21 febrero 2026

Como cabras.


Evidentemente todo bicho viviente puede tener sus rarezas, aunque unos más que otros, hasta ahí todo normal pero es que cuando no nos habíamos repuesto del descubrimiento de que no sólo hay dos sexos si no que hay binarios, no binarios, cisgéneros, agéneros, bigéneros, de género fluido, pansexuales y la Virgen santa hasta setenta y cinco, pues ahora resulta que hay gente que camina por la calle a cuatro patas, llevan careta y cola de perro, cabra o guacamayo porque se sienten perro, cabra o guacamayo, identidad "Therian" creo que se llaman... la madre que me parió... no sé quién estará al volante de este mundo pero pa mi que se está pasando con la maríjuana. 

No basta con que haya gente "objetofílica" que se enamora y casa con una fregona, un botijo de barro, un volante de tractor o consigo mismo por el rito maorí en Palencia, otros que queden en un parque para pasear muñecos de goma en carritos de bebé y darles el biberón con masaje estomacal para los gases, que haya quien duerma y se excite sexualmente con las cenizas de su paisano muerto o ve tú a saber qué cosas a cada cual más rara.
 
Tanto desapego de la normalidad y tanta excentricidad no sabemos si será por afán de notoriedad o porque nos falta un hervor pero el caso es que los psiquiatras se van a forrar, siempre y cuando no sean de los que se sientan perro, cabra o guacamayo, se casen por el rito maorí consigo mismo, paseen bebés de goma en sillita por la calle o tengan dudas de pertenencia a cualquiera de los sesenta y cinco tipos de sexos existentes. Que tampoco me extrañaría.

Estamos como cabras.



03 febrero 2026

Tinta y calenturas..



Acabo de escuchar en el mentidero una crónica sobre los enseñantes y la enseñanza, las diferente dedicación de estudio a cada asignatura por países, los niveles entre Comunidades y tonterías estadísticas de esas que se inventan por rellenar los informativos.

Yo estudié el bachiller en el Instituto de la Albericia, era del año 77 al 80. Tiempos mágicos. Una de las asignaturas se llamaba dibujo lineal y geometría, para que luego digan que las manchas de tinta no se quitan... Usábamos una especie de grifos a modo de rotulador que se llamaban "Rotring" e iban del 0´1 al 0´5 de grosor, su usaban a pelo con regla, trasbordador, escuadra y cartabón o amarrados a un compás con un soporte específico para los trazos circulares. Pintábamos en un cuaderno espiral de hojas blancas, se llamaba "Cuaderno de Bocetos" y la mitad de las hojas al final del curso estaban lijadas con cuchilla de afeitar, única forma de borrar los manchones. Cuando se gastaba la tinta de los "rotrings" había que recargarlos y ahí es donde estaba el espectáculo, aquello era la escena de un crimen. Aprobaba pero nunca se me dio bien, es que no me gustaba ponerme pingando de tinta cada día.

Luego estaban los problemas de matemáticas de los malditos trenes de los cojones. El profesor era Coterillo y le debían de poner cachondo los putos problemas del tren que sale a las no sé qué hora de no sé dónde a 47 kms/hora y otro de otro lado a tomar por culo a las no sé qué y circula a no sé cuanto por hora, con un conductor zurdo y el otro con diarrea y había que averiguar en qué punto y a que hora se cruzarían. Que asco le cogí a Renfe, y cuando no, las sumas de equis, íes, pis y erres cuando la equis tiene al infinito. No sé cómo sobreviví a aquello.

Francés nos lo daba Carmen. Muy joven, estaba como un tren y lo sabía, lo que a nosotros y en aquella edad nos dificultaba enormemente la concentración. Cuando nos mostraba la debida colocación labial para la pronunciación del "bilou" o se colocaba de espaldas para escribir en la pizarra... a mi se me iba la olla. Sobresaliente, pero ella estaba de matrícula.

