19 noviembre 2016

El carril rosabici.


No sé con quién habrá que hablar pero hay que modificar el santoral pero ya!, ya mismo! no sé a qué estamos esperando, hay que crear el día del San Peatón de los Urbanitas, San Sufrido Caminante Hasta la Playa de Peligros o como se llame, un icono de deidad al que rendir culto y solicitar amparo ante la tiranía de San Bicicleto Urbano, alguien que te proteja de las miradas asesinas de quienes reglamentaria y ajustadamente amparados a su derecho haga lo que le salga de los huevos por el mero hecho de ir montado en bici por donde le salga de ahí mismo, alguien que nos proteja de los vergonzosos riesgos físicos en caso de pisar la linea que delimita el carril rosabici de uso privativo y exclusivo por parte de los comoloinvadastepartolaboca, que nos aclare si tiene que parar en los semáforos o no como todo hijo de vecino, si debe o no bajarse del artefacto en los pasos de cebra y nos aclare de una putísima vez si es usuario de vehículo a tracción animal de dos patas o peatón para ir por la acera haya o no carril rosabici cuando le salga de los cojones.
Yo creía que lo de los carriles rosabici estaba muy bien para disfrutarlo con los más pequeños pero no, es para matones con pelos en las bolitas paseando sobre dos ruedas y deseando que alguien se les cruce para volcar su amargura vital. 

La behache.


En mi época había dos clases de niños. los que tenían bici y los que no, que pena de los segundos, nos moríamos de envidia.
Creo que entre nosotros el único que la tenía era José Manuel y de casta le viene al galgo, hoy es uno de esos banqueros que no bancarios asquerosamente montados en pasta y del que curiosamente he vuelto a saber por la prensa más de cuarenta años después.
Era una behache blanca con el manillar y guardabarros cromados, toda una behache y de las buenas. El tener una bici de esas era todo un lujo, si tenías una bici y encima era behache tenías un montón de amigos y si además merendabas bollos de aquellos que venían en una bolsa de plástico transparente tipo perrito caliente rellenos de nocilla... entonces ya eras Dios.
Nos poníamos en fila para que nos dejara dar una vuelta alrededor de Itxas Mendi que venían a ser algo así como trescientos metros a mayores, unos trescientos metros para lucirse a tope, trescientos metros de los de mentiras, pero qué trescientos metros...
Hoy la cosa ha cambiado, hoy hay dos clases de niños, los que tienen móvil y los que no. Que pena de los primeros, y encima merendarán veneno mimetizado en asquerosos bollos de esos rellenos de nocilla...

08 abril 2016

Cochinadas.

Hace años, muchos años, allá por los ochenta a.c. vivíamos en Polio, una zona de la ciudad en medio de cuestas donde fueras por donde fueras tenías que subir una rampa de tres pares de cojones, pero no una rampa cualquiera no, una rampa de las de piolet y pies de gato.
Vivíamos en un piso de dos habitaciones con poco más de cuarenta metros cuadrados y de los que una muy sustancial parte los ocupaba un aparato de aquellos de vídeo uvehacheese que todavía debe de estar hibernando por el trastero.

Las tardes de aquellos lluviosos e invernales domingos en los que el curro lo permitía eran tardes de sofá con peli, y mi mujer que a base de duro entrenamiento aún hoy y desde entonces ostenta el récord de Campeona del Mundo de I.G.M. (Ingestión de Gominolas por Minuto) lógicamente necesitaba de un periódico e intensivo entrenamiento que normalmente realizaba mientras se tragaba  la película y así...
- Anda cuqui, "porfa"...  (ya estás jodido Pin, cuando te llama cuqui ya estás jodido).
- Que no joder, no me hagas salir de casa, mira la que está cayendo...
- Joooo, anda, "porfa" (y dále con el "porfa"), que es un minuto, anda... que no tardas nada...
- Que no coño, que no me apetece salir.
- Venga! si me traes cochinadas te hago... patatas con bacalao.
Buuuuaaaahhhhhh, paraaa, paraaaaaaaaa que eso ya es otra historia. Cuando mi mujer me dice "te hago" no se refiere a lo que estáis pensando, no, no habla de cualquier chorrada o caprichito puntual sin importancia ... no, estamos hablando de "patatas con bacalao", osea, de lo empíreo, el manjar de los manjares, la delicia gastronómica nacional, el orgasmo del paladar, lo que se come cada día en el paraíso, el premio a toda una vida sin pecar, patatas con bacalao!!!! sólo con pensar en las patatas con bacalao aparecen en mi rostro los primeros síntomas de una horrible mutación en la Esteban esa de la tele, por las patatas con bacalao... maaaaaato.
Ahí veías al pobre Pin, escalando bajo la lluvia hasta General Dávila para llegar al videoclub y regresar con una peli y una bolsa enorme de cochinadas para su entrenamiento. La causa lo merecía.
No era raro que por el camino me encontrara con algún que otro pringao que como yo saliera a comprar cochinadas, unos por una íntima promesa con final feliz y otros como yo por lo verdaderamente importante, por lo etéreo y celestial, por una cazuela de patatas con bacalao pero eso si, en cuanto a lo de cochinadas todos sabíamos lo que eran, eran gominolas y punto... pero es que hoy... no sé no sé...
Esta mañana al venir a trabajar me ha coincidido parar delante de una tienda de esas de autoservicio veinticuatro horas de las que venden de todo, patatas fritas, café, chuches, recargas de móvil, bocadillos calientes y... ¡¡¡productos eróticos!!!
Bufffff, eso me ha hecho pensar e inmediatamente me he acordado de aquellas tardes de domingo de peli con cochinadas y es que, por más que lo intente no me imagino yo encontrándome con algún conocido en la puerta de un establecimiento anaranjado de esos y decirle que venía a alquilar una peli y comprar cochinadas... no, va a ser que no, que ni por las patatas con bacalao.

05 abril 2016

Mi momento zen.

Hoy tocaba analítica, ya sabes, pinchazo en ayunas. Yo me las hago en un laboratorio de Calderón de la Barca, cerca la Plaza de las Estaciones, es el que más cerca me pilla del curro.

Cuando llevas a dieta cierto tiempo como es mi caso, cualquier cosa tiene su queseyó y nada más pincharte se te pasan por la cabeza cosas de lo más pueril a la vez que divertidas pero que sería de la vida sin esos momentos...

Nada más salir de tan sangriento antro lo primero que piensas es en desayunar, pero no desayunar como en casa cuatro galletitas sin azúcar y un café endulzado con stelvia, ni de coña vamos... y además, como no te ve ningún familiar...

A menos de diez metros según sales está el Bar Español, un bar con un nombre con dos cojones y un par de camareras simpatiquísimas de la muerte pero no estamos ahora para deteitarnos en sus agradables dotes comunicativas...