Ya en segundo, la cosa cambió, elegí letras puras. El primer año, en lengua y literatura me comí el sumo e insoportable petardo de "La Regenta" que nos impartía un bohemio de pacotilla, un tal Ventura. Todo un curso con la puta Regenta, un tocho infumable que te tenías que meter entre pecho y espalda si o si. Toda una prueba de supervivencia de tropecientas mil hojas, sin interlineado apreciable, sin un puto dibujito y letra pequeñísima. Yo impondría su lectura y análisis como pena accesoria para delitos graves.

Latín nos la daba un pirao, pero pirao declarado vamos, que no supuesto. Se llamaba Cueto, normalmente llevaba un calcetín de cada color, los pantalones por encima de los tobillos, gafas de cuilo-botella, andaba siempre con un portafolios bajo la axila y caminaba como Groucho Marx. Sólo uno aprobó el curso. Y no fui yo. En tercer curso me volvió a tocar y me volvió a suspender, tuve que cambiar de centro y tirarme un año sólo con latín de 2º y 3º por aquel pirao de los cojones. Aprobé sin problema.

Ya por entonces existían las horteras de la kufiya palestina, se llamaba Paloma y nos daba griego e historia del arte, un chollo, nos ponía el examen y se ponía a meditar mirando por la ventana. Como hay Dios. Todos de notable para arriba.

Y así entre manchas de tinta y calenturas a la francesa pasé el bachillerato y COU. Pa ná, pero lo pasé a pesar del dibujo lineal.


01 febrero 2026

La mirada del invidente.


Hoy hemos vuelto a practicar la mirada del invidente, había mucho material alrededor. Hoy me he levantado con ganas de cocido montañés así que...  no te olvides de vivir antes de morir. 

Mesa para dos. En frente tres personas comiendo, un padre separado con un niño de unos 9 años de edad, debe ser que le toca el fin de semana alterno, frente a ellos la abuela paterna, viuda puesto que lleva dos alianzas en el mismo dedo, por cierto la abuela tiene muy buen comer, se ha metido entre pecho y espalda dos platos de cocido de la virgen, un entrecot de reglamento con patatas fritas, la tarta de queso suya y la mitad de la del nieto.

A la izquierda, junto al mirador, un tipo mayorcete, soltero y por la pinta entero, probablemente funcionario jubilado, está y come sólo, lleva pantalón de tergal marrón, camisa azul bajo jersey de cuello pico rojo chillón y zapatos mocasines, vamos, lo que viene a ser un estilazo. Lo dicho, entero.

Por la derecha una pareja tipo "First Date" que bordea los 70, vestidos de los domingos, ninguno de los dos lleva alianza y ella va emperifollada para la ocasión. Habla, habla mucho, vamos que no se calla ni debajo del agua y el pobre sufridor ya no sabe para dónde mirar, estos son los que quedan para el fin de semana y luego cada uno pa su casa. Ella se cuida, ensalada de primero, merluza con más ensalada de segundo y no quiere postre. Si yo soy el camarero la echo del restaurante...

Los dos camareros del salón son sudamericano y la chica de la terraza también, las dos de la barra rusas, ucranianas o de por allí y la cocinera no sé, es que me daba palo asomarme... pero a tenor de lo comido, prefiero no saberlo, el cocido malo de cojones.

Ojos que no ven... ojos de invidente.

23 enero 2026

Lucía


No teníamos libro de instrucciones, jugábamos a princesas y princesos, me contaba sus "sucretos", nos pintábamos la cara de payaso, cantábamos y bailábamos la canción del cocodrilo, la vaca Lola y el anuncio de "flag golosina mi rico helado", veíamos una vez tras otra el vídeo de las "sigüeñas", la serie de Dora la Exploradora y los dibujos animados de Peppa Pig.