- Pin no mires.
- Calla coño, tú no te metas, vete a cascarla por ahí.
- No me jodas Pin, no mires.
- Como que no mire, no mires tú so gilipollas, déjame en paz.
- Pero si te acabas de pinchar!!!
- Pues por eso mismo capullo!!! ésto ya no cuenta!!

Paso de mi conciencia, busco el pincho más grande, una taza-piscina con café donde poder hacer tres triples tirabuzones y un mortal de espaldas desde un trampolín de cuatro metros y no tocar fondo, un vaso de tubo a reventar de zumo de naranja y azúcar, mucho azúcar, muchísisisisimo azúcar.

La decisión está tomada, quiero ese! el más grande y asqueroso, un sangüich con huevo frito entre grasientos filetacos de beicon a la plancha, media hojita de lechuga por el que dirán y mayonesa, mucha mayonesa. Veneno del bueno, del que mejor mata, del que sólo te mata una vez. Como hay que matar.

La simpática niña que me atiende me lo sirve en plato con cuchillo y tenedor, si, ya... para mariconadas estamos... Lo cojo con las manos, con ganas de guarrear y lo muerdo con ansia, con pasión y observando de forma placentera como se me escapa la mayonesa por todos los lados para después pasar la lengua por donde haga falta, paso de connotaciones sexuales en cuanto al uso de la lengua, yo solo quiero disfrutar de mi momento y chupar mayonesa...

Ya pasó, ya estoy bien, ni arrepentido ni leches, esta tarde una hora de espining y a cascarla a Ampuero, a Pancho (mi médico) no le engaño y se va a enterar pero... hay momentos para disfrutar de la vida y éste era uno de ellos, era mi momento, mi momento zen.

03 febrero 2016

Aroma de sábado.

La nevera era una nevera de las de antes, nada de mariconadas frigoríficas de las de hoy, era un aparato constructor de neveros de hielo de tres pares de huevos, de aquellos que crecían como posesos y se salían por todos los lados. Tenía baja estatura y las  esquinas redondeadas, era una máquina de las que andaban solas, si y me explico, cada vez que se alcanzaba temperatura y se paraba el refrigerador pegaba unos saltos que al menor descuido salía por la puerta, tanto era que para evitar posibles infartos a las visitas, había que desenchufarla hasta que se iban y luego secar el charco de se formaba en el suelo por supuesto.
En el centro de la cocina una mesa camilla redonda de las de agujero para el brasero, con tapete de puntilla sobre la falda verde hasta el suelo, donde hacía los deberes cada sábado frente a la tele, un aparato enorme de la marca Kempler en blanco y negro que a mis padres debió costarles un riñon, era una de esas que fabricaba la "Francis" y pesaba más que un muerto. 
A resguardo de la fregona, entre mis pies y oculto bajo la falda de la camilla, "Chispas" mi perro, listo como el hambre que de allí no se movía hasta que no se secara lo fregao por si las moscas...
Mi madre siempre me mandaba hacer los deberes a la misma hora, justo justo cuando empezaba en la tele "Cesta y Puntos", no sé que coño pretendería con eso, hoy veo en Youtube algún vídeo y lo tengo muy claro..., aquellos tíos o no eran normales o estaba todo amañado, era imposible contestar correctamente aquellas preguntas. Amos no me jodas... que se sabían hasta el número del deenei del abuelo de Heidi...
A mi espalda... la innombrable, la ínclita y asquerosa olla a presión con los garbanzos dentro... yo no sé lo que tardarán en guisarse unos garbanzos pero por poco que sea, para mi es una eternidad. Aquel pitorrito dando vueltas y vueltas silbándome la oreja mientras expulsaba aquel abominable aroma de garbanzos cada sábado marcó mi grima gastrointentinal para siempre.
Todo tiene un porqué, nada es por casualidad. No fue un sábado ni dos, fueron muchos sábados, todos los sábados de todas las semanas de muchos años haciendo los deberes entre la espada y la pared, entre la Kempler con los listos dentro y el pitorrito  de la olla soplándome la oreja con vapor de sus garbanzos, con aroma de sábado.
Hasta hoy.

17 octubre 2015

Escuchando a Fito.

Cuando yo era pequeño, mi maestros (que entonces eran maestros), a mis padres les comieron la cabeza pero bien, le repitieron hasta la saciedad que yo era muy inteligente, que sacaba los exámenes con la gorra mientras me tocaba el entonces incipiente y apenas velloso apéndice e incluso en un alarde de temeridad impropio de un mentor, hasta se atrevieron a asegurar que yo tenía un gran futuro por delante..., menudos adivinos.
A mi padres les engañaron como a chinos. Nadie les avisó que a mi las matemáticas comunes me daban el lógico repelús por inutilidad que aún hoy hacia ellas conservo, de hecho, tengo cincuenta y tantos y a la espera estoy de tener que utilizar una sola vez algún logaritmo neperiano o una triste integral de esas. 
Nadie les avisó que con la física y química me salían zarpullidos que la pobre de mi madre pensaba que eran granos por la aversión que tenía al olor a garbanzos de cada sábado y que aún hoy por cierto conservo en lo más íntimo de mis gustos gastronómicos, tampoco les advirtieron de mi congénita repulsión a lo fútil de lo inútil como por ejemplo la geografía económica o la estadística, asignaturas que provocaban en mi una extraña y diabólica posesión que se manifestaba con súbita somnolencia y hasta narcolepsia infantil, nadie les informó que yo era un chaval raro por entonces al que le gustaba la literatura, el latín y el griego, nadie les informó de que no por mucho estudiar se va a ser más feliz y que lo mejor es que cada uno elija su destino con arreglo a su gusto o vocación así que, pasó lo que tenía que pasar... que una vez mal acabado el asqueroso COU salí corriendo a tal ritmo que... me río yo de Forrest Gump.
Creo que allí mismo, junto al arbolito del Insitituto Santa Clara al que de forma habitual hacía compañía cada día un diferente, seco y solitario excremento canino, quedaron para siempre abandonadas las esperanzas de mis queridos padres. Menos mal que por detrás venía mi hermana para enmendarme la plana con creces, pero creces además... lo que por un lado sirvió para la inevitable, lógica y evidente comparación y por otro para orgullo mío por supuesto. No podía ser de otro modo.
Hay que educar a los padres con aspiraciones, hay que decirles que la cultura se adquiere leyendo y no estudiando, escribiendo y no dictando, viajando, viendo mundo y conociendo gentes, que hay que estudiar menos y aprender más, que hay licenciados con menos cultura que un tapacubos por no distinguir el correcto uso de la uve y la be, que desconocen la diferencia entre ahí, ay y hay, que se pierden entre haber a ver, echar y hechar y ni puta idea tienen de por dónde coño desemboca el Miño, que hay listillos con diplomaturas  a patadas con menos vida que un lagarto en la M-30, que la mitad de ellos no conocen las Rimas, no saben quienes son los Rinconete y Cortadillo, El Buscón, el Lazarillo, Fuenteovejuna o Trafalgar de Pérez Galdós y mariconadas de esas a las que mira por dónde a mí me dio por interesarme, eso si, a tiempo parcial, por gusto y sin obligaciones, exámenes ni requerimiento alguno. De otra forma igual no lo hubiera hecho, bueno es más, seguro que no lo hubiera hecho.
Pasaron los años, muchos años y hoy, casi o sin casi resulta que debo ser el más tontuco de mi cuadrilla, de mis amigos de siempre, de los de verdad, grupo donde el que no se hizo médico acabó como ingeniero y el caso es que... oye,  pues mira, resulta que yo también soy... moderadamente feliz, quizás sea por lo mismo que ellos, por ser lo que quería ser y no hacer lo que querían que hiciera, por lo que sea que no es, no lo sé, no entiendo de verdades a medias, lo que sé es que como dice Fito, "el colegio nunca me enseñó..." y además en la vida la historia se repite y mira por dónde a mí me toca de cerca, muy de cerca.
Ahora pienso en Don Domingo, Don Pantaleón o Don Carlos, les recuerdo con una sonrisa, con cariño, pobrecillos, eran muy buena gente, muy buenos, buenísimos maestros que no acertaron conmigo y que yo... me equivocaría otra vez.
Se me acabó el café, se me ha echado la mañana encima, el tiempo pasa volando y más aún escuchando a Fito. 

08 octubre 2015

Dos alianzas.

Hoy no pensaba pensar, el pensar no es bueno, es más, a veces es tóxico y hasta puede llegar a doler pero, ya de madrugada sentí que hoy algo no estaba en su sitio, algo fallaba,... yo.
Hoy era una mañana de compras, lo de ir de tiendas es una pena accesoria a la condena del matrimonio, yo tengo una especial habilidad para esquivar las tentativas pero hoy no hubo manera, me cortaron la retirada dejándome sin escapatoria y eso que tenía un plan infinitamente más relajado, confortable y placentero pero... Mañana de compras.
Después del mercadeo, sobre las dos y media, tras el vermú y tal... entramos a comer en un conocido restaurante de la capital, un sitio al que solemos ir con cierta asiduidad. 
No había nadie, el comedor estaba vacío, nos sentamos al fondo y al poco de ser atendidos vemos entrar a un  señor mayor al que nada más divisar, por algo que no sé que coño pudo ser me llamó poderosa y extrañamente la atención. Andaba con dificultad, se apoyaba en una muleta y se dirigió directamente a la única mesa del comedor que tenía preparado servicio para un solo comensal, detalle éste que me hizo pensar que esa era su mesa diaria, la mesa del hombre solo.
Le costó Dios y ayuda el poder sentarse, sus maniobras y sobre todo su gesto de dolor evidenciaba problemas de cadera y rodillas. No tuvo que pedir el menú, el propietario del restaurante le trajo comida aparte de la anunciada para hoy, nada más sentarse, con voz cansada por el esfuerzo se dirigió a nosotros con un "muy buenas tardes señores, que les aproveche."
Sabía que no había fallado, lo sabía, sabía que ese hombre de unos 80 años era una persona muy especial al que de forma instintiva y sin poder evitarlo desviaba yo permanentemente mi atención. No apoyaba los brazos en la mesa, se agarraba a ella por ambos costados, en el dedo anular de su mano derecha llevaba dos alianzas, la suya y la de la soledad, la mirada perdida al frente y su gesto, aunque placentero por fuera, terriblemente triste por dentro.
Le trajeron el primer plato, cargaba la cuchara con sumo cuidado, sin prisa, comía despacito, con todo el tiempo del mundo y entre cucharada y cucharada abrazaba de nuevo la mesa, manteniendo la mirada perdida en su mente, en limbo de la nada, mirando a ningún sitio, a la inmensidad de su vacío interior, del comer solo cada día.
Pasa el responsable y le pregunta si le gusta lo que le había puesto para comer y él responde afirmativamente expresando su gratitud de forma tan educada como efusiva y con especial hincapié en su calidad y exquisitez a lo que aquél, con sumo respeto y cariño le responde, "da lo mismo lo que le ponga, a usted siempre le gustará".
Ese señor es un hombre solo, con rictus de disimulada tristeza, deseando poder hablar con alguien, muy educado y muy solo, tremenda y terriblemente solo. Lo canta su indisimulable mirada.
Me imaginaba por un momento su cruel rutina. Comida siempre a las dos y media en la mesa de siempre del restaurante de siempre, a las cuatro café en el lugar de siempre con el camarero de siempre, paseo hasta las seis por el ruta de siempre, a las siete y media en casa porque en la tele ponen lo de siempre, a las ocho y media la cena de siempre, dos piezas de fruta, yogur y a las nueve en la cama, solo, como siempre, con la soledad, los recuerdos, la ausencia y la frialdad de unas blancas sábanas como única compañía. Como siempre.
No me equivocaba, sabía que no me equivocaba, hasta mi mujer me dio la razón. Al levantarnos pasé junto a él... "Que aproveche Señor y muy buenas tardes", sin dejar de abrazar la mesa levantó la cabeza, fijó en mi cara su triste mirada y agradeció mis deseos de una forma única, sincera, pura y entrañable diciéndonos... "Muchísimas gracias parejuca, feliz tarde". Mi alma se tambaleó.
Sabía que no me equivocaba, lo sabía, me hubiera encantado poder haber compartido mesa y mantel, estar, charlar con él, con ese hombre con aura, un ser entrañable y especial, muy especial, un hombre solo, tremendamente solo. Sabía que no me equivocaba con aquel señor, con el hombre que abrazaba la mesa, el de las dos alianzas.

29 septiembre 2015

Amor sin fin.