Poco después practicábamos la estatua subiendo por las escaleras mágicas, bailábamos por la calle la Fuente de Cacho, de repente nos enteramos que yo hacía magia así que le sacaba monedas de la barriga, aprendimos que los domingos por la tarde había en el campo vacas vestidas de vaca, que con katiuskas podías saltar sobre los charcos, que en río había cocodrilos rosas escondidos y ciempiés con calcetines de colores, que los cangrejos bailaban sevillanas cuando intentabas cogerlos y que los caracoles nos daban miedo. Que las nubes esconden ositos en el cielo, que en Mercadona venden nietas que se portan bien y que los helados se comen en cualquier época del año. Fueron cosas sorprendentes que descubrimos juntos.

Hacíamos zumo de vida con el tiempo, siempre nos gustó estar juntos,  disfrutarnos, hemos jugado a ser moderadamente felices y ganamos, hemos intentado entendernos y lo hemos conseguido, intentamos querernos mucho y en eso estamos, aún no hemos acabado.

Ya es mayorcita, ha crecido pero seguimos en la línea, soldados por el hilo natural de la querencia y la complicidad, lo nuestro es de difícil amnistía, nos practicamos casi a diario el mutuo chantaje del querer y con el tiempo hemos adquirido una destreza de doctorado, aunque de nada nos vale a estas alturas en las que ya nos tenemos pillado el paso.

Sólo con mirarnos nos entendemos, incluso a veces nos aguantamos la mirada a modo de duelo a muerte, jugando a quién aguanta más sin sonreír o pestañear, nunca gana ninguno porque nos gusta mirarnos. Es una forma de leernos, una forma de querernos hasta el infinito y más allá..

Es Lucía. Mi nieta.


22 enero 2026

El viejo cartero.



Hace unos años, cuando se escribían cartas, tú mandabas una a "El hijo de la Sra Andrea, que vive payá pa la mitá del Segundo Valle" y la carta llegaba. Correos era una Institución de la que presumir, pocas cosas en España funcionaban como Correos.

Nos han cambiado el nombre de la calle y hoy me he encontrado con éste cartel en mi portal en el que no me había fijado. En el mismo nos da un plazo de tres meses para notificar el cambio de nombre de la calle a todo Dios y que en caso de que a partir de tres meses nos llegue un a carta o envío con la antigua dirección se devolverá al destinatario. Cómo han cambiado las cosas...

Mi calle toda la vida de nuestro Señor de los Calcetines Blancos se llamó como se llamaba, ninguno teníamos ni puta idea que quien era el pavo ese ni nos importaba,  ahora resulta que era un militar super fascista de la muerte y nosotros sin saberlo y con estos pelos, menos mal que la rencorosa Ley de Memoria Histórica nos ha cambiado su nombre, ahora tenemos nombre de poeta. Qué peso nos han  quitado de encima, aquello era un sinvivir...

Pues vale, pues muy bien, pero resulta que hay que hacer un montón de trámites ante las entidades para notificar la nueva denominación y siempre se te puede escapar algún Organismo, entidad o qué sé yo y gran parte de mis vecinos son muy mayores, da igual, el caso es que dentro de tres meses a Correos se le olvidará que ésta calle se llamaba como se llamaba y como no sabrán cuál es pues devolverán las cartas y santas pascuas, lo mismo da que sea una cita médica para por ejemplo Cristina, una vecina mía de 90 años, como su marido Marcial o cualquier otro, que no hubiera notificado el nombre de la calle al Servicio Cántabro de Salud...

España está empezado a dar un poquitín de asco de cojones, se lo han cargado todo, Correos, Televisión Española, Renfe, Red Eléctrica de España, Aena, Indra, la Fiscalía... todo está podrido y huele a mierda desde lejos...

Al final vamos a echar de menos otros tiempos, aquellos donde todo era más humano y menos absurdo, los del viejo cartero.

16 enero 2026

Cosas de antes.