Hoy, hablando con mi gran "Chuggi" salió ella en la conversación con el argumento más tonto que podía motivarlo, el cachondeíto que se traía mi colega con mi modelito de camisa vaquera, tonto el motivo pero salió y cuando salió es porque estaba y está dentro.
Hay muchas formas de querer y sentir, no es el mismo el sentimiento que despierta cada persona al arraigo de su condición, no puede ser el mismo. Hay muchas clases de amar, mucha diferencia entre quereres, hay muchísimos sentimientos exclusivos, privativos y únicos, tantos como seamos capaces de sentir, almacenar y expresar.
A un amigo se le quiere como sólo se puede querer a un amigo por mucho que se le quiera, si no se le quiere... no es amigo. A la esposa, los hijos, los nietos, el padre y la madre sólo se les puede querer como se puede querer a la esposa, los hijos, los nietos, el padre y la madre, son sentimientos individuales y diferentes, particulares y reservados de forma exclusiva a cada uno, hay tanta diferencia que a algunos de ellos no se les quiere, simplemente se les adora, se les venera y admira sin fin y hasta el final, no se proyecta el mismo amor a una madre que el que sientes por una nieta, son diferentes, ni mejores ni peores, diferentes, únicos y complementarios en su diferencia.
Hay otro sentimiento irrepetible y diferente a todos que rebasa el querer, que deja atrás la admiración hasta minimizar el amor, es un sentimiento único e irrepetible en la vida, es pureza derivada de una mezcla de bondad, ternura y dulzura que entrega con una generosidad ilimitada simplemente con su mirada. Cada persona imagino que lo habrá sentido alguna vez y por alguien diferente, nadie debería pasar por la vida sin disfrutarlo, sin vivirlo, sin sentirlo, nadie tendría que perdérselo. Como dice alguien que conozco, es lo más de lo más.
Yo tuve esa suerte gracias a ella, a la que hoy salió en la conversación gracias al modelito de mi camisa, una de las personas que más he amado y amaré en mi vida, mi abuela Andrea. Siempre y para todos tenía su sonrisa, su cariñoso gesto, su alegría de vivir. Recuerdo que cuando le pegaban aquellos ataques de amor me cogía la cara con ambas manos, se me quedaba mirando y con una sonrisa enorme me decía… "que guapo eres jodíoporculo" para después lanzarme una ráfaga de besos de repetición en la mejilla despidiéndome con un…¡¡¡…y que lambucero!!!".
Han pasado años, muchos años, muchísimos. Mi hermana -que por algo será por lo que también se llama Andrea- me dice que quizás la tenga idealizada, que mi devoción hacia ella haya sobrepasado la realidad y los límites de mi recuerdo, me da igual, yo sé lo que sentía y siento hoy treinta y cinco años después, aquello era amor sin límite, en su caso… pasión de abuela, aquello era, es y siempre será, un sentimiento irrepetible, un amor sin fin.
Hoy tocaba.

29 agosto 2015

Cruz y raya.



A estas alturas me debo estar un haciendo un maníaco no peligroso. Hay algo cada vez más en boga a lo que no me acabo de acostumbrar, yo no digo que esté bien o mal, sea o no lo que haya que hacer y lo correcto pero a mí me puede… 
Evitando citar nombres. Hace un par de días me senté con tres personas más a tomar un café en la terraza de una conocida cafetería de Pijolandia, instalaciones que antes ocupaba una estación de servicio de la que solo se salvó su marquesina por lo antiguo y original de su diseño, pues bien, allí, bajo ese artilugio montaron el garito.
Antes de aposentar nuestras nobles nalgas aparece raudo y veloz el camarero, al que ante su apremiante, urgente e inaplazable petición de comanda, le encargamos la consumición con miedo hasta de primero pensarlo y a todo correr.
No habían pasado tres minutos y ya estaban los cafés en la mesa y antes, pero bastante antes de terminar de echar la leche ya nos estaba informando del importe de la consumición con el ticket sujeto entre el dedo corazón de la mano izquierda y la bandeja "plateá".
Tocadura escrotal. Evidentemente y con la educación debida por supuesto, algo le tuve que decir..., no me podía callar puesto que dignidad y vergüenza obliga y no teníamos ninguno cara de chorizos y muchísimo menos por tan ridículo botín, pero a lo que vamos,... estará bien o mal, será o no muy profesional la historia, lo harán por norma, no lo sé, yo lo que sé es que de chaval trabajé bastantes veranos en la hostelería y no hay profesión en este mundo con más psicólogos y de los auténticos, de los buenos, de los de verdad, de aquellos que sin darse importancia alguna sabían lo que ibas a pedir desde antes que abrieras la boca, de los que desconfiaban del cliente desde verle cruzar la calle y nunca se equivocaban, nunca.
Las cosas como son, pegársela a un camarero es más difícil que remar en un botijo y hay un principio basado en la productividad de la causa-efecto por lo que no estoy yo muy seguro si les merecerá le pena tanta historia para evitar un sinpa de seis pavos pudiendo de esa manera perder muchos clientes maníacos no peligrosos como yo de los que encima dejamos bote...
En fin, que a mi no me gusta ná de ná esa práctica así que en lo que a mi respecta y en cuanto al lugar en cuestión… cruz y raya.

30 marzo 2015

Nada es como antes.


A las siete de la mañana ya estaba yo tomando café, que pena, nada es como antes. Hemos perdido el romanticismo de los restos y el sedimento, lo melancólico de la bayeta para todo. Como echo de menos aquellos bares de siempre, españoles, castizos con dos cojones y medio, bares de camarero con trapo de cuadros al hombro y delantal por la cintura, barras de madera vieja y adherente, superficies pegajosas sin formica donde te tiraban un puñado de cacahuetes para pasar la caña, para ti y para el que viniera detrás, aquellos platillos de aceitunas rebosantes de caldo, los suelos petados de colillas, huesos de oliva, servilletas usadas y cáscaras de frutos secos, aquellos tubos metálicos donde apoyar el pié para mantener el equilibrio como punto de apoyo perpendicular a la barra, aquellos váteres-gimnasio de agujero al suelo... Nada es como antes, hoy te ponen el pincho con una ramita de perjil en un plato cuadrado donde cabe la tortilla entera, el café con galletita en bolsa cerrada y los camareros no tienen las uñas negras. Pena de evolución. Nada es como antes.

25 marzo 2015

Túnicas moradas.