Cuando los hoy jubilados éramos pequeños se hacían cosas digamos que peculiares, es que no se me ocurre otra forma de llamarlas, por ejemplo, si te operaban de las anginas, que por cierto te las arrancaban a pelo, nada más salir te compraban un polo de hielo ¿?, si tenías que ir al médico te tenías que cambiar de calzoncillos si o si (aunque fueras al dentista), en los cumpleaños todos merendábamos lo mismo, la tarta de galletas con chocolate, hoy la llaman tarta "de la abuela" como si fuera un postre michelín tres estrellas. El día en cuestión llevabas caramelos para repartir en clase, eran de café con leche o como se conocían por entonces "toffe con leche de burra", pero caramelos de los de entonces, de aquellos que venían envueltos con lacito a cada lado y se pegaban a los dientes que no había forma de arrancarlos sino con el tiempo de disolución marcado por el fabricante. También había otros que eran muy duros, casi imposible de partir con los dientes y rellenos de piñones. Por cierto los primeros se derretían con el calor y entonces ya era imposible comértelos sin papel.

Sólo a partir del día que te afeitabas por primera vez dejabas de usar pantalones cortos, ese día salías a la calle mirando por encima del hombro con la piel irritada y apestando al Varón Dandy de tu padre. Se nos obligaba a ir a misa los domingos y al regreso a casa tu padre te hacía preguntas trampa para saber si habías estado. Si se te caía un trozo de pan al suelo tenías que persignarte y besarlo antes de comértelo, de no hacerlo te infectabas. Si comías más de tres dulces te salían lombrices por el culo y no podías engañarte contándolos porque luego te picaba el orto...

Todos éramos amigos del que tenía bici y siempre había alguno al que hacías un favor y le cambiabas tu bocadillo de salchichón por el suyo de chocolate, éste también tenía muchos amigos hasta después de merendar. Los chavales jugábamos al fútbol en cualquier lado, sólo hacía falta un balón, a las canicas, las chapas, las tabas, la peonza o al frontón con la pelota más codiciada que había, la verde de zapatos "El Gorila", aquella duraba toda la vida, mientras que ellas jugaban a la goma, la rayuela o la comba. Nos mezclábamos en el juego del pañuelo y por supuesto... en el escondite. Ahí, ya hacía yo lo posible para esconderme con Maricarmen. Y no me encontraba ni Dios.

Se jugaba y vivía en la calle y lo que no me acabo de explicar es como sobrevivimos a aquello y no nos partimos la crisma saltando el churro o en las batallas a pedradas en las guerras con tirachinas.

Pa habernos matao. 

07 enero 2026

La vida de un barrio.



Los que vivimos en un barrio y como es mi caso, en el mismo durante casi cuarenta años, nos conocemos todos de vista, igual no hemos tenido nunca una conversación pero nos reconocemos y de hecho, llegamos incluso a saludarnos al paso. Pues bien, hoy me he cruzado con una de esas personas a las que sólo conozco de vista y me ha llamado la atención la marca que va dejando el paso del tiempo, su declive y por lo tanto, el mío. No cabe otra.

Las que como nosotros llegamos al barrio siendo un matrimonio joven y con la ilusión de una vivienda recién comprada y hasta los ojos hipotecada, hoy están casi todos jubilados y son abuelos, las niñas que de pequeñas iban al colegio enfrente de casa o jugaban en la calle con las mías hoy son madres y algunas de chicos adolescentes, es el ciclo natural de la vida. Ahí sigue Carmen, la  que durante muchos años fue la directora del cole, Azu la de la farmacia, la que nos vendía el Aerored para los gases de la pequeña de mis hijas, Loli, la viuda de Tino de la que mis hijas dicen que no debe de tener piernas porque sólo la reconocen medio cuerpo al verla siempre asomada a la ventana, la viuda de Jimeno a la que desde hace muchísimo no vemos ni comprando el pan, el  bueno de  Manolo el Chileno al que durante años y años he machacado llamándole indio y maldiciendo a Don Diego de Almagro por descubrirle, mi vecino cocacolo al que ya se le va mucho la cabeza, Carmen la de Paco o Covadonga la del estanco. Todos forman parte del relato de mi vida.