Ya están aquí, ya vienen los siniestros de la caperuza, los tenebrosos sin causa, pero tranquis todos que no pasa nada, no es el kukusklán ni nada parecido, es la semana santa y eso está muy bien, son unos días de fiesta cojonudos para escaparte por ahí y además suele hacer muy bueno excepto en Sevilla que llueve siempre, pero bueno, a decir verdad es que hay cosas de la semana santa que por lo extraño y a veces lúgubre, llaman la atención y algunas hasta acojonan y eso que afortunadamente ya no es como antes, entonces era peor y encima no tenías vacaciones.
Eran días tristes y de cara circunstancial por decreto, de pena fingida y miradas mudas, todo estaba cerrado. En la tele, procesiones, conciertos interminables, misas eternas y pelis de romanos y en la radio no era muy diferente, música de paso lento y locutores con voz afligida, compungida, como de paciente en pleno tacto rectal, además, el copuleo era pecado mortal y estaba prohibido hasta sonreír, de hecho, nos decían que eran días de pena, ayuno, reflexión, purificación, cognición, sacrificio, arrepentimiento y la virgen santa, osea, que por cojones tenía uno que sentirte como un penitente temeroso, acojonado, mal consigo mismo y culpable de no sé qué...
Hoy ya no es lo mismo, es más, los curas alternan con güisqui con cola y en la tele hasta echan pelis de Bruce Willis, pero aún así, el coso sigue teniendo su cosa, su queseyó, como lo del ramadán cristiano por ejemplo, lo que viene a ser la dieta por Ley. Se trata del rito de no comer carne los viernes de cuaresma, ni carne ni embutido ni nada rico que se le parezca, pero el caso es que hace años el asunto era cojonudo..., no podías catarla a no ser que fueras militar, picoleto o te presentaras en casa del cura y pagaras la bula, vamos, lo que viene a ser que,... o sueltas la panoja o te jodes y cuidadín que otra cosa era el como podías salir de allí, dicen las malas lenguas que desde su habitación tenía unas vistas a Cuenca que flipas. Eso dicen... 
Luego está lo de la penitencia pública, eso si que acojona. Los hay que van de rodillas con la espalda hecha polvo por auto flagelo con una especie de látigo que flipas, los que se dejan crucificar con clavos de los que pinchan de verdad, los que van amarraos con una soga a una cruz que debe de pesar la de Dios o los que les da por ir de rodillas arrastrando una cadena de la virgen mientras recorren siete iglesias. No me digas que eso no acojona..., el caso es que extrañamente, los arrepentidos esos no pisan una iglesia el resto del año ni pa cristo...
No es un tópico, es lo típico de estas fechas, son cosas de siempre como el cura bajo palio, los gestos sin sonrisa, las estampitas de cristos espinados, los nazarenos, los burkas en mirada ajena, los capirotes macabros, el beato boato, los lentos redobles de tambor, los profundos berridos de llanto, las saetas desde la ventana, los balcones alquilados, los trajes oscuros, las corbatas negras, las mujeres de luto, las mantillas misteriosas, los medallones al pecho, los cirios encendidos, la cera derretida, las palmas de ramos, los ramos de olivo, el olor a incienso y las mil y un procesiones petadas de devotos que al día siguiente te puedes encontrar en cualquier antro de lucecitas de neón y mujeres en bragas. Es lo de siempre, lo que se llama cristiano a tiempo parcial o católico en funciones.
Pero bueno, a decir verdad, entre tanta aflicción y pesadumbre, la semana santa también tiene cosas menos oscuras, cosas como las vacaciones, la tortilla de calabacín, los bocatas de rabas, las monas de pascua, los bollos de anís, las torrijas con miel y como no … ¡¡¡el bacalao con tomate!!
Pues eso, que ya están aquí, que vienen los del cirio y el capirote así que disfrutemos que aún... "podemos", vivamos la semana del arrepentimiento, la fe ajena y aflicción fingida, vivamos la fiesta del hábito, la sotana y las túnicas moradas.

18 marzo 2015

Regardier en arrière.

Mirando atrás recuerdo una anécdota cuando menos hoy "graciosa", entonces no lo fue tanto, para nada y no se rían que es una cosa muy seria.
Yo empecé a estudiar francés cuando apenas tenía séis o siete años, lo que ahora se llaman "las complementarias" entonces era "la particular" y nos la impartía un profesor que se llamaba Don Carlos. Aquel profesor metía más horas en el colegio que el conserje puesto que cuando salíamos nosotros entraban los adultos, lo que nosotros llamábamos personas mayores, a los que daba clase para sacarse el graduado escolar. Entre aquellos por cierto estaba mi padre. 
Aquella clase jodía un montón, cuando los demás salían a las 6, nosotros nos teníamos que quedar una hora más en clase con Don Carlos, una hora de "vocabuleg" mientras escuchábamos de fondo los gritos y balonazos en la calle, crueldad añadida pero..., mi madre se empeñó en que estudiara francés y ...
Una de aquellas tardes de playa y eterna digestión antes del baño, me falló la táctica que habitualmente utilizaba, y aquello de acosar y coser hasta el aburrimiento a mi madre cada cinco minutos con el "mamá, que hora es, mamá que hora es y mamá que hora es" alternándolo con el preguntar insistentemente "mamá ya es la hora?, mamá ya es la hora? y mamá ya es la hora?" se volvió contra mi. Vaya que si se volvió...
A nuestro lado, a menos de cinco metros se encontraba una familia de franceses, por lo menos entre ellos hablaban en francés, y a la lista de mi madre no se le ocurre otra que decirme... "pregúntaselo a los franceses" mientras se reincorporaba y me empujaba hacia los gabachos.
Yo me resistía y negaba la mayor, ni de coña iba a preguntar la hora a los franceses y mucho menos en francés pero ella... erre que erre,  hasta llegar a chantajearme sentenciando... "O se lo preguntas a los franceses o no te bañas". No me quedaba otra.
La madre que me parió, nunca mejor dicho, me puso entre la espada y la pared, o preguntaba la hora a los gabachos o no había baño, así que no me quedaba otra y después de negarle diez veces me resigné, armé de valor y educadamente les espeté... "Quelegetilsilvuplé? a lo que el franchute con irónica sonrisa por cierto que llenaba su asqueroso rostro me contestó... "Las cinco y cuarto, no se te arregla para bañarte macho"...
Noooooooooooooooooooooooo, tierra trágame!!! me faltaba playa para correr, lo primero que sentí fue un impulso matricida desconocido, una vergüenza que aún hoy mi madre recuerda y un ridículo memorable en los anales del sonrojo. Creo que aquel día batí el record olímpico y mundial de carrera de tropecientosmil metros lisos con ganas de matar a una madre, es más, aquel día Forest Gump era un puto mindundi al lado mío.
Tardé en volver por donde estaba mi madre, bueno mejor, por donde estaban los gabachos, me podía el bochorno y las ganas de matarla. Es más, creo que se me quitaron las ganas de baño... 
No se rían que es una cosa muy seria, esto es lo que mi hermana dice mirar "patrás", "regardier en arrière". La madre que me parió...

16 marzo 2015

Los pirauchos de Valentín.


Yo me he criado en la playa. Desde que mi madre acababa de trabajar hasta la noche, hasta última hora. Había que estar hasta que Valentín diera por finiquitado el día y así, mientras recogía el puesto nos dejara uno de los pirauchos que alquilaba. Aquello era mi prórroga, un tiempo extra de disfrute con Maricarmen y Ricardo entre Ondarreta y el Pico de Loro. 
Lo peor de ir a la playa era el traslado de pertrechos, me río yo de las penitencias en procesión. Aquello si que era dolor. Ondarreta, sin exagerar, quedaba como tres millas más allá de las Azores y llegar hasta allí andando, con la silla de mi madre en una mano que me destrozaba los tobillos a golpes, la sombrilla, el cubo y la pala de mi hermana en la otra, la pelota de Nivea bajo el sobaco y la bolsa de las toallas cruzada a la espalda... pues como que no era lo más cómodo pero para todo ésto, mi madre cargaba en brazos mi hermanita, la nevera con bocatas para un regimiento, otra silla para Elena o Fausti y la de Dios en verso, cuando llegábamos conformábamos un asentamiento de lo más parecido a un campamento calorro que vi nunca.
El tema de la digestión era otra historia, asunto que hoy, más de cuarenta años después sigue siendo mítico y objeto de burla con la vieja. Mi madre nos tenía tres horas ¡tres! para hacer la digestión de un triste bocata de salchichón, si pero no tres horas para los tres, no, tres horas para cada uno, algo así como si nos hubiéramos comido a mi hermana, a la que por cierto, encima teníamos que vigilar durante esas tres larguísimas horas mientras mi madre descansaba esparcida cara al sol. Éramos como bocartes en la arena ansiosos de volver al agua.
Recuerdo que en la esquina de Matía con Sukía había una pastelería con un escaparate para llorar de emoción, bajando de casa había que pasar por allí si o si y creo que la pobre de mi madre debía de pasarlo peor que nosotros ante aquella exhibición de panchinetas, borrachotes, chocolates, bombas de crema y cruasanes rellenos; no había flus y de donde no hay... pues eso, quizás el residuo emocional de aquello lo esté pagando ahora mi nieta a la que atiborro de lo que sea y hasta que le salga por las orejas, aunque no lo quiera. Es la venganza del subconciente sobre el pasado.
Eran días de piraucho a finales de los sesenta, días en los que el tiempo no corría, en los que la vida era muy lenta, tan lenta y parsimoniosa como las agujas del reloj de Ondarreta, tan lenta como la digestión de un bocata de salchichón, como las tres horas de cuidado de mi hermana.
Eran días de pirauchos, de los pirauchos de Valentín.