Ya no están los columpios donde se criaron nuestros hijos, no está la tienda de Luis, quien mientras tu cogías la fruta o lo que fuera, desaparecía y tenías que ir al Ironside y traerlo por la oreja para que te cobrara, en su lugar hay una inmobiliaria, ya no está  el usurero que te la clavaba en el peso en cuanto te dabas la vuelta, hoy hay dos sosos a los que nunca he visto sonreír, quizás por eso no entro, la pelu de Luzma, centro neurálgico del barrio por donde pasábamos todos los días, para nada pero pasábamos, el gordo del Rama que quitaba los balones a los niños, ese local hoy se llama Marta ´s y nada tiene que ver, el bar de Pin que ponía una tortilla de diploma de honor, hoy en su lugar van apartamentos turísticos en proyecto, el Liverpool que lleva años cerrado hoy es un almacén, ya no está el "amargao" del Bejarano que estaba siempre enfadado por algo, tampoco Fernando el cura, el que dio la comunión a mis hijas y bautizó a mis nietas, mi amigo Ramón está muy mal y Enrique, el que llevaba a mi hija a ver los partidos del Racing de pequeñita apenas puede salir de casa.

Todo es diferente, durante muchos años todos formábamos parte del día a día de todos, de nuestras vivencias y relatos, ahora nada es igual, todo ha cambiado, todos formamos parte de la historia de todos, de las crónicas del barrio, del recuerdo de los belenes vivientes que hacíamos cada año, de las fiestas que organizábamos los vecinos por San Juan, de las tracas, las verbenas y romerías, de todo eso que ya no existe, ya no se hace y sólo es historia de un barrio..

Ahora, te cruzas con esas personas, con las que has compartido tu vida y la de tu barrio y la imagen del paso del tiempo te hace pensar y ni tan mal porque con con los que no coincides, es porque ya no están.

No pienso pensar.

19 diciembre 2025

El "doble check"


El que diga que no, miente. Todos tenemos manías y cosas que nos molestan. Este pagainfantas que les escribe por ejemplo y no es de ahora si no desde siempre, no soporta la falta de puntualidad, me puede, no son pocos a los que he dejado plantados tras esperarles 10 minutos, testigos de ello tengo y vivos. 

Los horteras que piden las cosas "porfa" y llaman a su pareja "Gordi" o "Cari", esos merecen napalm directamente, sobran. Hay que eliminarlos. 

Los "aconsejadores profesionales", psicólogos callejeros, como los médicos Pakistaníes, esos enteraos que vienen dando consejos sin que se los pidas, son los filósofos baratos letrados de las experiencias ajenas. Esos a tomar por culo antes que abran la boca...

Cuidadín con éstos. No me fío un pelo de la gente que recarga los mecheros de un euro la docena, ¿A dónde se puede ir con gente así? Esos son peligrosos para la convivencia, esos son los que a la hora de pagar a medias reparten el Iva correspondiente a lo que ha consumido cada uno. Hay que fusilarlos, o mejor a la hoguera con ellos, que lo sufran.

Otros listos. Los que critican a los que nos gusta la pizza con piña.... ¿Qué cojones os pasa? ¿Qué problema tenéis? lo vuestro es de complicada amnistía, sois viceversos, o sea, sois los que de bebés en vez de daros el pecho vuestra madre os daba la espalda y seguro que sois más feos que el aborto de un mejillón. Como si me la como con mayonesa y café con leche. Que os folle un pez sierra.

Buuffff. Luego están los que chillan al hablar, me ponen muy nervioso. También están los que saben de todo, los que siempre tienen razón y los que van a los campos de cualquier deporte a insultar y llamar hijo de puta al árbitro, a un contrario o al utillero del otro equipo. A esos los torturaba hasta rezar el rosario en latín.

Pero ahora vamos a lo contemporáneo, uno ya tiene una edad y esto me llama mucho la atención... Me molesta un montón y cuando digo un montón digo que me inflan los colgajos varoniles, los que ocultan el "doble check" ese de confirmación de lectura de los mensajes de guasap,  qué os pasa, ¿Sois agentes secretos del CNI? ¿Por qué te escondes y me ocultas que me has leído? ¿Qué buscas, dar suspense y emociones a mi día a día? ¿Tenerme en tensión en saber si me has leído o no?,,, que digo yo que si no quieres que lo sepa, si ocultas tu estado y me ignoras, igual mejor no escribirte ¿no?

Al fondo a la derecha.





04 diciembre 2025

Un sindiós.



No sé ni cómo estamos vivos, no sé ni cómo estamos, no ya vivos, sino simplemente estamos. Esto es un "sindiós". El mes pasado falleció un hermano de mi madre, tenía 85 años de edad y estaba soltero. Total, que como el fallecimiento se produjo aquí y aquí es donde estaba empadronado pues nada,  que me tocó la pocha. Aquí era donde había que tramitar el asunto hereditario y tal y en eso estamos. Qué suerte la mía.

En un principio pues lo normal, que si el Padrón, que si Certificado de defunción, últimas voluntades y rollo de esos para la Declaración de Herederos, deeneis de los cinco hermanos, partidas de nacimiento de cada uno, el de defunción de una de ellos y certificados bancarios. Sólo faltaba que me pidieran la alineación del Alcoyano CF en la quinta jornada de la liga 1090-91.  Ahora es cuando viene el tema.

Ayer a mediodía me llaman de la notaría y me dicen que al estar soltero el fallecido sus herederos directos son sus padres y por lo tanto debería  de presentar el Certificado de Defunción de los mismos, yo alucinando ante la petición le digo que mi tío ha muerto con 85 años y era el segundo de los cinco hermanos por lo que sus padres en la actualidad de estar vivos deberían de tener como unos 120 años. Da igual, lo dice la ley. Pues vale, con la iglesia hemos topado amigo Sancho.

Para solicitar el certificado de defunción por Internet hay que hacer constar la fecha de nacimiento de cada uno, todos sabíamos el día pero ninguno el año. Fácil, en la lápida de cada uno pone la edad con la que fallecieron. Pues no puede ser, no coincide con la presunta diferencia de edad que mantenía con mi abuela.

En mi papel de Anacleto Agente Secreto me pongo a analizar la partida de nacimiento de cada uno de los hermanos y ¡Ohh sorpresa!! empieza el espectáculo. En 1936 cuando nació la mayor de sus hijos mi abuelo era tres años mayor que mi abuela, en 1940 cuando nació el segundo, precisamente el fallecido, mis abuelos habían empatado en su edad. En 1944 mi abuela era más joven que cuando nació la primera y en 1950 cuando nació el tercero, mi abuelo ya no se llamaba igual, le habían cambiado el nombre. Sólo en el certificado del último de mis tíos, el que nació en el 53, había vuelto la normalidad, aunque seguía sin saber el año de nacimiento de cada uno. Y en eso estamos, al final el episodio lo solucioné por la puerta de atrás y ahora estoy con el segundo acto que se presenta aún más emocionante porque el registro civil es de otra provincia y no puedo personarme.

Al final, por aquella época queda claro que nacíamos  y moríamos cuando al Secretario del pueblo le parecía y vete a saber si del número de chupitos ingeridos dependía.

Por cierto el tan deseado certificado ya en mi poder también está mal, no coincide el nombre de su madre pero no pasa nada, da igual, como si nació de una cochina...

Un Sindiós.




30 noviembre 2025

El abuelo Cebolleta.



Mi nieta mayor flipa con las cosas que le cuento, es normal, tiene 15 años y todo lo de antes le sorprende. No sabe lo que era la Carta de Ajuste, lo que te plantaban en pantalla cuando no había emisión, que no había tele todo el día, era en blanco y negro y algunas tenían antena de cuernos y que sólo había dos canales, la UFF y la VHF, la primera y la segunda vamos... 

Que usábamos un impermeable que se llamaba "canguro" porque tenía una bolsa a la altura de la barriga donde se recogía y quedaba como una mariconera. Que no había tapers, se llamaban fiambreras y eran metálicas, que no existían los eslips, eran calzoncillos blancos y con bragueta.