08 marzo 2015

El tonto del tanganillo.

Menos mal que salgo poco por las noches porque a tenor de lo que hay tengo una cosa muy clara, que tengo imán para los gilipollas.
El día después de una noche de copas con seis amigos pues como que tampoco es el mejor momento para pensar, los dolores de cabeza no es que te lo faciliten demasiado pero bueno, aún a pesar de la resaca de Santa Teresa (la del ron digo), hay algo sobre lo que me si apetece escribir.
Hay que ver lo a gusto que se está con quien se está a gusto, gusta compartir pinchos, teatro, copas y risas con quien te gusta, de forma tranquila y sin meterte con nadie, te lo pasas bien y disfrutas con los amigos hasta que de buenas a primeras aparece el gilipollas y lo jode. Me refiero al tonto del tanganillo, si, hablo de ese personaje al que no se te ocurra mirar dos veces porque se ofende, un mermado que se considera por encima del bien y el mal, un perdonavidas que crea problemas donde no los hay, un armario empotrado que te mira con desprecio y te trata con desidia, un fantasmón hormonado, musculitos comehombres de bronceado hortera, cabeza cuadrada y rapado militar, un impedido con pectoral 7XL, camisa desabrochada y frontón depilado, un disminuido que vota, un tutelado con evidente sintomatología de indigencia intelectual y nítidos ademanes de matón de tres al cuarto que probablemente por deficiencia en el riego vascular tiene el hipotálamo más seco que la vagina de una momia. 
Un cantamañanas con paquete marcado en pantalón de piquillo que libera su frustrada vocación ejerciendo como portero de disco-bar con una llamativa prepotencia, chulería, falta de compostura, saber estar y educación hasta que "alguien" al que pretende amedrentar va y le contesta alguna cosita al oído que de repente le hace ver que acaba de equivocarse de cabo a rabo para de forma fulminante volver al mundo real y lo por sorprendente que pueda resultar, pedir perdón y desaparecer. 
El tonto del tanganillo es el típico elemento sumamente necesitado de practicar... yo qué sé..., jumping, puenting, paracaidisming o cualquier otro deporte de riesgo para que quizás con una buena hostia se arreglara lo suyo, si es que tiene arreglo, que lo dudo.

31 enero 2015

El bacalao.



Cada día pasan cosas que no dejan de sorprenderme, estoy indignado joder, no entiendo como puede haber gente así de verdad, como hay Dios que no lo entiendo, pero te juro por la oveja Dolly que es verdad, hoy he conocido en la panadería de Covadonga a un tío al que no le gusta el bacalao!!  Ya empezamos, lo sabía, sabía que no te lo ibas a creer, si lo sé le hago una foto.
Pues eso, que no le gusta pero no es que no le guste con tomate, al pil pil, a la brasa, frito, en empanadillas,  relleno, en salsa verde o en tortilla, no, que no, como hay Dios que a ese tío es que no le gusta el bacalao se lo pongas como se lo pongas!!! amos no me jodas... ¿como se puede vivir sin bacalao? ¿como ha llegado hasta aquí? ¿Como ha sobrevivido? ya solo faltaba que tampoco le guste la ensaladilla rusa, entonces habría que eliminarlo de la faz de la tierra, sería un personaje altamente nocivo y peligroso para la especie, una bomba para la gastroconvicencia,  si ya es raro de cojones ahora...
El bacalao no se come, se cata, no se engulle se disfruta, no se jinca, se saborea, se goza. Yo entiendo que no le gusten las manos de chon, las orejas, las criadillas, los sesos, las mollejas, el hígado o la asadurilla, es más, asumo hasta que no te guste el marisco ni el pescado... ¿pero el bacalao? amos no me jodas, eso si que no... eso tenía que estar penado. Claro, luego no me extraña que pase lo que pasa, todo lo que pasa es por falta de bacalao.
El caso es que parecía un tío normal, lo parecía, aparentemente no se le notaba nada, andaba recto, no tenía rabo, no emitía ruídos extraños, tenía tronco, cabeza y extremidades compensadas, dos orejas, ojos, nariz y boca, vestía sin llamar la atención, salvo una pegatina de Potemos por fuera no había nada extraño pero no gustándole el bacalao algo tiene que haber, seguro que lo disimulará de alguna forma, amos no me jodas, es imposible vivir sin que te guste el bacalao y que no se note, seguro que me estaba vacilando...
Que cosas pasan joder! ..., sabía que no te lo ibas a creer, para una vez que me encuentro a un tío al que no le gusta el bacalao... y no llevo la cámara. Pa matarme.

04 enero 2015

Tengo un plan.


Como soy un poco nada creyente no puedo escribir carta a los Reyes, me tomarían por gilipollas y se partirían el culo a mi cuenta osea que tengo un plan. No sé como no se me ha ocurrido antes. Voy a bajar al banco y sacar toda la pasta que tenga, que por cierto no sé cuanta es, y luego voy a ir a una administración de esas de lotería y comprar todos los décimos del mismo número que pueda para el sorteo de Reyes.
Como me va a tocar, porque me va a tocar, si a Fabra le ha tocado tantas veces, digo yo que a mi no será tan dificil que me toque solo una ¿no?, pues eso, que cuando pille las perras va a ser la leche porque me voy a comprar poderes a tutiplén...
A mis herederas una pasta para cada una y que dejen de llorar per in saécula saeculorum que delante mío se gastan un dineral en klinnex las mis pobrinas, a la que duerme conmigo pues lo de siempre, el fifty fifty de todo, en coma tres se encargará ella de ello oye. 
A mi hermana un tratamiento que la coloque en uno setenta y cinco en un  pispás y por arte de birlibirloque, con unas tetas de la leche, bueno no que ya es mayor para preñeces, mejor con unas tetas que flipas y un poco más de culo, lo demás que no lo toquen que está chuli y me encanta. A mi viejos lo que quieran que para eso son mis viejos, esos salen baratitos, nunca quieren nada...
A mi chugggggi y cueste lo que cueste una mujer pa siempre, que es que no levanto cabeza con él. A mi amiga Maria de la Victoria, una patada a la putahipoteca y ya que está perdiendo facultades, un aparata chantajeador emocional nuevo de esos que hacen que consiga lo que quiera solo con poner caritas, el que tiene ya está fallando y no son las pilas...
A mi nieta, un mundo de castillos y pinsesas, un prado con muchos animalitos y vacas vestidas de vacas, ahhh,  y un río con canrrrrejos y cocodrilos de mentira.
Y para mi, lo mejor, el verlo y disfrutarlo. Va a ser guachi, ya estoy deseando que llegue pasado mañana. Me encanta que los planes salgan bien.