Que los sábados y no todos, merendábamos un bucanero, un Boni o una Pantera Rosa, que el resto de la semana tocaba bocadillo de fuagrás, salchichón o chorizo de Pamplona. Que  casi todos hacíamos la misma colección de cromos y difícilmente pudimos ninguno completar alguna, que recogíamos chapas del suelo en los bares, las rellenábamos, decorábamos y echábamos carreras empujándolas por un circuito pintado en el suelo del que si te salías tenías que volver a empezar.

Que cada siete o quince días salían publicados los tebeos que luego intercambiábamos, Anacleto Agente Secreto, el Capitán Trueno, el Guerrero del Antifaz, el botones Sacarino, Rompetechos y Rin Tin Tin y que los domingos después de misa igual nos invitaban a una Mirinda, una Sueps, Pesicola o Kas de naranja y que nos levantábamos por la mañana con un reloj despertador con dos campanillas al que había que darle cuerda y se llamaba por teléfono marcando el número con una rosca.

Que las cámaras de fotos tenían un carrete de 12, 24 o 36 que después había que llevar a revelar, que existían las guías de teléfono por orden alfabético de apellidos, que en algunos bares había máquinas tocadiscos por monedas, que no existían los ordenadores pero si las cabinas de teléfono por todos los lados y que se podía fumar hasta en las habitaciones de hospital. 

Del papel higiénico "El Elefante" no le he hablado, tampoco se trata de que nos vea como héroes legionarios, sólo soy el abuelo Cebolleta..

22 noviembre 2025

La jota española.



Tengo muy claro que el español es el idioma más rico del mundo, eso lo siempre lo supe y lo pude confirmar de forma definitiva cuando ya de viejuno me dio por matricularme en la Escuela Oficial de Idiomas, tres años aguanté el coñazo del Shespir ese o como cojones se escriba. Nada que ver.

Nuestro idioma, a pesar de los progre-tontos, tontas y tontes que lo ridiculizan cada vez que abren la boca, tiene unos términos sobre todo adjetivos cuya fonética enamora a los que defendemos su pureza. Veamos y digan conmigo... berzotas, huevazos, zangüengo, gaznápiro, mameluco, bellaco, bribón, zascandil, chupasangre, canalla, cagón, pusilánime, alfeñique, lechuguino, bocachancla, piltrafilla o borrachuzo, gloria para los oídos y que sólo suenan bien en el español de toda la vida de nuestro Señor y Amén... búscalos en inglés anda... Son términos de una belleza sonora maravillosa y con sólo pronunciar esa jota con dos cojones bien marcada, esa erre redoblada y la eñe sólo española de mis entretelas ¡Coño!. Es que te quedas como Dios.

Son más que palabras, eso de decir a alguien "vete a la mieeeeerda", "me cagon tu padre", "a tomar por culo"  o "eres un puto becerro" está a otro nivel, es pura higiene mental mediante la lingüística y si ya nos ponemos en plan bizarro -castellano castellano-bizarro...  qué me dicen de mequetrefe, gañán, cantamañanas, chupaburras, mastuerzo, baboso, asaltacunas, cuatrojos, cierratascas, abrazafarolas o castaña, es que es el no va más.

Lo de caraperro, piporro, burro, barrigón, zorro, gorrón, arrugao o pelirrojo, ferrallero, ferrocarril o carrillero, se lo dejamos para los franceses. A ver si tienen huevos.

Pues eso, que donde esté la lengua española que se quiten las demás, a ver en el vocabulario de qué idioma que no sea el nuestro encuentras un jalufo, jamelgo, gilipollas, granuja, julandrón, julai, jeta, espantajo, sanguijuela o sabandija. Anda que no hay diferencia entre un "hijojoputa" bien pronunciado y un "moterfaquer" ese británico, vamos no me jodas, dónde va a parar y de hecho a los ingleses, que nos tienen una envidia de la virgen, les tiene que "joder" una "jartá" la jota española.