10 diciembre 2014

Barlancaster


Nunca lo he hecho, nunca he querido a ningún Andrés por aquello del interés pero bueno, si tienes un amigo mecánico, electricista, fontanero o lo que sea... pues cojonudo, nunca está de más un cambio de correa de la distribución, una sustitución de grifo o un pirateo a buen precio en el automático de la luz, cualquier oficio vale menos el de médico, ni de coña os echéis un amigo médico. Eso no es un amigo, eso es un cabrón.
Uno no es que sea especialmente hipocondríaco, no, es que no le gustan los médicos, así de sencillo, el médico es el que busca en tus adentros lo que no debe para encontrarte lo que no quieres, por lo tanto no es un tema de prejuicio alguno, no, es un simple posicionamiento de defensa propia.
Voy a ver al gran Pancho y por un puto catarro me manda unas radiografías de tórax, vuelve, te las miro y te mando al neumólogo para que te vea, ¡tócate los cojones!! pero... ¡pa qué!, que es lo que quieres que vea? ¡Sé claro! ¿Qué coño tengo? que manera de complicarme!! dame un jarabe ricorico o unas pastillas mágicas de esas que saben a dónde tienen que dirigirse y lo que tienen que hacer y déjame de historias, pues no, debe ser que como tenemos buen rollito... con lo bien que se está en la ignorancia!.
Vas y te haces las placas, vuelves a su consulta, las coge, las mira y como ve menos que una picha vendada... las aleja, las levanta, las pone a contra luz, a favor de la luz y a empate con la luz, me dan ganas de aguantárselas para que pueda verlas pero lo pienso y me digo... ¡los cojones! a ver si va a ver más de lo que debe. Cuando pilla la distancia de visión va y dice... "Vamos a ver que tenemos por aquí", mira que majo..., será ... "vamos a ver que tienes por aquí"!!!! vamos digo yo...
Mientras las mira tú no las ves, tú solo le miras a él, estudias sus gestos, sus reacciones esperando que no arrugue el morro y diga aquello de ..."uyuyuyyyyyy", como se le ocurra decir "uyuyuyyyyy" salgo de aquí a una hostia que no me pilla ni la Guardia Civil. Él lo sabe, me juna de reojo y mientras tanto tu piensas... "A ver si va a ser que no se atreve a decírmelo", "¿Pa qué coño me mandará al neumólogo ese? bufffff, si lo sé no vengo.
Como echo de menos aquellas visitas al médico de fonendo al pecho, treinta y tres, palillito en la boca y a correr, ya estabas bueno, habías cumplido el expediente y ya no te dolía nada, vamos como hoy en día en la Seguridad Social, pero claro, como tengas un coleguita médico... la cagaste Barlancaster.

13 octubre 2014

Cuatro gotas.



Siete de la mañana, suena el despertador, hay un ruido de fondo contra la persiana que me confunde y digo... "Me da que está lloviendo" a lo que la "listuca" que me largaba de la cama estirantándose por el catre me suelta alegremente... "Anda, anda, tira que son cuatro gotas".Nada, ...pues lo serán.
Me ducho, me afeito, me perfumo (por si acaso y tal...), desayuno rápido, me visto y a la calle. La madre que la parió, asomo el morro a la fresca y... la virgen!!!! llovía... como tiene que llover, como ha llovido toda la vida y parece que se nos había olvidado, llovía haciendo ruido, botando en el suelo con mala baba, alevosía y ensañamiento, vamos, salpicando con dos cojones y como diciéndome... sal si tienes huevos!.
El tomatito aparcado a unos veinte metros del portal y el pobre Pin desarmado y en manga corta. Jamás pensé que veinte metros eran tantos metros, el coche estaba como en las Azores o más allá pero no quedaba otra, hay que ir a currar osea que, ¡¡vamos legionario!! a arrastrar la rodilla, vamos, lo que para otros es correr.
Lo primero que haces al salir pitando bajo la lluvia es esconder el cuello alzando los hombros, que gilipollez, como si el agua dijera... "Nooo, a ese nooooo, que va encogido el pobre..." miras para el suelo como si fueras a ver algo, te va a dar igual, si lo sé me hago el chulito y voy paseando hasta el coche... me hubiera dado igual.
En veinte metros ni el Ben Jhonson ese de los tripis me pilla, en veinte metros hice dieciséis regates, catorce saltos de longitud, los veinte metros obstáculos y además..., sin cuello, con dos cojones, pero dio igual, en ese espacio cogí todos los charcos del mundo, pisé sobre toooodas las baldosas flojas y cuando llegué al tomatito... el muy cabrón se alinea con la lluvia y se divierte moviendo su cerradura para joder y no dejarme abrirle la puerta. Porque me cae bien y lleva conmigo muchos años que si no..., cuando me dejó entrar... lo de mis pantalones era de chiste y la camisa pesaba tres arrobas así que empapé el asiento, ¡que se joda! solo me faltaba el gorro de baño, las chanclas y la toalla.
Lo suyo entonces era subir a casa a cambiarse y de hecho se me ocurrió, lo suyo era subir y meterme en la cama así como iba con la de las cuatro gotas... pero mi otro yo, el bueno, me dijo... déjala, o la dejas o la matas.
La muy cabrona, cuatro gotas...

Buenos días.

03 agosto 2014

La ducha del Hotel.