Jota de cojones.

30 octubre 2025

Los tobillos de la Cerda.


Los jóvenes de mi edad sentimos cierta orfandad sensorial, sólo nos queda el recuerdo de lo escleroso de aquello, que se guarda con campanillas y diez candados en el viejo paladar de la memoria, exquisiteces de entonces.

Hoy nada es igual porque todo es políticamente sano, limpio y por ende diferente y ésto no lo digo por estar poseído por algún trastorno puntual de ánimo, almorranas ni chorradas de esas, es porque lo de antes, refiriéndome a mi mocedad... hoy no existe, eran sabores artesanos, manuales, eternos y contrariamente por ello, extinguidos. Eran finales de los 70 hasta el 83 que entré como diácono en la Sacra Congregación. No hace tanto.

La bocadillos de tortilla de patata que hacía "La Cerda" en Peña Herbosa (no me pregunten obviedades por favor) era única tanto en sabor como en mugre acumulada en las uñas y tobillos de la mellada dueña, pero merecía la pena, bocata maravilloso en todos los sentidos sobre todo si no te fijabas en ella con el mínimo detenimiento. Vamos, si no la mirabas.

El gigante y relleno champiñón sobre rodajita de pan bañado en su moje del bar "El Toboso" en la calle Cuesta del que se podían hacer filetes, los mejillones en salsa del Bar Moro en Marqués de la Hermida, donde no se veía el suelo por la existencia de tanta servilleta de papel de aquellas que repelían y hacían de todo menos limpiar el morro.

Las rabas de Gelín en "Vargas" que lo mismo me da si eran de calamar, choco, pota abisal o cualquier otro cefalópodo conocido o no, lo que puedo asegurar es que aquellas nada tenían que ver con cualesquiera otras, ni de coña. Eran las mejores rabas del mundo y punto.

Las por entonces innovadoras hamburguesas de Heildelberg en la Calle del Medio donde ponían una mostaza riquísima que nunca más volví a catar o ya más cercano en el tiempo, las del siempre sudoroso y enfadado Manolo en la calle Guevara. Hasta arriba de cebolla a la plancha, tomate y lechuga, sin mariconadas, con kechup y mostaza al gusto en envase de plástico de medio litro rojo o amarillo, como toda la vida, como debe ser. Impresionantes.

Los sangüiches California del pasiego del Bar "El Teleférico" que siempre miraba al escote de tu novia mientras tomaba nota, los cruasans a la plancha del café "San Siro", el único sitio en mi vida en el que he visto un limpiabotas en plantilla, hombre que por cierto siempre vestía de negro y daba un yuyu de cojones porque era clavadito a Christopher Lee, aquel que interpretaba a Drácula. Ahora que me acuerdo, allí disfruté del memorable 12-1 a Malta.

El "Agua de Valencia" en Perines que encastañaba sólo con olerlo, la empanada de pulpo para morirse del "Cantabria" en el Río La Pila, los cubatas en el "Tetos" en la calle Pedrueca, que por cierto aún los recuerdo a 100 pelas, el local de la OJE donde podíamos tomar lo que fuera pero no nos dejaba fumar por no tener los 18, las patatas atómicas de la "Rana Verde" que aún hoy existe pero nada que ver con aquello y los pepitos de chorizo a la plancha del "Eros" en los bajos de El Casino, donde era un espectáculo porque los dos camareros estaban siempre discutiendo y mandándose a tomar por culo mutuamente. Uno atendía a la gente y el otro jurando en la plancha, muy entrañable todo.

Esta contemporánea y melancólica ingesta de lípidos en salsa de morriña es la que a los jóvenes de mi edad nos ha dejado huérfanos y sobre todo nostálgicos de aquellos triglicéricos manjares, aquella mugre aún hoy sin cicatrizar en mi memoria, aquellos indecentes tobillos..., en fin que los de mi generación nos criamos entre pringosas y a veces tan guarras como bellas artes culinarias.

Somos héroes anónimos. O algo parecido.