Ya lo sé, acabo de descubrirlo. Este fin de semana se han confirmado todas mis sospechas y por fin, tras alcanzar la sabiduría de motu y carne propia, ya sé como aprendió Michael Jackson a bailar de esa forma tan espectacular, ya lo sé, aprendió en la ducha de un hotel, fijo!!.
Lo de las duchas de los hoteles es de traca, ya son muchos los casos sufridos en la tierna, suave y nada trabajada piel de quien aquí se asoma, hemos sufrido lo nuestro y tras largas y diversas experiencias, tras éste fin de semana estamos en condición de asegurar sin ningún género de dudas sobre el método de aprendizaje para bailar como bailaba el gran Michael, no el del coche fantástico no, el otro, el jackson ese de las pastis y tal.
Llegas al hotel, generalmente cansado y como casi siempre viajamos en moto, pues lo primero que haces es pegarte una ducha, o intentarlo. Llegas con ansia, entras a la habitación sudoroso y en un pestañeo ya estás despelotado frente a la ducha. La miras con deseo, con pretensión, con pasión. La cosa no debería ser muy complicada, solo es entrar, cerrar, abrir el grifo, tantear la temperatura y relajarte bajo el agua, yatá, así de fácil. Error, craso error. La maléfica te espera...
Entras y cierras la mampara, de repente tienes frente a ti un aparato que no sabes si es una ducha o el mazinger zeta ese, solo ves algo extraño, enorme y por supuesto sin manual de instrucciones. Atónito buscas algo que cuando menos te resulte familiar, aquello tiene tres mandos, cuatro botones, dos palancas oscilantes y nada de color azul ni rojo para probar.
Temeroso y esperando no sé qué abres uno al azar, cualquiera, ese mismo. Error, craso error, de repente sale del suelo un chorro de la virgen, frío como un témpano y colisiona directamente en la zona supra-almorranal con desplazamiento por simpatía e invasión húmeda hacia la subtesticular. Cara de susto y primer movimiento extraño a lo Jackson, en un pis pas, cierras las piernas, las cruzas y a la vez te echas de espaldas contra la pared mientras giras 180 grados. O más. Ya sabemos un mando que no hay que tocar ni pa Dios.
Lo intentamos con el del al lado pero un poquito nada más, la viiiirgen!!!!, ahora te ataca por detrás con cuarenta mil chorros que brotan por doscientos agujeros diseminados y estratégicamente ocultos por toda la pared, de la cabeza al talón y por supuesto fríos de cojones. Movimiento sexy, cuerpo estirado, encorvado hasta lo insospechado para atrás con súbita inclinación hacia la derecha y giro hasta alcanzar el perfil del agua. Magia.
Ahora es cuando te das cuenta que no vales pa ná, de repente lo miras y... te ha desaparecido "eso" y en los pezones puedes hasta colgar toallas. Que pena...
Empiezas a jurar y optas por probar otra técnica que consiste en salir de la ducha y abrir los mandos desde fuera, osea, a lo cobardica y desde la retaguardia. Error craso error. Te posicionas fuera de la zona de influencia y vas a por el tercer mando, el que falta, de las palancas y botones pasamos, eso ya es demasiado complicado. Te apoyas en la puerta-mampara, inclinas hacia tu cuerpo hacia el interior y lo giras. Oleeeee. Se abrió el pantano y todo para ti. Sale agua por todos los lados menos por uno. Te empapa de arriba abajo y tras cerrar la puerta en defensa propia te das cuenta que veinte mil chorros colisionan directamente desde dentro contra la puerta, de frente y desde arriba. La jodímos. Dilema, hay que entrar como sea porque tarde o temprano habrá que cerrar los grifos....
Juras, perjuras y la otra..., si, esa, la que nos acompaña, la lista esa que todo lo sabe, la tocacojones de siempre se está partiendo en dos. se descojona de risa con la escena mientras pretendía fotografiar el momento con el móvil... no te jode...
Nuestra única esperanza era el que por lo menos el agua "templara"... joder que si templó... aquello empezaba a nublarse a cuenta del vapor... no se junaba nada, veía menos que un muerto boca abajo.
Hay que hacerlo, hay que echarle cojones, yo solo me animaba..., ¡¡¡vamos legionario!!! solo hay que entrar, cerrar la mampara para no inundar el baño y girar el grifo. Solo eso. Podéis imaginaros el resto, Impresionante coreografía. Ahí y en ese mismo momento es donde nos hemos dado cuenta que no era tan difícil, que no tiene mérito la cosa, que el truco de Michael era ese, que ya sabemos como lo hacía y donde había aprendido..., así cualquiera no te jode... en la ducha de un hotel. 

05 julio 2014

Diario de una mente demente.


Es sábado y me lo merezco, esta semana ha sido más dura que la picha de Robocop, amanece, es pronto y ​sábado, que le vamos a hacer, estoy hasta la breva del puto reloj biológico ese, a estas horas, ya estoy meado, aseado, desayunado y silbado en la terraza mirando a la nada.
Es pronto para desayunar por segunda vez, tomaré solo un café. Con la taza en la mano no pienso, mi divagar daría positivo por cafeína y tal como está la cosa casi que no, por si acaso lo han prohibido también, nunca se sabe si te van a tocar al timbre dos tablillas cafetómetro en mano.
Escribo dejándome llevar por mi paseo por las nubes, pijadas desde el limbo y pienso... en la vida hay cosas tan baratas​ y banales que no tienen precio​, nadie podría hacer negocio con ellas, ni los chinos siquiera, quizás por eso son tan valiosas, porque que no se venden, esas son las cosas que me gustan, cositas como el honor, la amistad, la lealtad, efectos que nunca copiarán los chinos, que no se venden por ahí aunque para algunos les dé igual ya que lealtad solo les suena al nombre de una calle de la capital...
Pero vamos a lo que vamos, a lo importante, a disfrutar de las cosas bonitas, de lo que me ​gusta, me hace feliz, lo que me llena, vamos a mis chorradas baratas como que Lucía me llame abuelito y no abuelo, a mantener "sucretos" que a la primera larga, a no mentir jamás, a mirar al cielo y buscar con ella ositos entre las nubes, a comprar los frigopiés en las Vegas, a andar con cuidado entre la hierba por si despertamos al cocodrilo, a acojonarnos con los canrrrrejos del río, a subir las escaleras mágicas tocándonos la nariz para no tener miedo, a caminar por la calle Burgos sin pisar las rayas y a notar, sentirla feliz, ver como disfruta sintiéndose importante, valiente y toda una heroína ante mis ojos, eso es lo que me gusta, lo que me importa y eso... eso no lo venden en los chinos, no tiene precio.
Son mis pijadas, mis cosas, igual que tú tendrás las tuyas supongo, son chorradas, mis chorradas, tonterías tan tontas que por lelas dibujan en mi cara una sonrisa de lado a lado, son cosas que me llenan, me hacen feliz, como gustar a quien me gusta, importar a quien me importa y querer a quien me quiere aunque... te confieso y quizás por eso sé que soy mayor y diferente a Lucía, que me encanta y me chifla pasar de quien que de mí pasa pero además ignorando con alevosía, prepotente vehemencia y omisión activa su pasiva  y absurda ignorancia​. Mmmmmmmmmmmmmmm… me chifla.
Me gusta que las cosas salgan bien porque si, me gusta ver la sonrisa en los míos, me gusta el feeling natural, el poder de la humildad, la sencillez, lo intangible y sensorial y sobre todo, ​me gusta, me encanta, me chifla, me ​vuelve loco… la cerveza en lata barata del Lidl, ​muy fría, ​helada y con Fito de fondo insistiéndome una y otra vez en hacer la casa por el tejado y asumiendo que como yo, ... se equivocaría otra vez.
Esto es ser rico sin un clavel, es la vida, mi vida a veces, cuando me deja la muy hija de puta. Buenos días.